Mamá: Tomarte unos días libres una vez al año ¿Hará daño?

6 de abril. Eran las 10:00 pm y faltaba un día para el concierto de Bon Jovi. Yo había viajado desde Medellín hasta Nueva York, solo para ver tocar a la banda.

A esa hora, ya me preparaba para dormir. Mi compañera de conciertos era Paula, mi cuñada, la hermana de mi esposo. Estábamos felices y ya habíamos escuchado los CD’s de Bon Jovi para refrescar las canciones viejas y aprendernos las nuevas.

De repente, llega un aviso a mi celular: “El concierto de Bon Jovi ha sido pospuesto debido a que su vocalista, el Sr. Jon Bon Jovi, sufre una terrible bronquitis. Su nueva fecha será el 13 de abril”.

¡No puede ser! ¿Bronquitis? ¡NO me jodas! ¡NO-me-jo-das! – pensé.

Salí corriendo al cuarto de Paula y le di la noticia. Ella, con cara de sufrimiento me preguntó:

  • ¿Qué quieres hacer, Mari?
  • No, Paula; no soy capaz, no soy capaz, no soy capaz ¡Yo no puedo quedarme aquí hasta el 13 de abril!
  • Entiendo que quieras irte, mira todas tus opciones.

Como una loca histérica, con la tristeza igual a haberme enterado de que el Niño Dios es mi papá y mi mamá, llamé a mi esposo para contarle.

Éste, con toda la tranquilidad que lo caracteriza, me dijo: ¡Quédate!

Llamé a mi mamá, y con toda la comprensión que la caracteriza, me dijo: ¡Quédate!

Era un 2 a 1 de ¡Quédate! Y ¡No soy capaz!

Semejante dilema… Se trataba de estar alejada de mi hija 5 días más por un puto concierto de Bon Jovi que llevaba 23 años esperando. Nada más y nada menos.

Vale decir que mi plan era quedarme durante 5 días en Nueva York, solo para ir al concierto. Me tuve que enfrentar al dilema interno de: ¿Lo hago o no lo hago? ¿Soy una mala madre por hacer esto o no? ¿Esto está bien o está mal?

¡Pero era Bon Jovi!

Y les quiero contar qué significa Bon Jovi para mí…

Tenía yo unos 12 años y vivía en Valencia, Venezuela. Formaba parte del coro de la iglesia. Como buenos católicos, ensayábamos los sábados para la misa del domingo. Mientras todos los integrantes llegaban, los guitarristas ensayaban sus talentos con canciones de Metallica, Nirvana y Bon Jovi.

Justo en ese momento, supe de Bon Jovi, de “Bad medicine” y “Runaway” y me volví una fan enamorada, me sabía todas sus canciones y compraba sus afiches; en fin era la típica adolescente, que en vez de llorar por Menudo, lloraba por Bon Jovi.

Tiempo después me enfermé de una bronconeumonía horrible y mi mamá, para darme ánimos y sin entender demasiado ese gusto por el “rock satánico y drogómano”, que según mi papá yo escuchaba, me compró el CD “These days” en Makro (jijijijij).

No pude ser más feliz.

Siguiendo con su alcahuetería, me regaló un libro de Bon Jovi, y así, fuimos alimentado esa pasión loca y adolescente. Hasta que un buen día, en 1995, la banda anunció su concierto en el estadio La Rinconada en Caracas.

-Mamá, déjame ir al concierto, te lo pido.

-No, Mari ¿estás loca? Apenas tienes 14 años. Sola no vas.

-Yo busco a alguien que me acompañe.

-Mi respuesta es NO, Maricarmen.

Muy triste, decidí irme escondida a Caracas (por supuesto que no lo hice). Nada más de pensar que tenía que enfrentarme al régimen Nazi de mi mamá, que tanto había entendido mi pasión «Bonjovinezca», aborté el procedimiento y dejé eso así.

Lo mío era infantil, era como el símbolo de que tenía una cuenta pendiente con mi juventud.

Con el tiempo, la magia adolescente del fanatismo y los nuevos intereses, me hicieron poner a dormir aquella locura por Bon Jovi.

Yo me olvidé de eso, aunque un buen día hablando con Paula, le conté que yo siempre había soñado con ver un concierto de Bon Jovi; que yo no podía morirme sin ir a ver un concierto de ellos. Ella me prometió que me avisaría si se daba un tour y acordamos que iríamos juntas.

Pues, 2017 es el año de la gira de Bon Jovi en Estados Unidos. Paula hizo el trabajo y mi hermano, de Niño Dios, nos regaló los tickets para ir al concierto. Yo estaba más que emocionada, me sentía pletórica y, sin pensarlo, planifiqué el viaje.

