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¿Qué decirle y qué no decirle a una persona con depresión?

depresión

Hablamos con el periodista colombiano, Juan Carlos Rincón, coautor de “La depresión (no) existe”, sobre la forma más adecuada de acompañar a una persona con depresión y los errores que solemos cometer al hacerlo. Sigue leyendo.


Convivir con una persona que padece depresión no es fácil. Y muchas veces, sin darnos cuenta, solemos caer en un pozo de lugares comunes y clichés que terminan alejándola e hiriéndola mucho más.

Repetimos frases como: “pero no estés triste” o “ánimo, lo tienes todo para ser feliz” con demasiada ligereza, como si la depresión fuera una elección de quien la padece.

Así que debemos informarnos para saber cómo acompañar a esta persona de una manera responsable afectivamente, que la ayude en su proceso en vez de hundirla más.

A escala mundial, se calcula que 3,8% de la población mundial sufre de depresión diagnosticada; imagínense si contáramos a quienes no tienen diagnóstico.

Si conoces a alguien en tu familia o amigxs cercanxs que estén atravesando un proceso parecido, esta entrevista te dará las herramientas que necesitas, no solo para ayudar, sino también para reflexionar sobre esto.

Aquí hablamos con el periodista colombiano, Juan Carlos Rincón, coautor de “La depresión (no) existe”, quien nos habla de su proceso personal y de cómo podemos entender mejor a nuestros seres queridos cuando padecen una enfermedad de salud mental.

La depresión no existe
Libro: La depresión (no) existe

 

¿Qué te motivó a escribir el libro “La depresión (no) existe”?

Fue algo muy personal. Yo llevo más o menos 12 años con síntomas de depresión, pero diagnosticado llevo siete años. Cuando me diagnosticaron choqué con un montón de prejuicios que la gente suele decir y pensar como: “ay, pero eso no existe”, “eso es cuestión de actitud”, “métele positivismo y sonríe más”.

Eso me generó un montón de resentimiento, aislamiento y sentimientos encontrados, al no poder conversar sobre esto o drenarlo con alguien. Este libro surge de la necesidad de ahorrarnos conversaciones, de arrebatar el dolor de algo y devolverlo en forma de bondad.

En el libro dices una frase que nos gustó mucho: “vivimos en un mundo en el que no sabemos lidiar con la tristeza propia y ajena”. ¿Por qué crees que pasa esto, Juan Carlos?

Porque tenemos una sociedad construida en torno a ignorar la tristeza y otros sentimientos incómodos.

En los colegios no tenemos clases de educación emocional; y ojo, la educación emocional no es solamente hablar de depresión y salud mental. Es hablar, por ejemplo, de qué hacer cuando te rompen el corazón por primera vez, qué hacer cuando estás pasando por un duelo, etc. Cosas esenciales de la experiencia humana que deberíamos aprender en un espacio como el colegio.

Tenemos sociedades construidas en torno al just do it y al seguir adelante, y en el proceso no entendemos que somos seres complejos. Como no tenemos la educación ni el lenguaje para reconocerlo, no tenemos cómo enfrentarlo.

Ahora, con las redes sociales es peor, porque existe la dinámica del #bendecido, #afortunado #lifegoal. Yo entro a Instagram y a la media hora salgo deprimido, porque estamos en una sociedad construida en torno al culto, al éxito y a la imagen vacía de bienestar.

Por eso es que no sabemos cómo tener estas conversaciones, y cuando alguien nos saca de esa zona de confort decimos cosas como: “ay, pero no estés triste”, que es casi una respuesta involuntaria.

Eso, en una persona deprimida, genera muchos problemas.

Pienso en cenas donde hay gente que dice: “pero es que ahora todo el mundo está deprimido. Es una moda”. ¿Qué opinas de eso?

Lo que pasa es que ahora las personas NO tienen más depresión, sino que buscan MÁS ayuda. Hemos cambiado la manera en que hablamos de salud mental y por eso es que las nuevas generaciones son más propensas a buscar terapia y ayuda.

No es que sea una moda, sino que sigue habiendo muchos prejuicios en torno a esas ideas.

La OMS (Organización Mundial de la Salud), dice que la pandemia que estaba antes del Covid era (y es) una pandemia de ansiedad y depresión.

IMPORTANTE:

También hay una diferencia de género bien interesante, porque las mujeres son más diagnosticadas de depresión que los hombres, pero los hombres se quitan más la vida.

