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¿Te comunicas bien contigo misma?

comunicación

Muchas veces proyectamos en nuestro entorno los problemas de comunicación que tenemos con nosotras mismas. Y en este artículo, Lorena (@lorenarraiz) nos da las claves para lograr una buena comunicación asertiva con nosotras: honestidad, valentía y amor. Lee esta reflexión y cuéntanos qué te parece.


¿Alguna vez has sentido que la gente no te entiende? Seguramente sí y quizás la respuesta que te diste fue en torno a los demás y a su falta de comprensión o empatía.

Pero el verdadero problema es que nosotras mismas no nos entendemos. Y claro, ¿cómo nos vamos a entender si no nos aceptamos?

Voy más allá, ¿cómo nos vamos a aceptar si no nos conocemos? Entonces, lo que creemos que es un problema de comunicación con los demás, es realmente un problema de comunicación con nosotras mismas.

Hay cientos de miles de charlas sobre comunicación asertiva. Y también hay, hoy en día, demasiada información a demanda sobre el amor propio, mirar hacia adentro y vivir una vida consciente.

Pero, ¿cuál es la relación entre todos esos conceptos? Los pensamientos, la historia que nos contamos, las palabras que nos decimos y el espejo en el que nos miramos.

Allí está todo.

“No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nosotros nos decimos sobre esas cosas”, decía Epícteto.

Y ¿de qué depende esa historia que nos contamos?

De nuestros pensamientos, que a su vez están marcados por nuestras creencias que, en muchas ocasiones, son limitantes. No porque la mayoría de nuestras creencias sean limitantes, sino porque la mayoría de las veces solo le hacemos caso a esas. En cambio, aquellas que nos dicen que todo va a estar bien -o mejor: que todo está bien-, a esas no les prestamos atención.

Entonces, partiendo de que la realidad es neutra, que lo que nos perturba -o nos salva- es la historia que nos contamos y que debemos cuestionar nuestros pensamientos, hoy vengo a compartir contigo mi idea de lo que es realmente la comunicación asertiva: comunicarnos mejor con nosotras mismas.


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¿Y cómo se hace eso de comunicarte asertivamente contigo misma? Con honestidad, valentía y amor.

La honestidad

No estoy hablando de la honestidad con las personas con las que pretendemos comunicarnos, sino de la honestidad con nosotras mismas. No puede haber lo primero sin lo segundo.

Puede haber una “buena comunicación”, una falsa tranquilidad, pero no puede haber paz. Y si no hay paz, es porque no estamos siendo honestas.

Si antes de dormir piensas en otra cosa que podrías haberle respondido a tu jefe, si al colgar el teléfono lloras por no haber podido decirle aquella verdad a tu madre, si tras una discusión con tu pareja tiras la puerta de la casa y al volver haces que nada pasó por no saber afrontarlo, si tienes una angustia en el pecho y no sabes por qué… La respuesta es siempre la misma: no estás siendo honesta contigo misma y por eso no puedes serlo con las demás personas. Así, la comunicación con esas personas no fluye, porque no fluye contigo.

Y no es fácil ser honesto con uno mismo. Eso también requiere valentía y amor.

Honestidad es mirarte al espejo, reconocer tu luz y tu sombra. Saber qué te hace daño. Saber en qué has fallado y ser consciente de qué estás haciendo lo mejor que puedes con las herramientas que tienes.

Es contarte la historia tal cual es y no la que más te favorece o la que menos te favorece. Pero sin darte látigo. Sin culpas. Sin excusas.

Es poner las cosas en su lugar. Las cosas de dentro. Olvídate del mundo exterior porque es un reflejo del mundo interior. Por eso te hablo de un espejo.

Honestidad es saber quién eres en realidad, sin que eso te avergüence ni te haga pedante; te minimice ni te engrandezca o te haga sentir víctima y verdugo.

Es mirarte al espejo y hablarte sin adjetivos, sin historias. Es reconocer tu verdad, tu rabia, tu dolor, tu alegría, tu placer y tu vulnerabilidad. Es llorar, reírte, bailar; es no decir lo que los demás quieren oír, porque ¡sorpresa! Nadie te está escuchando.

Estás solo contigo. Y tu verdad es tuya, de nadie más.

Partir de allí puede ser un buen comienzo: olvídate del mundo y sé honesta contigo misma. La consecuencia es liberadora.

No porque vayas a ser plenamente feliz con quien eres, sino porque ya no habrá más mentiras frente al espejo. A partir de allí, podrás hacer y decir lo que quieras, pero con la consciencia de lo que estás haciendo y diciendo. No con un velo. No por ignorancia. No por desconocimiento, sino por decisión.

