El abuso espiritual: un agresor sumamente silencioso

El abuso espiritual: un agresor silencioso

Paola Campos ( @ydiosmecreomama ) se atrevió a contar esta historia: la experiencia de ser víctima y testigo de abuso espiritual en varias iglesias cristianas-evangélicas.


 

En los últimos años la palabra abuso ha tomado mucha fuerza. Muchos abusos han sido denunciados, visibilizados y rechazados por la sociedad; sin embargo, hay un tipo de abuso del cual fui víctima y conozco a muchas víctimas; pero de este se habla muy poco.

Se trata del abuso espiritual, proviene de algunas iglesias y es mucho más frecuente de lo que crees.

No estoy hablando de los casos de pederastia que, por supuesto, además de ser abuso sexual están dentro del abuso espiritual.

Hablo de un abuso sutil, pero no menos importante. No se ve a simple vista y no es claro ver que la persona está siendo abusada o manipulada, porque generalmente esta cree que está obedeciendo a lo que Dios le manda.

En su libro “El sutil poder del abuso espiritual”, David Johnson y Jeff VanVonderen, lo definen más o menos así: Puede ocurrir cuando un líder usa su posición espiritual para controlar o dominar a otra persona, pasando por encima de sus sentimientos, opiniones y consecuencias para su vida. También puede ocurrir cuando se recurre a la espiritualidad para hacer que otros vivan a la altura de un estándar espiritual o se utiliza para “probar” el “desempeño espiritual de una persona”.

Así que yo les voy a contar mi historia y lo que creo que viví y considero como abuso espiritual.

 

El inicio…

 Mi vida religiosa comenzó en el momento que me bautizaron. Desde ahí, por tradición familiar fui cristiana-católica por 18 años. A esa edad, por influencia de mi mamá, comencé a frecuentar la iglesia cristiana-evangélica donde pude conocer otro tipo de iglesia y otra forma de relacionarme con Dios.

Allí estuve ochos años.

Empecé a asistir esporádicamente y sin mucha seguridad de que ese era el lugar donde quería estar, pero sentía que allí aprendía más de ese mundo espiritual del cual tenía tanta curiosidad. Allí sentía que Dios era más real y más cercano de lo que yo conocía, y eso me atraía.

Cuando asistes a una iglesia cristiana-evangélica, desde el primer día por ser “nueva”, te reciben con mucha fraternidad y toman tus datos para estar en contacto contigo e invitarte a los diferentes eventos que hacen.

En ese momento, eso me hacía sentir incómoda, porque yo solo asistía cuando quería hacerlo, esquivando de alguna forma la presión que ellos ejercen desde el comienzo.

 

Me volví participante activa

Con el pasar del tiempo, empecé a sentirme como en casa: segura y amada. Asistía  a los diferentes eventos, encuentros, grupos de oración, reuniones para aprender de la biblia y la escuela de líderes.

En esta última, aprendes cómo funciona el interior de la iglesia y te explican cómo todo lo que piden a los fieles está basado en la palabra de Dios, que es la biblia, por lo tanto, esto es sagrado y mandamiento.

Empecé a cumplir todos estos mandamientos, leyes y obligaciones, porque sentía que esto era lo que Dios quería que yo hiciera.

Es lo que siempre te dicen, sermón tras sermón.

Siempre te dicen todo lo maravilloso que Dios tiene para darte, pero siempre hay que hacer algo para merecerlo o recibirlo. Esto no lo dicen directamente, y ahí es cuando comienza a manifestarse el abuso espiritual; la manipulación comienza a operar.

La iglesia tiene una estructura encabezada por los pastores, después siguen grupos de ancianos y luego, líderes ministeriales que tienen a su cargo otros líderes. Esto varía de iglesia en iglesia.

 


 

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Lo que todas tienen en común, son unos líderes (personas cercanas a los pastores), que ayudan a administrar la iglesia.

Entendiendo esta estructura, todos somos guiados por un líder que tiene más conocimiento espiritual y más tiempo en la iglesia.

De una forma indirecta -y a veces muy directa-, vas siendo “evaluado” por esos líderes por el cumplimiento de todas tus tareas: diezmos/ofrendas, llevar personas, servir en la iglesia (ayudar), devocional (estudio diario de la palabra) y asistencia a grupos.

Como creyente, empiezas a creer que tu relación con Dios se basa en lo bien que cumplas todas esas obligaciones.

Esto sin darte cuenta, se va volviendo una “carga invisible” que, dependiendo de la iglesia a la que asistas (fui a varias), te pesa y va ahogando tu verdadera relación con Dios y tu crecimiento espiritual.

 

Empecé a sentirme enajenada

Con el pasar del tiempo, sentí que mi vida ya no era más mía. Yo tenía que consultar mis decisiones con la iglesia y sus líderes, quienes debían “aprobarlas”.

