¿Emigrar es comenzar de cero?

Emigrar es un reto

Cuando emigras, una de las frases que más se repite es lo difícil que es “comenzar de cero”.

Escuchar algo así te puede generar mucha angustia. Comenzar de cero significa dejar atrás todo lo que soy y que tanto me ha costado construir. Todo lo que sé, todo lo que conozco, las personas con las que tengo vínculos significativos, los avances que he hecho en mi carrera o a nivel laboral.

Pero, ¿Emigrar significa en realidad comenzar de cero?

Cuando emigré pensaba que así sería mi experiencia. Siendo psicóloga lo sentía como una carrera totalmente cuesta arriba, porque gran parte de mi profesión se construye en torno a relaciones y se basa en el entendimiento de las personas. Yo entendía a los otros en mi cultura, pero ¿Entendería a personas de una cultura ajena a la mía?

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La migración te lleva a replantearte todo, incluso lo más básico: ¿Quién soy? Ese quién soy que dice cuál es tu identidad, qué es lo que te define. Entendiendo identidad como la capacidad de seguir sintiéndote tú mismo a través de los cambios, ese sentimiento de continuidad al reconocer tu cuerpo, tu historia, las representaciones de ti mismo en el tiempo, así como los roles que has desempeñado y los vínculos que has construido.

Ahora, cuando nos enfrentamos a un cambio tan grande como el que representa la migración ¿Cómo se ve alterada esa identidad? Durante un tiempo, puede ser difícil reconocerte entre tanto cambio, y toma tiempo poder reconstruir esas partes de ti mismo. Ya nunca serás el mismo, porque lo que se reconstruye es una nueva identidad, donde habrás incorporado a lo que ya eras, nuevos roles, nuevas relaciones y nuevas representaciones de ti mismo.

En este camino de reconstrucción me encontraba yo luego de mi migración. Como muchos, llegué sin la posibilidad de trabajar y tuve que buscar vías alternativas para ir abriéndome camino en este nuevo mundo. Me preguntaba con angustia, ¿Quién soy si no puedo ser psicóloga? Esa identidad profesional que pasé años construyendo, a partir de mis estudios universitarios y la actividad que desempeñaba y disfrutaba, de repente no podía ser parte de mi vida en este lugar.

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Este escenario puede ser devastador, te puede generar ansiedad, miedo, sentimientos de inseguridad, puede generarte temor pensar que eso que sientes perdido puede no volver, y puede hacer que las exigencias que tienes en la migración se sientan abrumadoras.

Sin embargo, a pesar de lo abrumador, yo hacía un esfuerzo por ocuparme, integrarme y abrirme espacios.

Busqué involucrarme en distintas actividades que me permitían sentir que trabajaba en pro de mi adaptación e integración. Implicaba un esfuerzo, porque un sentimiento tan desmoralizante como el que estamos hablando puede hacer que sientas que la tristeza se extiende, la nostalgia y la soledad crecen, y puede llevar a un aislamiento. La sensación de perder roles anteriores puede generar un rechazo por asumir nuevos roles en el lugar al que emigraste. Todos estos son peligros con los que los que emigramos nos enfrentamos.

En el camino entre varias actividades, voluntariados y demás, me fui dando cuenta de que todo lo que yo hacía siempre tenía una mirada particular. Era mi mirada, mi visión de psicóloga, que estaba ahí porque era parte de mí, además de muchas otras cosas.

Si hacía una actividad como dar una clase a un niño, no sólo daba mi clase, sino que le aportaba un extra, que provenía de algo que tenía guardado y había pensado que no podría utilizar.

A partir de ahí me pude involucrar en distintos espacios creciendo progresivamente en lo laboral, donde buscaba poder dar ese valor agregado, que era mío, no me lo pedían, pero estaba ahí y me hacía una persona y profesional más valiosa, más capaz.

Ahí fue cuando me di cuenta de que en realidad no estaba comenzando de cero.

La migración, en mi opinión, no es un comenzar de cero. Porque aquello que uno es, uno sabe y uno trae adentro, se viene con uno en la maleta; lo que sucede es que no siempre al comienzo sabemos cómo lo vamos a utilizar. Pero eso que uno tiene no se ha perdido, más bien cuando nos damos cuenta de que podemos utilizarlo viene con más fuerza y se une a todo lo nuevo que hemos aprendido con la migración, para armarnos de más recursos, más herramientas y más competencias.

La persona que emigra lucha por encontrarse a sí misma en el nuevo lugar. Reconocerse y sentirse él mismo nuevamente. Esta lucha se convierte casi en una lucha de autopreservación. Esa necesidad de buscar cierta continuidad de quién eres, activará tu creatividad y te permitirá abrirte a nuevas ideas y reconocer aspectos de ti que vendrán a ampliar quien eres.

En la migración podrás verte enriquecido en dos sentidos. 1. Cuando logras rescatar y preservar lo valioso que trajiste de tu lugar de origen y darte cuenta de que te acompaña siempre y 2. El momento en que logras integrar eso que has traído contigo, con las nueva realidad que estás construyendo en el lugar al que emigraste.

Poder separar ambos espacios, y darles un lugar en tu interior facilitará que se reduzca el temor a perderte en la migración y progresivamente te ayudará a ir asimilando todo lo que te ofrece el nuevo lugar.

Esa lucha por encontrarme a mí misma y crecer luego de la migración, ha sido parte de mi proceso y sigue siendo, porque es un proceso que avanza y no termina. Cada experiencia nueva se va hilando a lo que uno es. Después de casi 6 años me veo fortalecida, trabajando por cosas que jamás me hubiera podido imaginar, con unas representaciones de mí misma nuevas, construyendo vínculos y experiencias que me enriquecen día a día.

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Cada persona vive su migración de forma diferente.

La historia personal, las características de personalidad, las razones y circunstancias por las que se emigró, harán que el tiempo y la forma en que se viva el duelo migratorio sea particular. Como sabemos los que emigramos, no es un camino fácil y es un camino de altos y bajos.

Será fundamental que cuentes con personas que puedan apoyarte cuando lo necesites. Abre espacios para sentir las emociones propias del proceso, entender que puede haber momentos en los que te sientas triste o desanimado te ayudará a poder asumirlo sin culpabilizarte, elaborarlo y poder seguir. Reconocer y aceptar el cómo te sientes también te permitirá saber cuando es el momento de pedir ayuda.