Porque tienes el poder de decidir, ¿lo sabías?

Pero no se puede tomar una buena decisión si no tienes las opciones reales sobre la mesa. Aun así, siempre puedes elegir, no lo que ocurre fuera de ti, sino lo que ocurre dentro. Recuerda, no es la realidad lo que nos hace sufrir, sino la historia que nos contamos, es decir, la comunicación que tenemos con nosotras mismas.


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La valentía

Una vez que has comenzado ese camino de honestidad contigo misma, no hay vuelta atrás.

Lo único que te queda es ser valiente.

Y la valentía pasa por tener miedo, dudar, plantearte los peores escenarios, arrepentirte y pensar que estás mejor como estás.

Y luego de contemplar todo eso, tener la certeza de que lo mejor que puedes hacer es ser valiente porque sabes que valdrá la pena. No por el resultado de fuera, sino por cómo te sentirás por dentro. Y eso también requiere de honestidad y amor.

Ser valiente es arriesgarse, pero sabiendo que no hay forma de perder. Porque ya ser valiente es la ganancia. Es atreverte a ser tú, ante todo y todos. Tú y tu verdad enfrentando el mundo, siendo una en la batalla de un mundo lleno de convenciones sociales y familiares, de autoexigencia, parámetros a seguir, moldes, redes sociales, patrones y muchas verdades.

Ser valiente es encontrar tu verdad y defenderla ante ti misma; es no ocultarte, no esconderte, no huir.

Ser valiente es labrar tu propio camino, vivir una vida consciente y elegir.

Porque recuerda: tienes el poder de elegir.

Ser valiente es defender ante otros lo que ya has tenido que defender en ese espejo de antes. Ser valiente es ser respetuosa con las ideas de otros y, sobre todo, con las tuyas.

Es poner límites sanos, incluso en esos vínculos que te han hecho sentirte dependiente, necesitada y a los que quieres pertenecer. Es seguir caminando, siempre, hacia ti misma, es decirte la verdad y luego, ella sola, se dirá a los demás.

O en otras palabras, es comunicarte contigo con honestidad, para poder después comunicarte verdaderamente con los demás.

El amor

Somos AMOR. Hablo de la energía del amor.

Imaginemos que nos ponemos frente a ese espejo y estamos llenas de rabia y dolor.

Entonces, frente a ese espejo en el que nos miramos con rabia y dolor, comenzarán a salir todos los pensamientos horribles, las palabras ofensivas, las culpas, las inseguridades y los miedos. Nos miraremos a los ojos y no nos reconoceremos. Y eso está bien. Es parte del proceso.

Pero luego de eso, al sacar todas las capas de cualquier otro sentimiento, al ser abrumadoramente honestas con nosotras mismas, lo que queda, sin lugar a dudas, -al menos esa ha sido mi experiencia y los invito a probarlo por ustedes mismos-, es el amor.

Desde el amor, no hay error posible.

Si ERES amor y te comunicas contigo amorosamente, no puedes comunicarte de otra forma con los demás.

Y no estoy hablando de poner la otra mejilla. Ni siquiera estoy hablando de justificarte a ti ni a los otros. No tiene nada que ver con eso. Estoy hablando de que, una vez que eres honesta y valiente, te haces cargo de ti, de tus pensamientos, creencias, errores, aciertos, de la historia que te cuentas, de cómo vives y cómo te relacionas contigo.

Entonces y solo entonces, todos tus vínculos, desde los más superficiales hasta los más íntimos, estarán basados en el amor y es en ese momento cuando la comunicación contigo y con los demás, no podrá ser sino asertiva. Aunque el resultado no sea el esperado.

Lo que todos buscamos es la tranquilidad de espíritu. No hay tranquilidad de espíritu si hay resistencia, miedo y lucha. Y eso es lo que tenemos diariamente con las personas con las que nos relacionamos, especialmente con los seres más cercanos, los más amados.

Pero es que no podemos tener otra cosa con ellos si es también resistencia, miedo y lucha lo que tenemos con nosotras mismas.

Suelta el resultado. Eso no es lo importante.

Lo verdaderamente valioso es poder ser tú, en libertad, con honestidad, valentía y amor.

Créetelo. Pero no porque yo te lo diga. Créetelo después de experimentarlo por ti misma. Créetelo después de vivirlo, sentirlo, llorarlo y reírlo. Créetelo después de liberarte de las expectativas y del apego al resultado.

Créetelo después de haber experimentado, en plenitud, la honestidad, la valentía y el amor.

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