La cultura del machismo normalizado en Venezuela

machismo normalizado

En Venezuela, el machismo es algo que se encuentra afianzado en la cultura como algo normal. Es por eso que, decidimos alzar la voz y empezar una conversación abierta para detectar estas conductas que tanto daño nos hacen. En este artículo, la periodista venezolana Jhoarís Velásquez (@jhoiqueen) nos habla sobre cómo se vive el machismo normalizado en este país, de la mano de la life coach y sexóloga Ysabel Velásquez (@ysabelvel).


Escribo este texto sobre lo que pasa en Venezuela, porque soy venezolana y me produce curiosidad lo que sucede en mi país con respecto al machismo normalizado.

“Usted tiene que aguantar porque ese es su marido”, “es que los hombres son así, déjalo”, “¿cómo dejas que haga eso, si esas son cosas de mujeres?”

¿Cuántas veces hemos oído alguna frase similar a estas en nuestras vidas? de boca de nuestra madre, de nuestras abuelas, de una tía, o de alguna de nuestras solidarias amistades.

Venezuela es un país matricentrado, ¡eso sin dudarlo! Las mujeres usualmente llevan las riendas del hogar y de la familia. Por ese mismo hecho, muchos consideran a este país como un territorio libre de machismo.

¿Es realmente Venezuela un país sin machismo?

Como cualquier otro sitio en la actualidad: no, solo que en Venezuela el machismo lleva raíces tan arraigadas a nuestra cultura, tan firmes y tan “nuestras”, que se han normalizado.

A través del testimonio de tres mujeres venezolanas, quiero retratar un poco cómo se vive el “machismo normalizado y generacional” en Venezuela:

M tiene 53 años, es abogada y estuvo casada con un abogado venezolano por 13 años, tuvieron dos hijos y en su relación fue víctima de violencia física y psicológica.

Ella nos cuenta esto: “Un hombre machista, sin respeto a nuestra relación. Me descalificaba, con sus argumentos, quiso hacerme sentir que no era capaz de hacer ni decir nada inteligente. Un día me hacía sentir la reina y el otro la mopa que friega el suelo”.

Su exmarido no aceptaba que ella fuese una mujer profesional porque eso le daba independencia, tal situación la hizo hartarse al punto de tomar, la que ella considera “la mejor decisión de su vida”, que fue romper el patrón de su familia del “miedo al qué dirán” del divorcio, y decidió hacerlo.

Hoy vive tranquila y más plena.

A tiene 32 años y es psicóloga, ella reconoce que no en una, sino en dos ocasiones, ha tenido relaciones conflictivas con sus parejas por el machismo, con violencia psicológica y física.

Durante su primera relación, su pareja le hacía sentir inferior, le era infiel, la celaba, le decía como debía verse o actuar; incluso la amenazaba.

Ella define a sus parejas de ambas relaciones como “hijitos de mamá, hombres que están acostumbrados a que la madre lo haga todo”.

“Después de hacer terapia mucho tiempo no creo que lo mío fue un tema de crianza, igual fue por inexperiencia e idealización del amor. Mi padre sí fue infiel, y eso igual me hizo normalizar un poco esos comportamientos”. A recomienda como psicóloga: “Es importante que sepamos identificar lo que estas personas nos limitan en nuestra cotidianidad, allí debemos detener la situación”.


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Hoy en día ella ayuda a mujeres que han vivido situaciones similares, está felizmente casada y tiene un hijo.

H es de Caracas y tiene 33 años. Ella confió en una relación a distancia con un chico que al inicio parecía una “persona decente”.

Vivía en Italia, y en acuerdo con su pareja, decidió mudarse a España, sitio donde él residía. Para H, esta decisión fue un infierno. Durante un año tuvo que soportar que su pareja la tratara como una empleada del servicio, porque pensaba que “vivir con una mujer era ser atendido”.

“Cuando él estaba solo era independiente, una vez que me mudé a España, él pensaba que yo tenía que cocinar, lavar su ropa y limpiar, porque para eso estamos las mujeres”. Juzgaba su manera de vestir y la hacía sentir inferior.

H asegura que cuando conoció a su familia entendió por qué él era así, “ningún hombre hacía nada y ellas les servían”. H se liberó de esta relación recientemente y hoy vive feliz una nueva etapa de su vida.

