¿Cómo enfrentar tus miedos?

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Todas tenemos miedos. El problema está cuando estos miedos nos superan y no nos dejan vivir. En este artículo, @anicarbrus nos habla de sus miedos y de cómo, poco a poco, los ha ido superando. ¿Cuáles son los tuyos?


Como todos los seres humanos, he sentido miedo muchas veces, pero hay dos etapas de mi vida que se han caracterizado por esta sensación, no de manera natural, sino irracional, constante y duradera.

Para personas aparentemente fuertes como yo, estas son sensaciones desconocidas y muchas veces malentendidas por aquellos que nos rodean, porque para muchos es difícil reconciliar a una mujer segura, racional y medianamente inteligente con las reacciones exageradas ante situaciones comunes.

Es quizá por eso que de ciertos miedos, poco se habla.

Una de las cosas que me da más miedo es…

La primera etapa de mi vida donde sentí un miedo constante, empezó con el nacimiento de mi hijo mayor y se agudizó cuando el segundo llegó a mi vida.

Sentía miedos profundos por casi todo lo que implicaba peligro hacia mí (así fuese mínimo), incluso, más que hacia ellos mismos,  porque me sentía y me siento vulnerable y responsable de otras vidas que amo y que quiero cuidar.

Es un miedo aterrador de no estar presente para darles la protección y el amor a esas personas que absurdamente considero las más vulnerables de mi vida.

Ese miedo me ha acompañado desde hace 11 años y todavía lo siento; pero a través del tiempo he aprendido a controlarlo para que no interfiera en mi vida de la manera en la que lo hacía antes.

Durante esa época, al menos los seis primeros años, recuerdo tener episodios de pánico mientras volaba en avión sola por motivos laborales, me daban miedo las montañas rusas de los parques de atracciones, la altura, ir en el carro mientras lloviera o velocidades medianamente rápidas.

Sin embargo me obligaba a cumplir con mis compromisos laborales, a salir con la familia, a divertirme y a manejar mi carro durante un aguacero. No significaba que no tenía miedo, solo que hacía esas cosas de todas maneras con miedo.


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Otro de mis miedos locos es…

La segunda etapa de miedo en mi vida la estoy transitando hoy de una manera completamente distinta, porque no hubo un acontecimiento claro que marcó el inicio.

Ha sido difuso, lento, progresivo y casi imperceptible.

Al leer recientemente un artículo sobre el miedo como consecuencia del Covid, me doy cuenta de que no estoy sola y que quizá muchas personas se sientan identificadas con mi experiencia.

He notado que de tanto estar encerrada, ya no quiero salir como antes; ahora desconfío de la gente que no lleva la cara tapada, ha sido tan largo el tiempo sin dar abrazos que me está dando miedo tocar a las personas que no viven en mi hogar, y de hecho, ya no sé muy bien cómo saludar a alguien sin invadir o sentirme invadida en mi espacio personal.

El miedo, durante esta época además, crece con el exceso de noticias, en su mayoría negativas (vacuna, nueva cepa, Israel, Palestina, Rusia, abusos sexuales y un largo etcétera), a las que estamos expuestas por las horas del encierro, el fácil acceso a la información y la tendencia al amarillismo en los medios.

Si no buscamos con cuidado, es difícil encontrar las realidades positivas, que además abundan, solo que no venden.

Sentí miedo al cambiar de país, hablar un idioma distinto, de mudarme y volverme a mudar y quizá pronto, mudarme otra vez; de renunciar al trabajo, de mandar al infierno a un par de personas, de publicar mis escritos, de publicar mi libro…

“Hazlo con miedo”

Pero soy del tipo de mujeres que ve el vaso lleno. Por eso, el miedo lo asumo como un motivador continuo natural y recientemente colectivo, que no me paraliza, sino todo lo contrario.

El miedo que he sentido, me demuestra que estoy viva, me sube la adrenalina y además me rejuvenece por la sensación constante de rebeldía (típica de la juventud) que me obliga a cruzar barreras personales imaginarias, haciéndome sentir realmente poderosa. 

Ahora tengo más ganas de saludar, abrazar, montarme en los aviones, hablar con gente distinta y retarme a mí misma para demostrarles a mi hijos con amor y a través de acciones,  la importancia de esa famosa frase anónima: “hazlo, y si te da miedo, hazlo con miedo”

Ahora quisieras que me contaras: ¿cuáles son tus miedos y cómo los enfrentas?

Photo by Tim Trad on Unsplash


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