Soy una pequeña gran mujer

Tengo 20 años, y quien me ve, presume que tengo 23, y quien me escucha dice que tengo un poquito más.

Total, nadie nunca acierta la edad que tengo. Eso no importa.

Pero no es para menos, si me hubiesen dicho en bachillerato que para estas fechas yo sería la mujer quien soy con tan poca edad, no dudaría en reírme con incredulidad.

Me gradué de secundaria de 18 años de edad, comencé a trabajar inmediatamente como Asistente Administrativo, me propuse estudiar en la Universidad para sacar mi carrera como Licenciada en Mercadeo, lo que traía como resultado, trabajar de día y estudiar de noche ¡Qué Divertida Juventud!

Los planes eran los mismos, levantarme a las 7:00 am y retornar a mí casa a las 11:00 pm de lunes a viernes. Sentía que era esclava de la monotonía y vejez prematura.

Prácticamente los que supuestamente debían ser ¡los mejores años de mi vida!, se estaban convirtiendo en los más difíciles. Veía en mis redes sociales como personas de mi edad publicaban cada fin de semana fotos de sus rumbas y reuniones sociales, mientras yo prefería quedarme en casa descansando, tomando energía para la nueva semana que se venía.

No pasó mucho para empezar a sentir que no era la vida que imaginaba. Sí, exactamente quería ser una persona exitosa, trabajadora e independiente, pero ponía en duda si quería hacerlo a esa edad.

A ver, sólo deseaba ser una adolescente normal, no tenía 30 años, ¡tenía 19!

Cuando menos lo pensaba, con 18 años, ya por mi segundo año laboral, me propusieron ser administradora del lugar donde trabajaba, estaba incluida en un proyecto nacional e internacional, me había ganado la confianza de mis jefes, y todo gracias a mi constancia y profesionalismo. Por tal motivo, comencé a reflexionar sobre lo afortunada que era de ser una de las pocas pequeñas grandes mujeres que se desarrollan día a día en Venezuela, y más en la situación atroz que vivimos.

Pude sentir la realidad que YO MISMA decidí vivir de una manera distinta, ya no era tan dura conmigo al decirme que no estaba viviendo, o que otros disfrutaban la vida mejor que yo.

Comprendí que estaba logrando lo que muchas quisieran lograr; tengo un trabajado estable, estoy sacando mi título de Licenciada y no dependo económicamente de mis padres (aunque aún vivo en su casa). Aún me falta lograr muchísimas cosas más, obvio que sí, pero siento que estoy bien encaminada para lograr mis metas.

Y es que, lo más importante que podemos tener en nuestra día a día, es tener bien claro lo que queremos, cómo lo queremos, cuando lo queremos y trabajar duro para ello. Eso sí, siempre y cuando sintamos que lo que hacemos, nos llena el alma y la vida.

No importa si es a los 20, a los 30 o a los 40 años, nunca es tarde para ser una mujer exitosa en cualquier ámbito de nuestras vidas.

Hazle saber a otras el potencial que tienen. Todavía hay mujeres que no se han dado cuenta de lo grandes que pueden ser.

Fotos: Unsplash.