Sobre la cultura de violación en Venezuela

Como venezolana he centrado este tema en la sociedad que me vio crecer (justo porque es la que he vivido en primera persona); pero esto no dista del hecho de que esta problemática la afronta Latinoamérica entera.

Una vez caminando por Caracas, un hombre metió un móvil entre mis piernas para hacer una foto de mis partes intimas y muchos me dijeron que era mi culpa por andar en falda por la ciudad. En mi primera relación soporté que, una y otra vez, mi exnovio me engañara, pero yo asumía que eso era lo normal “porque los hombres son así”, (y sí, en muchas relaciones cercanas era lo que había visto).

Lo preocupante es que Venezuela sigue educando a hombres y mujeres bajo estos mismos preceptos. Y si no cambiamos este hecho desde adentro, nuestra sociedad seguirá siendo desigual e injusta.

 

El despertar del #MeToo en Venezuela

“Es tan provocativa la idea de violarte”, “¿te dolió mucho la primera vez que te cogieron? déjame hacerlo”, “eres ancha, es fácil quitarte la virginidad”.

Este era el tipo de conversaciones que sostenía Alejandro Sojo, vocalista de la banda venezolana “Los colores” con niñas menores de edad (cuando él ya era mayor de edad).

A propósito de un nuevo lanzamiento musical que hizo la banda, J decidió denunciarlo porque este sujeto le hizo propuestas directas y sexuales vía chat y abusó sexualmente de ella.

A partir de su denuncia, más de 20 mujeres se han atrevido a contar cómo fueron acosadas y abusadas sexualmente por Alejandro Sojo, en un conjunto de actos que hasta ahora han sido “normales” para la sociedad venezolana y latinoamericana.

Las víctimas alegan que el acoso no solo era digital, Sojo las esperaba fuera de sus casas o colegios.

El vocalista emitió una disculpa a través de Instagram donde acepta su culpa y se justifica alegando que era un “muchacho ignorante e imprudente”, disculpándose con las afectadas y sus familiares.

Muchos han tildado estas disculpas como “una burla” y para las víctimas no es suficiente. Mientras tanto, en las redes sociales, muchas de las denunciantes han sido tildadas de “borrachas”, “zorras” o “perras” por parte de los defensores del cantante.

En este momento existe un gran debate en el que se está poniendo sobre la mesa la excesiva tolerancia de la sociedad venezolana frente a este tipo de actos; y Sojo no es el único implicado, sino que las denuncias involucran a otros artistas y a otras bandas.

¿Por qué tendemos a ir cortar las cabezas de las posibles víctimas, por qué normalizamos este tipo de comportamientos, por qué le restamos importancia?

En Venezuela, han educado a las mujeres para que entiendan que ser la “víctimas” en ocasiones “es normal”, porque “así son los hombres”. Si te tocan, si te son infieles, si te dicen comentarios incómodos, normalmente es culpa de las mujeres. Y una vez más, podemos ver el machismo normalizado.

Por el contrario, el hombre ha sido educado para seguir ese tipo de patrón, y si actúan distinto se les considera como “raros”.

¿Por qué la borrachera de una mujer justifica que la violen?

En Venezuela estas preguntas empiezan a salir a la luz. Es un momento para despertar y comenzar a denunciar este tipo de actos, ¡a darnos cuenta de que esto pasa y mucho!

Alejandro Sojo hoy vive en Argentina, y se pide un proceso de juicio para él, bajo el delito de estupro (Coito con persona mayor de 12 años y menor de 18, prevaliéndose de superioridad, originada por cualquier relación o situación).

Quiero terminar con esta frase de una de las víctimas de Sojo: “porque se sobrevive al abuso, pero siempre te mueres un poco por dentro”.

Vamos a tratar de entender el machismo normalizado

Para tratar este tema de manera más profunda, conversé con Ysabel Velásquez, quien es sexóloga, y actualmente vive en Caracas. Ella trata a mujeres y hombres que, en muchas ocasiones, llegan a su consulta como consecuencia de este patrón de comportamiento arraigado en nuestra cultura. Conozcamos un poco su opinión sobre este punto:

Ysabel, ¿crees que en Venezuela existe un machismo normalizado?, ¿cómo lo describirías y cómo se ha arraigado en nuestra cultura?

Sí, el machismo existe en nuestro país con características particulares.

El sociólogo venezolano Alejandro Moreno explica en su libro “La familia popular venezolana” que actitudes y conductas machistas se inculcan en el seno del hogar.

