#Más40Semanas: Octubre… ¿Y si no me gusta ser madre?

2 de octubre 

Esta fue una semana tan loca de trabajo, que no pude ni quise escribir. Lo bueno es que pasé tres días de “alimento para el alma” con mis amigas.

¡Y me enteré de que dos de ellas están embarazadas!

Literalmente lloré de emoción con las dos. Por un lado, por genuina emoción y por otro, porque yo también quiero. No puedo creer que no le estoy prestando atención a todo lo malo que me aterroriza – las noches sin dormir, dar pecho, el acto de dar a luz, que me cambie la vida y yo soy demasiado egoísta… y la lista continúa.

Te invitamos a leer: «Septiembre: esperando que llegue el momento»

Y lo único que pienso ahora en el avión es que quiero todo eso, solo por tener una «mini yo» o un «mini Nacho» para toda la vida. Pienso en todos los problemas y diferencias que tenemos, y conscientemente decido dejarlos de lado porque, de lo que SÍ estoy segura, es de que quiero que él sea el papá de mis hijos y de que quiero tener hijos. Ya compré el Clearblue (lo hablamos ayer), para ponernos a buscar más en serio.

Me da terror que esto haga que hacer el amor se convierta en un trabajo, que nos ponga demasiada presión…

Pero supongo que estar consciente de que NO quiero eso me ayudará a evitarlo. Vamos a ver cómo me va. Me tiene que venir la regla esta semana (y asumo que no estaré embarazada así lo hagamos mañana porque en teoría ya ovulé…) así que después de eso empezamos a probar. ¡Emoción totaaaaal!

6 de octubre

Ayer una de mis amigas me dijo que me recomendaba que nos hiciéramos las pruebas de fertilidad Nacho y yo – justamente por eso, por ese estar bien, por esa paz mental. Por nosotros estar bien y tranquilos. Porque si hay algo, buscamos la forma de solucionarlo. Y si no hay nada, estaremos tranquilos al respecto.

Yo honestamente no creo que tengamos problemas – pero mejor saberlo al 100% con resultados en mano- Por otra parte no quiero insistirle mucho a Nacho para no estresarlo, y para no caer en eso que NO quiero de convertir esto en un trabajo, en una obligación. Vamos a darle tiempo, pues.

15 de octubre

Mis suegros estuvieron 10 días de visita en mi casa y fue difícil. Creo que esa es la palabra que mejor resume su visita, por más que hubo una gran mayoría de momentos espectaculares, divinos y bellísimos en familia. Cuando vives lejos de tu familia (política o no), te acostumbras a ser muy tú, a no analizar demasiado cómo actúa y cómo es tu familia. Entonces en esos días de relación intensa que pasas con ellos, experimentas una especie de shock que se une a montón de incomodidades y dificultades francamente fastidiosas.

No te pierdas: «Agosto: la decisión está tomada»

En mi caso, la pregunta predominante fue: “¿Cómo van a influir en mis hijos sus abuelos paternos?” Quiero que ellos les transmitan un montón de valores que amo; pero no quiero, bajo ningún concepto, que les enseñen ciertas cosas que me causan pavor. Hoy estuve hablando con unas amigas justamente de eso, de como las complejidades de las relaciones con la familia (la política y la de uno) se trasladan a las relaciones con los hijos de una u otra forma.

Que mi mamá siempre ha sido muy controladora y perfeccionista, y qué mal que influya sobre mis hijos o que trate de controlar como los crío. O que mi suegro es un workaholic y que mal que no le preste atención ni un poquito a los nietos…. Miles de cosas así salieron en la conversa de hoy a raíz de la visita de mis suegros. ¿Pero sabes cuál fue la conclusión? No hay NADA que puedas hacer ahora que aún no tienes hijos, así que no tiene sentido preocuparse. Y una vez tengas los hijos, no puedes hacer más que dar lo mejor de ti. Con estas dos reflexiones intento dormirme.

16 de octubre

Tengo dudas, muchas dudas: ¿Es esto en verdad lo que quiero? Renunciar a mi capacidad de ser egoísta y elegir lo que quiero cuando quiero, por la posibilidad de un “amor más grande”. Y digo la posibilidad porque… ¿Y si no me enamoro de mi hijo o hija? ¿Y si no me gusta ser madre? Me gusta poder hacer lo que quiero cuando quiero. Me gusta poder ser egoísta. Me gusta poder quedarme en pijama hasta las 4 pm porque quiero, porque puedo. Me gusta poder salir a comprar una  planta (por ejemplo) porque quise, sin tener que pensar en mejor ahorrar ese dinero para comprarle X  cosa al niño. ¿Y si no me gusta ser madre? Ayer le decía a un buen amigo que me siento con ganas de dejarme a mí y mis caprichos de lado por ese “gran amor” que representa un hijo.

Un nuevo tipo de amor que jamás he sentido y añoro sentir. Ver crecer a una personita con carácter e ideas propias, con grandeza única, mejor y más grande que yo. Pero hoy me atacan los miedos y las dudas…. ¿Pero y si eso no es así? ¿Y si eso es sencillamente la forma en que lo viven los demás y a mí no me pasa eso?

Me da terror renunciar a mí misma por una posibilidad