Los kilos y eso que llaman amor propio…

Difícil, muy difícil se hace mantener una autoestima sana y enaltecida, cuando se vive en una cultura que alaba de forma irracional, enfermiza y absurda la delgadez como único patrón de salud, éxito y belleza.

Esto repercute en todas las áreas, es una constante batalla entre una sociedad enferma y un ego lastimado y golpeado. ¿A quién hacerle caso? A esas 21 horas -según recientes estudios- que un ser humano recibe de información, entre medios y publicidad, diciéndole que hay algo “malo” en él/ella o ¿A esa vocecita, frágil pero latente perennemente que nos dice que eso no está bien y que hay que revelarse?

Cuando se tiene este panorama, el tema de relaciones interpersonales, de amores pues, es aún más complicado, porque como si no bastaran todas las inseguridades que la sociedad se da a la nada amable tarea de sembrarnos, mañana, tarde y noche, tenemos el factor familia, amigos con la base de un amor bastante golpeadito…

La tenemos complicada, mis niñas.

Y con la terrible noticia que el panorama puede empeorar: la presión social de llegar a cierta edad sola y/o sin hijos, y un sinfín de elementos que por ahora me reservo, porque ya la foto se pinta bastante poco favorable.

¿Y qué hice yo?

Uso varias técnicas, si así se les puede llamar. Lo primero que hago es comprender que es el otro el que comete un gran error al juzgarme, burlarse o discriminarme.

No puede ser que algo que cause dolor, inseguridad y lágrimas sea lo que se aplauda, lo que valga; mientras que el amor, que es el poder sanador y reconciliador, sea lo malo o lo no tan bueno a destacar.  

Cuando alguien me discrimina, me veja, me desprecia y me hace sentir mal por mis kilos de más (y el que diga que no es soberano embustero), no le doy cabida en mi vida.

He sudado y llorado tannnnnnnnnto lo que soy, incluso a nivel personal, con una familia y padres que no me apoyan en nada, que me tuve que convertir en mi todo y valorarme hasta el infinito y más allá.

 ¡Vamos, que material para sentarnos a llorar tenemos!

Fácil, lo que se llama fácil no está, pero como siempre le digo a la gente cuando toca hablar del tema (porque ¡qué habilidad la de la gente de siempre sacarlo en reuniones sociales!) aquello de “mejor sola que mal acompañada” a mí me sienta de maravillas.

Apartando el hecho de que lleno un perfil como mujer bastante alto y difícil de alcanzar, lo he -sin querer- complicado con aquello que llaman amor propio ¿Y por qué? se preguntarán. Fácil, porque por el hecho de tener kilos de más, es una suerte de debilidad y desventaja, así como obligación social a aceptar tonterías, majaderías y afines a propios y extraños, y entre todas esas cosas es como mujer aguantar hombres muy por debajo de tu perfil, con vicios, poco ambiciosos y el largo etc. que la imaginación nos brinde.

A mí me produce alergia severa la desigualdad, la injusticia y en este caso no es la excepción. Como persona no puedes pedir o exigir lo que no estás dando a tu pareja, y no me refiero a la parte física, sino al resto del combo que uno está “comprando” cuando aceptas a una persona en tu vida. Para ponerlo más sencillo, la idea de una “gorda” con una carrera consolidada en el mundo de la moda y el entretenimiento de 21 años, que sabe perfectamente lo que quiere y que no tiene temor a decirte lo que no quiere, no atrae mucho.

Hay que alimentar el amor propio a diario, más aun viviendo en países de cultura tan negativas y tóxicas en relación al tema del peso y la aceptación de los cuerpos. Hacerlo como una suerte de compromiso diario con nosotros mismos llegando al maravilloso punto de que por más que tengas factores en contra entiendas que mereces lo mejor, mereces un compañero de vida que esté a tu altura y esos kilos de más por nada del mundo te los pueden quitar.

Dignidad y barbilla en alto, chicas; y que cada vez que venga un príncipe desteñido como el último que me tocó a decirme “Mírame, soy un guapo miembro del ejército” (insinuando lo “afortunada” que yo era) tú le respondas tal y como hice yo: “¿Y es que acaso tú no te fijaste en el mujerón que por tonto acabas de perder?

¡Hasta la próxima!

No dejes de ver la página web de Jennifer: bellezaxl.com

Fotos: Jennifer Barreto-Leyva