Esto no significa que las mujeres son biológicamente más propensas a estar deprimidas, sino que socialmente las mujeres están más cerca de los discursos que les permiten abrir sus sentimientos, mientras que los hombres tienen el estigma de que los “machitos” no lloran, que suelen terminar en violencia tanto interna como externa.

Entonces, se genera un montón de sentimientos que no sabemos manejar y que muchas veces termina muy mal.

¿Cómo sentiste tú la depresión?

Mi depresión se sintió como una rabia con silenciador.

Mi mente y mis pensamientos van a autodestruirse: “eres un idiota, eres feo, no sirves para nada”.

Por fuera estaba quieto, paralizado y pasaba horas acostado en el piso sin poder moverme; se siente mucho en el pecho a través de la ansiedad. Mucho odio interno y pasividad hacia fuera, como cuando uno tiene mucho miedo y a duras penas se puede mover.

¿Cómo podemos reconocer a una persona que está deprimida y cómo podemos ayudarla?

Esta pregunta es fundamental porque es muy difícil y la depresión es muy fácil de ocultar. Pero lo primordial es:

1) Estar pendiente de las otras personas, ver si están cambiando algún comportamiento o si llevan mucho tiempo sintiéndose tristes o alejándose de algunos espacios.

2) Preguntar constantemente “cómo estás”, “cómo te sientes”, no buscando signos de depresión, sino para interiorizar que está bien chequear cómo están las personas que tú quieres y asegurarles que tú eres un espacio seguro.

3) No intentes arreglarle la vida a la otra persona ni sermonearle, posiciónate como una persona que escucha. Muchas veces lo que necesitamos es el espacio de la escucha.

Un imperativo moral que tenemos todos los seres humanos es convertirnos en esos espacios seguros para las personas que nos rodean. Dicho esto, puede que tú hagas todo esto y a lo mejor la persona no te quiere contar y sé que es difícil, pero nos toca dejar de lado ese complejo de salvador, porque tampoco podemos forzar las cosas.

DEJA DE LADO:

Los “ay, no estés triste” “hay gente peor que tú”… Porque aunque no queramos, lo que estamos haciendo es causar daño, porque la persona deprimida buscará echarse la culpa a sí misma, no te querrá contar más nada, se va a aislar y va a sentirse sola.

Una respuesta que puede parecer inocente, termina condenando a muchas personas a sufrir en silencio. Al hacer eso estamos censurando ese dolor que nos lleva a muchas decisiones desacertadas.

¿Qué frase le podemos decir a alguien para que sepa que somos un entorno seguro?

Yo aplico algo que llamo empatía radical, que es ir mucho más allá de la empatía.

Entender a las personas mucho más de lo que podemos entender, partir de esa empatía, de que no podemos entender la depresión, ni ninguna de esas enfermedades mentales, que no podemos dar soluciones mágicas y dejar de lado la mentalidad de que la felicidad es cuestión de actitud.

Abandonar todo eso es el primer paso.

Puedes decir:

1) “¿Quieres contarme lo que sientes?” Esto parece muy sencillo pero es muy bueno, porque valida a esa persona: “si me quieres contar, adelante; si no me quieres contar, también”.

2) Otra frase poderosísima es: “tienes que saber que lo que sientes no es tu culpa”. Es decir, validar los sentimientos de la otra persona y hacerle saber que es una persona valiosa, así tu mente te diga lo contrario.

3) “¿Quieres que te acompañe a buscar terapia?” y ahí le demuestras a la persona que están juntxs en esto. “No puedo entender lo que sientes, pero lo reconozco y te acompaño a sentirlo”, es otra frase.

En resumen, todas estas frases demuestran algo: que no estás solo, que vamos a caminar juntxs. Creo que estos mensajes que son tan sencillos, hacen que la persona deprimida se deje acompañar.

RECUERDA:

Hay depresiones que se curan y otras que se llegan a sobrellevar, el proceso es el mismo.

Yo he aprendido a ser más bondadoso conmigo mismo, tener paciencia, dejar que estos sentimientos negativos fluyan por mi cuerpo y sentirlos, meditar, tomar mi medicamento e ir a terapia una vez a la semana. Además, tengo una red de apoyo a la cual les escribo cuando me estoy sintiendo mal.

Es un acto político no dar falsas esperanzas, por eso mi libro es realista; a veces, el tipo de alivio que podemos aspirar es un alivio de resistencia.

Yo no le digo a la gente que todo va a estar bien, sino que es algo que aprenderemos a sobrellevar. En esa resistencia uno puede crear un montón de magia, conectarnos con la vida y sí que merecemos ese alivio, aunque nuestra mente nos diga lo contrario.


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