Decidí postergar mi maternidad para ir detrás de mis sueños

Decidí postergar la maternidad

Desde el título te puede parecer difícil de procesar. Como mujeres, generalmente soñamos con el momento de ser madres o con el movimiento de un ser vivo en nuestro vientre; pero la verdad es que ese no es el verdadero anhelo de todas.

A los 21 años me detectaron un problema en mis ovarios –son poliquísticos- y mi útero presentaba cambios en sus células, algo que, dicho por mi primer médico, podía terminar en cáncer. Al escuchar eso, me paralicé y empecé a cuestionar todo lo que había querido en mi vida. Entonces, la duda apareció al primer instante – luego de llorar un buen rato- me pregunté: ¿Y mis hijos?

Nunca me consideré una persona de tener una familia numerosa o dedicarme a ser “exclusivamente madre”, pero cuando existe la posibilidad de no tener algo, el miedo se activa y pensé en mis opciones. Mi respuesta, luego de estabilizarme, fue: «todavía no, hagamos un tratamiento y extendamos lo más que se pueda».

Allí vi la primera cara de asombro de los cinco doctores que me han atendido a lo largo de mi vida. Para todos mi antecedente era más riesgoso con el paso de los años, pero me veían “perfectamente bien” y sin anomalías; entonces yo me decía: «Vamos bien, sigamos con el camino de cumplir los sueños y luego nos preparamos para recibir al hijo o hija que planificaste».

Visualicé lo que quería dejar en este mundo, me enfoqué en mis estudios y en buscar ascender en espacios donde casi no había mujeres; ese reto era mi sueño, buscar un crecimiento profesional donde me sintiera satisfecha.

¿Qué me pregunté?

Entiendo que cada una de nosotras es libre de decidir lo que quiere ser o hacer con su cuerpo, tenemos años luchando por esos derechos, así que si eres de las que prefiere tener un hijo en mis circunstancias, también eres valiente, pero yo y como muchas otras, queremos cumplir otras metas antes de ser mamás.

Hice lo que quería hacer, sin poner en riesgo mi salud, y sabiendo que solo era un tema de reproducción, cuando pensé en las siguientes preguntas:

  • ¿Estoy preparada? – ¿En algún momento realmente lo estamos? En esa parte, no tuve una respuesta exacta.
  • ¿Deseo una familia? – Bueno, hay muchos niños que quieren un hogar y pueden ser mis niños o yo su familia, como queramos verlo.
  • ¿Me sentiría feliz renunciando a mis estudios en ese momento para enfocarme en la maternidad?–Definitivamente no.
  • ¿Tengo un ambiente familiar adecuado para el crecimiento emocional saludable de un niño? – No, en ese entonces no tenía estabilidad en nada.
  • ¿Tendría un hijo por el hecho de tener a alguien que “me cuide” cuando sea mayor?- No creo en eso, los hijos son de la vida y ellos deben florecer a su ritmo, es egoísta de mi parte condicionar a una persona a eso, una existencia para mi cuidado.
  • ¿Lo amaría así fuera por imposición? –Sí, más que a nada en el mundo, pero también me amo y quiero realizarme en otros espacios.

Esa fue mi reflexión, en silencio hablando desde el alma, no es fácil debatir entre una planificación de vida y la que realmente tiene la vida preparada, no tenemos el control de sube y baja –al estilo montaña rusa-, pero tenemos poder de decisión y más allá del género, somos seres integrales que podemos tomar muchos caminos.

Luego de pasar esa página de la primera doctora y shock por no decidir embarazarme de una vez para tener “quien me cuidara”, me encontré con varios doctores hombres que al ver como pasaba a los 25 años, decían: «Ya estás en edad ¿Y qué esperas?

¿Estoy en edad? Esa era la pregunta con asombro que estaba en mi mente, entiendo que el reloj biológico es un tema complejo, pero hacer presión por “la edad” era algo cuestionado dentro de mi visión de vida.

Al pasar de médicos y de seguir estudiando, consiguiendo lo que deseaba que era aprender, además de ocupar cargos que me parecían imposibles a cierta edad, todo iba funcionando bien con mi reloj biológico y mi útero hacia un “guiño” a todos los que presionaron en algún momento, estaba bien.

Y pasaban los años…

Terminé todo lo que quería en la etapa de los 20, los viví entre libros y trabajo. Al llegar los 30 alguien me comentó: ¡Ya andas pasadita, vas a ser abuela de tus hijos y te verás vieja con ellos en el colegio!

Mi cara de asombro fue inevitable y solo pude decir que “algún día sería”. Entonces tendría hijos para que ellos vivieran su propia vida, porque yo ya habría vivido la mía y así tendría una madre feliz que podría enseñarles que todo se puede en la vida.

Mi historia espero que te sirva para entender que nunca te quedes con una sola opción al consultar a un médico, a veces las cosas fluyen mejor de lo que alguien espera; tomar riesgos tiene sus ventajas o puedes asumir las consecuencias, yo decidí asumirlas, pasara lo que pasara.

Ser mujer no significa únicamente reproducirse, muchas tenemos sueños alejados de la maternidad y queremos cumplirlos. Así que respira cada segundo amor propio, para aferrarte a lo que realmente deseas.

Hoy, a mis 30 años, sigo con muchos planes de cosas que me emocionan y me llenan de pasión. Busco crear, conocerme, ponerme metas más grandes y demostrarme que puedo todo. Estoy segura de que si a los 21 hubiese tomado la decisión de ser madre, podría haberlo logrado todo igual, pero yo quería mi momento conmigo, un poco de egoísmo saludable no nos cae mal en ocasiones.

A veces consideramos el egoísmo como algo malo, te enseñan a compartir todo desde pequeño, pero si te preguntas: ¿Qué te gusta hacer por ti? Ya allí, lo aplicas de una manera saludable, no afectas a nadie y piensas en ti como persona, libre de hacer sus caminos para crecer, florecer y crear tus propios escenarios.

Sea lo que sea que decidas, cuando mires 10 años hacia atrás para pensar lo que has hecho con tu vida, espero que todo haya sido por decisión y no por imposición.

 


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