No sanar el abandono de un padre puede llegar a repercutir en tus relaciones de pareja

Cómo influye mi papá en mis relaciones de pareja

Yo solía ser una de esas mujeres que inquietaba a otras personas, quienes no se explicaban cómo teniendo más de 30 años y con tantas cualidades maravillosas, seguía siendo soltera.

Ya la gran mayoría de mis amigas para ese entonces estaban casadas, arrejuntadas (viviendo con alguien) o incluso divorciadas.

Pero les confieso que, hasta los 37 años, las relaciones de pareja siempre habían sido mi talón de Aquiles.

Lo que por lo general ocurría, es que conocía a un chico e incluso todo iba bien y de repente sin explicación alguna, todo se acababa.

Hoy, con casi dos años de casada y un profundo trabajo personal en esta área, puedo entender muchas cosas, que me encantaría compartir con ustedes hoy:

En primer lugar, tengo que comenzar diciéndoles que durante muchos años, de manera inconsciente había un cortocircuito entre mi patrón familiar y lo que yo quería. Por lo general, lo que sucede a nivel inconsciente es que repetimos los patrones de nuestros ancestros, y yo sin saberlo, pretendía hacer todo lo contrario.

Mi abuela, mi madre y mis tías habían tenido 3 hijos de tres padres distintos. Yo soñaba con casarme por la iglesia, pero después de una ruptura cuando tenía 29 años de edad, me dispuse a entender y analizar en una sesión psicoterapéutica, cómo había sido mi patrón familiar.

Ese día comprendí que es importante conocer nuestra historia y saber de dónde venimos, sin juzgar, honrando desde el amor y dándose permiso de hacerlo diferente. Sin duda este había sido un gran paso en mi proceso de sanación para las relaciones de pareja.

Un año después, al cumplir 30 años, justo al terminar mis estudios en Psicolingüística, decidí buscar a mi padre biológico a quien no conocía y del que nunca hablaba.

Después de reconocerlo, estaba consciente de que formaba parte de mi árbol genealógico, había comprendido mientras estudiaba que aún y cuando tuve una figura de padre que lo hizo maravilloso, existe información que queda en nuestra memoria celular, -en mi caso, referida al abandono- que influye en muchos aspectos de nuestras vida.

Sin embargo, para mí hasta ese momento, esto no guardaba relación con mi talón de Aquiles, es decir, con mis relaciones de pareja.

Hoy, con menos de dos años de casada, puedo contarles que el año pasado, cuando hacía mi certificación de PNL en la que viajé a estructuras profundas y revolví todas mis heridas del pasado -que jurabas haber sanado-, salió lo que jamás hubiese pensado: una situación totalmente sublime me hizo detonar una emoción que había estado presente en varias oportunidades en mí, pero a la que no le había prestado atención.

¡Me sentía abandonada por mi esposo! suena exagerado, loco e increíble.

Imagínense que lo único que había pasado, es que no me había ido a buscar a la hora de mi salida de clases, se había quedado sin batería, no lograba contactarlo y estaba oscureciendo.

Yo estaba en un lugar seguro, pero no dejaba de llorar y empecé a poner en práctica lo que estaba aprendiendo, así que dejé que la emoción fluyera; estaba consciente de que no era lógico lo que estaba sintiendo, pero me permití vivirla porque sabía que otras veces había tratado de salir y me había contenido.

Cuando vi a mi esposo, lo abracé llorando inconsolablemente y lo primero que recuerdo haberle dicho fue: por qué me dejaste aquí abandonada.

Él, sin comprender, no tenía palabras para consolarme, me pidió disculpas, pero estaba sumamente asombrado.

Al día siguiente, en plena clase y de una manera inexplicable, me di cuenta o hice un inside de todo lo que había pasado el día anterior. Me quedé sin palabras: lloraba, pero esta vez comprendía el todo.

Les juro que hasta ese momento no me había dado cuenta de que ese patrón de abandono me había perseguido durante muchos años y por eso, buscaba parejas que no estaban disponibles para mí o simplemente, por no estar presente, como fue el caso de mi esposo, yo revivía una y otra vez el abandono y toda aquella situación no resuelta con mi papá.

No era fácil explicar con palabras todo eso que estaba pasando en mí, pero era fabuloso entretejer una y otra cosa.

Ese día mi esposo me escribió varias veces, pues le había sorprendido muchísimo mi reacción del día anterior. Al llegar a casa lo conversamos y fue lo mejor.

Para serles honesta no sé si me expliqué bien y él lo entendió o no, pero me ayudó muchísimo hablarlo; incluso, me dijo que yo, en forma de broma, solía repetirle: “me tienes abandonada” cuando él estaba dedicado, por ejemplo, a realizar una actividad concentrado sin prestarme atención.

Así que acordamos que ni en juego, yo volvería a repetir esa frase y que él estaría atento por si el patrón del abandono volvía a presentarse. Lo mágico es que cuando haces consciente una situación, por lo general no vuelve a repetirse, eso ocurrió hace ya más de ochos meses y no he vuelto a tener esa sensación de abandono en mi vida.

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Foto: Pixabay.