Cuando nace un varón se le cría como el hombre-hijo, tanto la madre como las hermanas gravitan en torno a él para complacerle todos sus caprichos y suplirle sus necesidades; mientras que a las hembras se les impulsa a ser la mujer-madre, al servicio de sus hermanos y con la maternidad como expresión máxima de su realización.

En esta dinámica familiar, el padre, si es que está presente, no ejerce autoridad ninguna. Madre y hermanas son las alcahuetas del varón y lo impulsan a ser el “macho” a través de numerosas conquistas amorosas, la promiscuidad sexual no es solo permitida, sino esperada e impulsada; mientras que para las hijas el objetivo es “ser decentes” y evitar las conductas sexuales que las lleven a ser etiquetadas como “fáciles”.

¿En qué puntos consideras que el machismo en Venezuela difiere de lo que se cataloga como “machismo” en otros países de Latinoamérica?

El machismo venezolano es quizás menos físico que en otros países latinos, aquí el hombre que le pega a una mujer es execrado y rechazado, aunque esto no quiere decir que no existan hombres golpeadores.

En nuestro país, por lo que he visto en consulta, la conducta infiel del hombre es la expresión de machismo más recurrente, tan normalizada que las mujeres la toleran como parte de su relación de pareja.

Otro aspecto por considerar es que, aunque la mujer venezolana sea por regla general menos sumisa y no soporte que le controlen su forma de vestir y arreglarse, cede a formas de control en las relaciones de pareja que implican un grado importante de maltrato psicoemocional, como que les revisen el teléfono o dar información de donde está.

¿Cómo afecta este machismo a hombres y mujeres en la actualidad en Venezuela?

A las mujeres les genera mucha ansiedad.

Todas hemos escuchado de nuestras madres y abuelas cosas como que debemos complacer a nuestra pareja para que no se vaya con otra; entonces comenzamos a sentirnos responsables de la conducta del hombre y nos esforzamos para ser las amas de casa perfectas, las amantes siempre dispuestas, nos machacamos en el gimnasio para tener el cuerpo perfecto, hasta nos llegamos a operar para ser amadas, y esto puede desencadenar trastornos de la conducta alimentaria, dismorfia corporal y disfunciones sexuales, entre otras cosas.

Los hombres también sufren, desde desconectarse de sus emociones, hasta copiar patrones machistas para afianzar su masculinidad; como beber alcohol en exceso, o sentir presión en el desempeño sexual –porque el macho debe satisfacerlas a todas, a la legal y a las “amiguitas”– que conduce a disfunción eréctil y eyaculación precoz.


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¿De qué hablamos cuando nos referimos a la “reproducción del machismo” en la cultura venezolana?

Es al proceso a través del cual internalizamos las creencias, actitudes y conductas machistas como algo natural. Esta se da en el seno de la familia, pero se afianza a través de los medios de comunicación y productos culturales como las telenovelas. El resultado: un machismo normalizado en nuestra sociedad.

Por ejemplo, esa idea de la mujer venezolana como echada pa´lante y que es madre y padre a la vez, aunque parece empoderadora en un principio; releva al hombre de su rol de padre, de su responsabilidad en la crianza de los hijos. Hace que la mujer se agote y también deje sus necesidades de lado; y es una idea machista, porque excusa el comportamiento irresponsable del hombre.

¿Cuál consideras ue es el cambio que debe haber para que las nuevas generaciones cambien vayan cambiando de forma paulatina estos comportamientos?

Entender que hombres y mujeres somos seres humanos con los mismos derechos y deberes; que pareja implica estar a la par, que los roles de cada uno son importantes, que se trata de ser adultos funcionales más allá de nuestro género. ¡Ah! y muy importante, que de nosotras depende criar a nuestros niños y niñas sin diferencias, para que las actitudes machistas no se sigan reproduciendo.

Y quiero cerrar con una frase de una de nuestras testigos que invita a la reflexión: “no permitamos que ningún hombre se aproveche de nuestras debilidades, ni menoscabe nuestras capacidades; somos seres extraordinarios y tenemos derecho a una vida libre de violencia y llena de amor para lograr la paz que todos merecemos, pero sobre todo con uno mismo.” M.

Ysabel Velásquez, Sexóloga – @ysabelvel

Foto: lucia on Unsplash