Predicando la desconexión en las redes sociales

El otro día vi en el Instagram de una mamá bloguera lo siguiente: “Nunca dejes de ver a tus hijos por mirar tu teléfono”.

Cuando leo este tipo de sentencias, se me pone mal el cuerpo, lo juro.

Pero vamos a ver… ¿nunca, nunca? Es que yo no quiero estar mirando a mis hijos todo el rato, me aburro horrible. Yo juego con ellos fundamentalmente durante el lapso preciso en el que me explican de qué va la cosa, después los acompaño y me pongo a mirar mi teléfono.

No hago más que ver videos donde una madre desnaturalizada mira absorta su Facebook mientras a su lado, un hijo desolado, juega solo…

Pues yo soy justo esa madre desnaturalizada del video. Llevo mi teléfono a todos lados, subo fotos a Instagram, escribo posts, intento mantener un blog y tengo grupos de mil cosas en el Whatsapp.

No me vengan a mí con el cuento de que los grupos son horribles, que a nadie le gustan y resulta que estamos todos ahí. Funciona como lo de ir a Mc Donalds… nadie va porque es perjudicial para la salud, pero todos están full y abren dos locales nuevos cada día.

Sin mis grupos de Whataspp, funcionaría a media máquina.

Yo que ya soy despistada natural, imagínate sin esa fuente de información infinita. No podría ni trabajar, porque tengo el del grupo de trabajo, (uno con jefe y otro sin jefe), el de las chicas del baile (porque yo bailo) que me mandan las coreografías cuando no voy.

Y más….

Tengo varios grupos de familia, los que son gigantes con unos primos que casi no conocía (hasta la llegada del grupo) y los más íntimos con mis hermanos y mis papás. Tengo el de la familia política, donde me río de los chistes de mi suegro, los entienda o no, y mando fotos de mis hijos para que vean que soy buena nuera (que de hecho soy).

Y como no, estoy en el grupo de mamás del colegio, y la verdad, este grupo da tanto de sí mismo que me lo guardo aquí para otro post. ¡Pero también lo tengo! Y uno por niño, además.

En fin que yo, que soy esa mamá que sí mira su Whatsapp, sus redes y que no se mete en Tinder porque su esposo la abandona, cree firmemente que no estamos predicando con la obra.

¿Quién le subió el cartelito a la bloguera de “Nunca dejes de ver a tus hijos por mirar tu teléfono” a Instagram? ¿Será que contrató a un Community Manager para poder pasar más tiempo con su retoño? -si es así, chapeaux, eres mi ídolo-

¿Quién hizo el videíto donde dice que perdemos la vida mirando el Facebook? ¿Quizás fue un buen samaritano que no está para nada esperando que se haga viral ni que YouTube lo llame y le diga que su video tiene tantas reproducciones que le van a pagar una montaña de dinero?

De verdad creo que hay que bajarle la intensidad al lamento que afirma que no vivimos la vida por estar pegados al teléfono. Si es que el teléfono es parte de la vida y además lo es en la medida en que lo decidas tú.

Con pocas cosas podemos darnos ese lujo.

Tú decides el tiempo que le dedicas, ¿por qué lo haces si no te gusta? o ¿por qué dices que no te gusta cuando estás ahí metido en todo!?

La opción de no usarlo es real, hay quien cree que es imposible pero doy fe porque yo me casé con ese mito.

No estar en las redes sociales es raro, pero hay casos. Mi esposo, por ejemplo, tiene cuenta de todo y jamás las ve, no le interesa nada. También están estas madres que defienden la privacidad y la protección a la imagen de sus hijos (por cierto, a esas madres, espero que no tengan nanny, porque sus niños están en Facebook seguro, ya se los digo).

Queda el Whatsapp, que no es una red social pero es la manera en que nos comunicamos hoy en día y por increíble que parezca, también puedes decidir usarlo ¡O NO!

La última conversación, vía mensaje, que tuve con mi esposo fue hace cinco días. Por llamar conversación a esto que transcribo de forma literal:

– Antes de llegar compra leche, please

– ¿Light?

– No, la normal

– Ok

Pero bueno, que no chatee conmigo no es grave, lo asombroso es cuando ves: última conexión y es de hace los mismos cinco días.

La desconexión es posible. Si de verdad crees que no está bien dedicar tiempo a esto quitándoselo a los niños, por favor, no me lo escribas en Facebook.

Si por el contrario, te relajas un poco, podrías cumplir algunas normas y te dejas llevar, te integras en una sociedad digital que: forma grupos de Whatsapp por necesidades e intereses comunes, comunica noticias por Facebook, trasmite sentimientos por Instagram y expresa pensamientos por twitter.

Es aquí donde estamos, nuestros hijos lo saben, y no es mejor mamá la que no tiene Facebook que la que pone mil fotos de sus hijos.

“¿Y tú no crees que cuando tus hijos sean mayores querrán saber por qué los expusiste sin su permiso en las redes sociales?”

Sí, y se los responderé. – Porque mientras sean pequeños, la que otorga aquí los permisos soy yo.

Y no se han preguntado, éstas del proteccionismo gráfico, si algún día su hijo quiere saber… ¿por qué todos sus amigos tienen un álbum de toda la vida en Facebook y ellos no?

Nadie sabe hacia dónde vamos, nadie sabe si lo correcto es sentarse a jugar Barbie con tu niña o leer el chat de madres para saber si ha pasado algo en el colegio.

Mi esposo no es mejor papá porque no mira el teléfono. Yo no soy peor mamá porque sí lo miro. Soy la mamá que les tocó a mis chicos y no parecen estar a disgusto (por ahora). Lo hago lo mejor que sé, sin desconectar y sobre todo sin predicar.

Después de leer esto, no dejes de echarles un ojo a tus hijos. Por lo menos para que no me dé remordimiento.

Fotos: Dime tú que no.

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