Mi verdadero debut sexual

La estimagtización alrededor de la virginidad suele bloquear nuestra primera experiencia sexual. ¡Desprendámonos de esta creencia! Romy Elena (@soyromyelena), nos cuenta su primera experiencia y como desbloqueó su sexualidad a los 29 años.


Yo decidí escribir este artículo para las mujeres que tienen la creencia de la virginidad muy marcada, para las que no tienen tanta experiencia, para las que se creen responsables de una mala noche o no merecedoras del disfrute real de su sexualidad…

Les cuento que yo no había tenido ninguna experiencia sexual hasta hace poco, nunca había visto un video porno ni había investigado nada sobre mi cuerpo; es decir, nada de eso me llamaba la atención.

Así que perdí mi virginidad a los 29 años… o creo haberla perdido, ya da igual..

En ese, mi primer encuentro sexual, la cosa fue un verdadero desastre, ni siquiera logramos concretar nada. Yo sentía que tenía una caja fuerte y que ni el ni yo teníamos la clave; así que él se desesperó mucho porque no sabía como manejarlo. Con el tiempo, él decidió irse con otra persona y eso me hizo sentir muy mal, poca mujer, frustrada, impotente y culpable (yo le echaba la culpa a mi incapacidad de llevar cómodamente un encuentro sexual).

La relación se acabó y estuve despechada unos dos años. Me empeliculé horrible, tanto, que me daba miedo el solo hecho de pensar en una próxima relación que implicara sexo; incluso me perturbaba no saber si explicar a mi próxima pareja lo acontecido en mi experiencia anterior, puesto que ese encuentro había sido casi nulo. Por lo tanto, solía salir con chicos y cuando veía que el momento se acercaba, huía..

Muy cero kilómetro, yo no sabía como manejar el temita, entonces fui el médico y le conté con drama mi situación; pero todo estaba bien ¡solo era falta de uso!

Entonces, decidí darme una nueva oportunidad, esta vez con un chico menor que yo y cuando estábamos juntos, el encuentro me dejaba francamente decepcionada

¿Era esto el sexo que tanto me imaginaba? pues no.

Peeeero, tiempo después, empecé a entender mi cuerpo, y ese mecanismo de defensa natural para evitar el dolor, hacía que me pusiera muy tensa; entonces, empecé a tocarme y eso me permitía conocerme de verdad y sentirme más confiada.

Así que hace un año, llegó alguien especial. Vamos más allá del amor, de la conquista y lo mejor, veo la sexualidad de manera distinta, me siento segura, cómoda y ya no tengo miedo. Ese temor de ser abandonada por no ser una chica experimentada, realmente desapareció.

Todo esto que les cuento, da pie a la siguiente conclusión…

Para mí, uno de los mitos más fuerte de la sexualidad es que “la primera vez duele o debe doler”.

Muchas mujeres, por ende, llegamos a ese primer encuentro con miedo y con muchas dudas. Por lo general, no entendemos que se trata de un momento de descubrimiento absoluto y sobre todo de empoderamiento de nuestro cuerpo a través de la conexión con el cerebro.

Este es un momento que, sin duda, estamos en todo el derecho de elegir con plena responsabilidad y consciencia.

En la mayoría de las ocasiones, vamos a ese primer encuentro sin ningún tipo de información previa, ya que el sexo para algunas mujeres representa un gran tabú, ya sea por creencias familiares, religiosas o incluso personales.

Esto nos pone en desventaja, porque lo ideal sería que nosotras conociéramos nuestro cuerpo a través de la autoexploración, porque precisamente a partir de allí es como las mujeres logramos descubrir y explorar nuestros mapas de reflejos eróticos.

O sea, qué nos gusta y cómo; y en especial, qué zonas de estimulación nos permite o nos acerca al orgasmo.

De ese modo no llegamos al primer encuentro en cero (y en este grupo me incluyo), esperando que sea nuestra pareja la que nos enseñe todo lo que debemos saber sobre sexo, nuestro cuerpo y nuestros gustos.

Esta sería nuestra primera responsabilidad antes de acostarnos con alguien.

Las relaciones sexuales dolorosas dependen mucho del modo en que se practiquen, de la preparación y preámbulos que puedan potenciar la lubricación y el deseo; por eso, cada mujer tiene una experiencia distinta en su primera vez (y en el resto de sus encuentros).

En el caso de que exista un tiempo más o menos largo desde esa primera vez, la próxima penetración puede molestar, pero esto también dependerá mucho de la persona y de como transcurra la relación.

¿QUÉ PASA SI NUESTRO DEBUT LO CATALOGAMOS COMO UN VERDADERO DESASTRE?

Yo recuerdo mi experiencia y es realmente desagradable, frustrante y desesperante. Ojo, no solo pasa en el debut, también sucede en otros encuentros con otras personas.

Aunque a veces no lo entendamos, en ese momento, se activan las mismas neuronas cerebrales que, por ejemplo, funcionan cuando te vas a lanzar de un paracaídas o te vas a montar en una montaña rusa.

Entonces el cuerpo se protege, se contrae y se pone en estado de alerta contra lo que tú emocionalmente le vendes como ‘peligro’. Y, claro, hay una contracción obvia de la zona pélvica y de los músculos del suelo pélvico. La vagina, por lo tanto, se cierra, las glándulas no responden del mismo modo y no se produce la lubricación.

Te das cuenta que sencillamente no estás preparada, que es tan fuerte tu creencia sobre la virginidad o la idealización del acto sexual, que no te permites disfrutar.

Hay quienes, como yo, deciden visitar un especialista por tener la cabeza a punto de estallar de tantas cosas que leía en Internet, me sentía literalmente como un fenómeno anormal.

Sí, porque te vuelves obsesiva y entras al profundo mundo del internet para confirmar que algo no anda bien; pero debo decir que aun y cuando el especialista me indicó que todo lo que me pasaba era normal, seguía sin entender por qué mi cuerpo se comportaba como si fuera la primera vez; claro, hay que acotar que tampoco era que había tenido tantos encuentros sexuales y adicionalmente pasaba mucho tiempo entre un encuentro y otro.

Hasta que llegó un día, sí, ese día que decidí relajarme, encontré una pareja que sin presión y con paciencia logró hacerme sentir en confianza; esa persona logró entender por qué, para qué y cuándo mi cuerpo de manera sutil, creaba un mecanismo para dejarlo entrar; pero esta vez sí tenía la contraseña.

Justo ese día me di cuenta de que ambos comprendíamos y respetábamos el lenguaje de mi cuerpo, así que comencé a disfrutar.

Ya estoy tranquila, ya sé que no soy rara, ni nada me perturba… Hoy en día, si la cosa no me gusta, yo sé que no soy la única culpable ni responsable y que esto es muy importante como para desperdiciarlo.

Así que lo único que puedo decirte es siente, disfruta y acaba…

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