Esto es algo que se da muy sutilmente. Ellos no te piden explicaciones directamente, lo que pasa es que se crea un grado de intimidad tan grande, que los líderes se creen con el derecho de opinar sobre lo que haces o dejas de hacer, y uno como fiel crea dependencia y siente la necesidad de consultar casi todo, porque al final ellos tienen más sabiduría y crees que lo que ellos te dicen es lo que debes hacer. 

Adicional a esto, por la cantidad de compromisos que tienes con la iglesia, tu actividad dentro de esta, se vuelve como un “trabajo” donde si tú no vas, tienes que justificarlo.

No es por nada que la gente que ve desde afuera estas congregaciones dice que “Te lavan el cerebro”.

Yo me ofendía cuando alguien me decía esto, porque fui por algunos años una creyente fiel y obediente que sentía que tenía la verdad en mis manos, y tenía que convencer a todos de esa verdad, porque los demás estaban equivocados.

Hoy lo recuerdo y puedo decir que ¡Claro que me lavaron el cerebro! Pero fue tan sutil que no lo vi.

Me tardé un tiempo en despertar y darme cuenta de lo que estaba pasando. Fue un proceso gradual de observar y estudiar todo lo que en las prédicas decían. Lo corroboraba y veía claramente cómo los mensajes tenían siempre un toque de manipulación característico del abuso espiritual

Fue muy chocante y traumático para mí darme cuenta y ver de frente lo que se movía al interior de algunas iglesias. No puedo generalizar y decir que el abuso espiritual está presente en todas, pero me atrevo a afirmar que en muchas. En unas en mayor, y otras en menor escala.

Muchas de esas prácticas las cuestioné con los líderes y simplemente, ellos me decían era que “yo era rebelde y que tenía que pensar si realmente quería agradar a Dios con mi obediencia”.

Es decir, mejor quedarme callada y decir a todo que sí… Sin cuestionar.

 

Para que entiendan un poco de lo que hablo, les doy algunos ejemplos en los que yo viví ese abuso espiritual

  • Culpa: Te hacen sentir culpable por no diezmar u ofrendar, no servir y comprometerte en la iglesia, no dedicar suficiente tiempo a las “cosas de Dios” y sí a las del “mundo”.
  • Amenaza: Te amenazan con sutileza: “Si no haces lo que Dios te manda, vendrán las consecuencias”.
  • Control: Determinan lo que debes hacer con tu vida en el ámbito económico, político (te dicen por quien votar) y personal.
  • Miedo: Los sermones son cargados de prohibiciones y consecuencias que te llenan de miedo y dudas.
  • Manipulación: El tema económico es tan insistente, que parece que Dios vende milagros y tú, entre más ofrendes y diezmes, más bendiciones vas a tener.
  • Persecución: Si te vas de la iglesia, te vuelves enemigo de esta.
  • Actúan como jueces: Señalamientos y críticas a todos aquellos que no pertenecían a la congregación/religión. Cada iglesia proclama que es la verdadera iglesia. Que ellos sí hacen bien las cosas y los demás no.
  • Doble moral: Pastores y líderes que manejaban vidas dobles. En la iglesia eran unos, pero afuera eran otros. Predicaban algo que no aplicaban en sus vidas.

 

¿Por qué pasa esto en algunas iglesias?

Esto no siempre pasa porque los líderes espirituales sean malos, aunque algunos sí lo son. Yo fui muy cercana a algunos pastores y líderes importantes en las iglesias y eran personas maravillosas que tienen un amor profundo por Dios.

Para mí, lo que está mal concebido es el sistema que opera en la iglesia: cultura de poder, sometimiento, control y manipulación.

Los seguidores se someten a este sistema porque les han enseñado que esto es lo que Dios les dice que deben hacer.

Los líderes controlan a sus fieles diciéndoles lo que tienen que hacer, y continuamente les repiten las consecuencias negativas que pueden tener en sus vidas si no lo hacen. El miedo somete.

Hay una delgada línea que separa ejercer la autoridad que el líder espiritual tiene dentro de la iglesia, con manipular y causar abuso espiritual.

Como todo es “en el nombre de Dios” y el seguidor cree ciegamente en lo que dice su líder espiritual, muchas veces no se cuestiona ni verifica lo que se dice en los sermones.

Muchas cosas, por más que estén escritas en la Biblia, están siendo manipuladas. Los seguidores piensan que al obedecer al líder, están obedeciendo a Dios.

Otro aspecto que lleva a esto es la fragilidad en la que se encuentran las personas cuando van a la iglesia.

Muchas personas van con necesidades emocionales, enfermedades y crisis, y la iglesia les da amor, atención, consuelo y apoyo. Esto por un lado es bueno, pero eso los hace vulnerables y es tanto el manejo de las emociones que se mueven dentro de las iglesias, que las personas ciegamente hacen lo que se les pide y son más vulnerables al abuso espiritual.