Pero días antes, comencé a sentir un no sé qué en el corazón. Había de todo: inquietud, angustia y culpa…

Ahora estaba en otra situación y no lo había tomado en cuenta: era esposa y mamá, y una mamá, según yo, no se separa de sus hijos para ir a ver un concierto o darse un gusto como este.

Y ¿Por qué no, Maricarmen? ¿Acaso te hicieron una lobotomía cuando te convertiste en mamá y dejaste de amar a Bon Jovi?

……..

De nuevo en el cuarto, pensaba en lo que iba a hacer. Concierto pospuesto, culpa activada, pero más allá de la culpa, era ese corazón chiquito que yo tenía por la separación, porque separarme de mi hijita tanto tiempo, es como si mi cuerpo se partiera en dos.

Pero ¿Y sin Bon Jovi muere de una sobredosis, le da un infarto o le vuelve a dar bronquitis? ¿Y si ya no puede cantar más? ¿Y si no voy? ¿Y si voy?

Todos alrededor: ¡Ve! ¡Ve! ¡Ve! ¡Ve!

Decisión tomada: me quedo una semana más, solo por ir al bendito concierto que me he soñado tanto.

Resultado: Fui a Boston, Nueva York y Pittsburgh ¡Sí! Yo también hice mi tour. Conocí y reconocí tres ciudades, fui a un museo hermoso, pude caminar sola en Target por más de media hora, sin que nadie ni nada me presionaran; fui al mall un ratico, vi partidos de beisbol, disfruté del silencio y la soledad, pude hacer cosas que no suelo hacer (y las hice con calma); dormí un poco más y comí comida chatarra (más de lo que debía). Tomé café con leche de almendras, caminé como una loca y estuve en contacto con gente que quiero.

¡Vi a Bon Jovi! Fue una vaina del tipo: comer, rezar, amar (jajajaj).

Y esto fue lo que me quedó del viaje:

  • Que eso de irse a viajar sola ¡es lo máximoooo!
  • Hay que dejar el drama. Hacer algo como esto requiere una decisión firme, con sus consecuencias y todo. Habrá emociones que sortear, pero uno no decide quedarse sola una semana más en otro lado, lejos del esposo y la hija, para sufrir, sudar, arrepentirse y justificarse. Tienes el camino del sufrimiento o el del disfrute con lo que hay.
  • Por consiguiente, asume tu vaina. Lo que uno haga al margen de la maternidad y te gusta, hay que disfrutarlo, hay que reconocerlo sin culpas, hay que seguirle los pasos con consciencia, ver cada cosa que suceda con atención, gozarlo y sentirlo; que nada se te olvide, que no haya ¡no hice esto! ¡no hice aquello! Hacerlo todo, cuando puedas y cuando quieras; en su justa medida.
  • La niña no se quedó sola, se quedó con su papá. Muchas veces, las mamás nos quejamos porque el papá no ayuda, no participa y no se involucra lo suficiente ¿Cuánto de eso que él NO hace es por culpa nuestra? ¿Por qué nos creemos imprescindibles? ¡No somos imprescindibles! Y el papá, a cargo de su hijo, es un regalo maravilloso para nosotras ¿Por qué no?
  • El qué dirán es un ruidito externo que para nada contribuye con una vida saludable. Yo siento que hay que dejar de complacer a otros, nos las pasamos complaciendo, nos las pasamos guardándonos NO’s, nos las pasamos escondiendo nuestra manera de pensar, por el miedo al rechazo, a que nos cataloguen o nos señalen por estar haciendo las cosas mal ¿mal según quién?. Ya basta de eso, y les digo, el mundo no cambiará su percepción de ti y de lo que haces, eres tú la que debes ver cómo lidias con eso para que no te afecte, porque la gente no va a cambiar jamás.
  • Yo no sé si lo que hice está bien o mal, todavía estoy buscando razones para justificarme, pero no hay ninguna: yo quería ir al concierto y punto. Es la primera vez que hago esto, lo necesitaba, necesitaba aire, respirar, recapitular y resetearme; extrañé a mi hija con una fuerza loca; pero decidí gozármelo con toda.
  • Y ya no quiero estar dando explicaciones sobre esto, porque como madres, nos las pasamos pidiendo perdón por todo: por lo que hacemos y dejamos de hacer. Señoras, esto debería ser más sencillo (porque muchas de nuestras angustias, son problemas del Primer Mundo).

Estoy en el avión rumbo a mi casa. Emocionada y con baterías recargadas; feliz de ver a mi familia y de volver a mi sitio (aunque de vez en cuando hay que salirse de él ¡Y resulta fantástico!).

Gracias a mi esposo, por ser tan maravilloso y un padre increíble; a mi mamá por siempre apoyar mis locuras, aunque no las entienda y a mi hermano por regalarme la entrada para el concierto. A veces, este tipo de sueños requieren ayudita.

Fotos: Maricarmen Cervelli.