El día que «salí del clóset»

Me gustaría empezar por lo más elemental: Se nace siendo homosexual. No te haces homosexual por elección, o al menos ese no es mi caso.

Yo siempre lo supe. En la escuela me sentía atraída por niñas. En cuarto grado me ilusioné con mi mejor amiga, también en sexto me pasó algo similar. Luego, ya estando en secundaría, soñaba que salía con alguna que otra chica del colegio.

Ya lo sé, para algunas mujeres resultará incómodo imaginar que pudieron haber sido una de esas niñas, con las que soñábamos lesbianas “enclosetadas” como yo. Pero ¡vamos! para ser justas: ¡Nadie puede tenerlo peor, que una persona que no puede ni siquiera decir que le gusta alguien!

Cuando eres homosexual, el silencio es uno de tus mejores aliados. Es mejor callar para evitar escándalos, desprecios, aislamiento y habladurías.

Tuve una infancia solitaria, y las cosas no fueron muy diferentes durante mi adolescencia. Era callada y me había construido un caparazón para protegerme. No me gustaba que me tocaran o saludar con besos en la mejilla, yo misma había optado por la lejanía.

Cuando entré en la universidad las cosas comenzaron a cambiar, aunque no del todo. Reconozco que durante esa etapa yo fui mi propio obstáculo. Había caído en el juego de los condicionamientos sociales.

Pero me enamoré por primera vez cuando estaba terminado la carrera. Desde ese momento supe que todo estaba bien. Me acepté, me perdoné y comencé a vivir siendo yo misma. Se lo confesé a la amiga más loca que tenía (una mezcla entre hippie y bohemia).

Sabía que no me iba a rechazar y no lo hizo. Ese día sentí cómo me quitaba un peso de encima. Luego fui diciéndolo progresivamente a otros amigos, primos y a mi hermano (quien también me confesó su homosexualidad). En ninguno de los casos fui juzgada y descubrí cuán equivocada estaba.

salir del closet

Tiempo después tuve una relación de 4 años, y aún hoy no consigo explicarme cómo pude mantenerla oculta de mis padres. ¡Debo ser muy buena jugando a las escondidas! Fuera de broma: no estaba plena teniendo vidas paralelas, pero no me sentía preparada para hablarlo.

Hasta que llegó el día: Sentí que podía ¡No tenía miedo! Estaba enamorada hasta los huesos de una chica que me daba la sensación de ser capaz de todo ¡me sentía con súper poderes! Era yo contra el mundo, era ella, estaba tan segura.

Tenía 29 años. Tuvimos una pequeña reunión familiar en la que mi hermano les leyó a mis padres una carta que yo había escrito. Lloramos, nos abrazamos y empezamos de nuevo: Nos conocimos más profundamente.

La aceptación de ellos ha sido progresiva, tal y como yo tuve que aceptarlo durante los 29 años que viví ocultándolo.

Cuando salí del clóset estaba lista para hacerlo: había reflexionado, sabía cómo actuar y actué. Pero mis padres no habían pasado por ese proceso. Es importante tener paciencia y evitar juzgarlos. Todo a su tiempo.

No existe edad perfecta para salir del clóset, existe el momento perfecto: tu momento. Estoy segura de que sabrás reconocerlo y seguir adelante. Todo va a estar bien.

Fotos: Sonia Monessati / @soniamonessati / Snapchat: soniamonessati2

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