Maternidad, cuarentena y culpa… ¡La mezcla del mal!

Culpa, maternidad y cuarentena

Este texto está dedicado a todas las mamás que se han sentido culpables durante la cuarentena. Porque salieron a trabajar, no llegaron a tiempo a la clase virtual de su hijo, no logran el equilibrio entre el trabajo, la casa y las tareas; o solamente quieren descansar y no se pueden dar ese permiso.

Si te sientes identificada, sigue leyendo.

Me siento culpable”

Por tener hijos. Por no dedicarles el tiempo que necesitan y dejarles con otras personas y a veces tener ganas de salir corriendo y a veces darles de cenar tarde, comida precocinada. Por tener envidia de las que no los tienen.

Me siento culpable por ser como soy, y por no ser como esperaban que fuera. Porque no soy como creen. Y porque no soy como quisieran que fuera.

Me siento culpable por sentirme culpable.

Y veo mujeres sin culpa, sentirse culpables por lo mismo que yo.

 Y por lo contrario.

Y me pregunto entonces si no será, la culpa, una estrategia para que nunca estemos contentas, para que nos dejemos culpar de lo que sea, para que encontremos siempre una excusa para agachar la cabeza».

                                                                                                Irantzu Valera

 

Siempre he dicho que luego de que parimos a nuestra cría, parimos también la carga más pesada que nos imponen: LA MALDITA CULPA.

Y es que, tal cual como lo dice Irantzu, sentimos culpa porque sí, porque no, por si acaso y para no perder la costumbre.

Si ya era habitual sentir culpa en momentos de “normalidad”, imagínense ahora, en el que nos vemos obligadas (sí, estamos obligadas a estar con nuestras crías y nuestras parejas 24/7) a convivir con estas criaturas que demandan o más bien absorben toda nuestra energía y emociones, pidiendo o gritando un millón de veces: Mamá, mamá, ¡MAMAAAAAAAAÁ! como si les estuviera dando un infarto o algún alien les estuviera raptando.

via GIPHY

 

Muchas veces durante esta cuarentena, sentimos ganas de huir, de no querer compartir el minúsculo espacio físico en el que te has visto obligada a estar con tus hijxs, y casi al unísono, tu voz interna te hace sentir mala, inservible, quejumbrosa y hasta mal agradecida por no querer estar, por estar hasta el coño, ¡Sí! Hasta el coño de estas personitas que amas, pero que ya no soportas.

 


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Y entonces, en un intento de salir de tu modo mamá, entras al facetime, WhatsApp o cualquier red social, y te bombardean con las 101 manualidades Montessori o las 200 maneras de enseñar a leer, escribir y hablar 15 idiomas a tus chicxs. Obviamente te recuerdan que si no logras ninguna de esas carajadas, eres la peor madre del mundo y la más indisciplinada, porque claro, ahora tienes todo el “ TIEMPO” del mundo para hacer esto ¿Cierto?

No falta el mensajito en el que nos dan a entender que, si no agradecemos este momento y nos llenamos de amor, nos iremos a la quinta paila del infierno.

Presumen con gran facilidad, la mayoría de las personas, que una mujer madre es una persona que no necesita de otro tipo de actividades que no tengan que ver con el cuidado de lxs niñxs y las labores de la casa, y dan por hecho que nosotras debemos encontrar una importante gratificación pasando el día entero con nuestrxs hijxs, parando todo para estar con ellxs.

Lo que deseo evidenciar con esto, es que somos las mujeres las que en esta cuarentena, hemos asumido casi el 100% de las labores de cuidado, y a eso súmale las que hacemos teletrabajo.

Y te sientes mal por no sentir amor todo el tiempo por ellos y ellas, pero es que no existe ninguna relación humana en la que puedas amar a la otra persona en todo momento; lo que pasa es que se pretende que las mujeres madres amen así, y de no hacerlo, el peso de la culpa es asfixiante, ¡Sofocante!

Entonces, sentimos esa enorme desconfianza sobre nosotras mismas y nuestras habilidades, ¿Cómo es que yo no puedo, pero la del video desinfecta todo, hace desayuno, media mañana, almuerzo, media tarde y cena como si fuera una chef, ha realizado 10 manualidades, la casa está impoluta, meditó y logró que las criaturas estuvieran dormidas a las 8 de la noche?

Sentimos una inmensa presión social, a veces invisible, otras muy recalcitrantes, de ser productivas, cariñosas, cuidadosas, entregadas a esto de la maternidad, en un momento en el que sentimos miedo, ansiedad, angustia, rabia, preocupación… En el que nos sentimos encerradas sin escape.

Invalidan nuestras emociones, nos piden que no nos quejemos, que hagamos algo, -como si no hiciéramos nada-, y se nos mete esa idea en la cabeza de que somos inútiles y de que no podemos con nada.

Pero por las diosas, ¿Quién puede con tanto?

Tenemos tan interiorizada la culpa, que ni siquiera sabemos cómo ponerla fuera de nosotras. Vivimos con el mandato de “La buena madre” metido hasta el tuétano, pidiendo permiso para sentir, comer, dormir o para no hacer nada; con una ética reaccionaria del cuidado, que nos está matando lentamente, no nos deja dormir y nos quita la tranquilidad y la identidad.

Así que si tú, que me estás leyendo, te sientes identificada con esto, manda la culpa a la porra, levántate tarde si quieres, no te sientas mal por prender la televisión y ponerles a «Pepa pig» o lo que sea que les guste; haz las manualidades si lo deseas y si no lo deseas, no lo hagas; tú no le debes nada a nadie, y eres la mejor madre que tu hija o hijo pueda tener.

Llora si te sientes mal o desbordada, no tienes por qué poder con todo, eres un ser humano, no una máquina que no siente.

Y recuerda siempre, que la culpa es una de las principales armas del patriarcado para poder controlarnos.

Por una maternidad libre de culpas, con o sin coronavirus.

 


 

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