Guía para hermanas mayores con complejos de “Mamá” (Así como yo)

¡No soy la mamá de mi hermano menor! 

Tener hermanos es lo mejor que a cualquiera le pueda pasar… o bueno, a lo mejor no; pero mi experiencia con los míos ha sido increíble.

Tengo dos hermanos hombres. El mayor tiene 23 años, luego sigo yo con 21 y el menor tiene15 años. Y quiero contarles mi situación y lo que me funcionó para dejar el complejo de mamá joven por solo tener 7 años de diferencia.

Sí, desde siempre he sido como la segunda mamá de mi hermano menor. La persona a la que él cela y confía o me hace caso si lo regaño; y además cuando yo era pequeña, yo era quien preparaba la mayoría de sus teteros o biberones.

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Me visitó hace poco (Vivimos en países diferentes) y me di cuenta de que mi actitud «materna» se me estaba saliendo de las manos, al mismo tiempo que estaba creando un ambiente tenso y poco agradable en mi casa, con él y con mi pareja.

Los primeros días fueron difíciles, porque yo sentía la necesidad de educarlo, amoldarlo a mi manera y crear en él un comportamiento, que a mi juicio, era el más adecuado.

Mi adolescencia fue muy tranquila y divertida. No era una niña mala, era obediente, aplicada en mis estudios y tan hiperactiva que todo el mundo se entretenía cuando estaba conmigo. Algo así es mi hermanito menor…

Un día conversando con mi novio, me di cuenta de que mi forma de tratarlo no era la adecuada. Estaba siendo muy ruda con sus hábitos y él solo estaba de visita en mi casa por un mes.

Ahora reconozco que en muchas situaciones me dejé llevar por el estrés.

Creo que está situación puede ser muy común entre muchas relaciones de hermanos. Es comprensible que queramos cuidarlos y colaborar en su educación y en la enseñanza de valores que le sirvan en un futuro; pero, yo tuve que analizarme.

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Mis deseos, mis planes y mi rutina también me tenían dentro de una burbuja en donde no me daba cuenta de que los hermanos también son para quererse, escucharse y ser honestos entre si.

Para regaños y castigos por comportamiento, están los papás.

Así que arreglé ese chip de mi cabeza que no estaba funcionando bien. No quería que al pasar los años, mi hermano pensara que tenemos una confianza mamá-hijo, que para nada me interesa y que me aparta de sus historias alocadas de adolescente, por el hecho que para él (y para mí también) estaba siendo una «mamá regañona».

Me funcionó conversar con el y ajustar mi estado de ánimo para ser la hermana mayor flexible  y comprensiva, que aconseja y brinda apoyo incondicional.

Mi etapa maternal en su momento llegará. Me puse en su lugar y ajusté los roles que me tocan… Además, me alegra saber que ¡No soy la mamá de mi hermano menor! más bien soy la cómplice número 1 de mis dos hermanos.

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