 

Decidí reconocer el abuso espiritual y salir

 Al ver tantas cosas que no me hacían sentir cómoda y ver que mi relación con Dios se había convertido en cumplir una lista de tareas, obligaciones y prohibiciones, me sentí asfixiada.

Me preguntaba continuamente si realmente eso que pasaba dentro de la iglesia era Dios o ellos con su sistema, distorsionaban su imagen para su propio beneficio. Esto me llevó a darme un tiempo y retirarme de la iglesia.

En ese momento, hablé con el pastor a quien le tenía un gran aprecio. Le expliqué mis razones y para mi sorpresa, recibí todo menos una muestra de amor y libre albedrío del que tanto hablan.

En esa conversación recibí muchas palabras negativas. Según el pastor, “por mi rebeldía y desobediencia, las peores cosas me iban a pasar”. Me dijo “que él veía un futuro aterrador para mí” y me hizo entender que yo estaba traicionando a Dios y a todos dentro de la iglesia.

Yo salí de ahí con el corazón roto, con miedo, dudando si lo que había hecho era lo correcto o si «el espectro del ángel de la muerte»  iba a venir sobre mí, como en algún sermón el líder de la congregación dijo que esto le pasaba a quien se iba de la iglesia.

En ese momento entendí lo que muchas personas que ya habían salido de la iglesia me habían contado, pero no creí.

No podía creer que esas personas que en algún momento me habían dado tanto amor y amistad, me estuvieran tratando de esa forma. Pasé de ser amiga a enemiga.

Después de esto tuve sentimientos encontrados: me sentía libre pero tenía miedo de haberle fallado a Dios. Salirme de allí me generó romper amistades, que hablaran de mí las peores cosas y que les prohibieran acercarse a mí.

Muchos se acercaron a mí a decirme que no creían lo que en la iglesia decían, pero otros se alejaron y nunca más me volvieron a hablar.

También mucha gente que en el pasado había salido de la iglesia, me contó su testimonio. Son muchas las personas que salen de las iglesias heridas, sintiéndose manipuladas, controladas y humilladas.

Muchos salen llenos de miedo por las consecuencias que esta decisión les puede traer a su vida.

 

“Perdí mi religión” y encontré a Dios

Pasó un buen tiempo para superar ese capítulo en mi vida. Tuve que perdonar, perdonarme, restablecer una relación saludable con Dios y romper esa imagen del Dios demandante, manipulador, controlador, señalador y castigador.

El miedo que tenía de que algo malo me pasara, desapareció y nada me pasó. Lo que sí me pasó fue que conocí a Dios sin el filtro de una iglesia. Conocí a Dios de una forma libre, sin cargas, sin una lista de tareas por cumplir, sin señalamiento ni condenas.

El tiempo me enseñó que Dios no es religión, sino relación. Mi relación con Dios es única y nadie, bajo ninguna circunstancia, puede determinar, definir o juzgar cómo me relaciono con Él, o que tan merecedora de sus bendiciones y amor soy ¡Dios es libertad y amor!

Después de esa experiencia, fui a algunas iglesias más y desafortunadamente siempre pude ver algún tipo de manipulación, abuso espiritual y control.

Nunca en la misma dimensión de lo que fue esa primera iglesia en la que participé, pero siempre vi cómo el líder espiritual, de una forma u otra, cruzaba esa delgada línea para ejercer control sobre sus fieles.

 

Si te está pasando… Date cuenta y ¡Corre!

No puedo decirte que si estás pasando por algo así, lo denuncies, porque no sé hasta qué punto sea denunciable. Lo que sí te puedo decir es que te alejes. Nada malo te va pasar.

Dios es libertad, y si en el lugar donde estás te sientes esclavo de un sistema, no estés en ese lugar. Dios va a estar contigo a donde quiera que vayas. Él nos habla a cada uno de forma personal y directo a nuestro corazón.

Podemos recibir buenos mensajes que nos ayudan y guían en el camino espiritual, pero es nuestro corazón la fuente de la verdad. Es por ahí que Dios nos confirma si lo que oímos es su voluntad. Escucha a tu corazón y estarás escuchando a Dios.

Sé que muchos me apedrearán por esta historia. No es mi deseo demonizar a este tipo de iglesias. Simplemente es poner sobre la mesa un tema que es tabú y que por la sutileza de sus actos pasa inadvertido.

Espero que así como los otros tipos de abusos se destaparon y visibilizaron, haciendo que ya no sean considerados como normales, algún día el abuso espiritual también deje de serlo.

 

 Si crees que eres o fuiste víctima de abuso espiritual, escríbeme a mi Instagram: @ydiosmecreomama

Foto por  Diana Vargas en Unsplash