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Reyes Calderón: “mi consejo es que luego de escuchar a todo el mundo, hagas lo que te dé la gana.”

reyes calderón

En esta entrevista, la autora española, Reyes Calderón, nos habla de su nueva novela “El juego de los crímenes perfectos”, así como de su proceso de escritura y publicación. ¡No te la puedes perder!


El juego de los crímenes perfectos (Planeta, 2022), es el trabajo más reciente de la escritora española Reyes Calderón (España, 1961), quien aprovechó el parón de la pandemia para escribir… ¡y de qué manera!

Un ataúd que nadie reclama en la morgue del Palacio de Hierro de Madrid es el punto de inicio de esta historia criminal, llena de contrastes, en la que la autora juega con la cabeza del lector hasta llevarla al límite.

A propósito del lanzamiento de El juego de los crímenes perfectos, tuve el gustazo de tomarme un café con la autora y hablar sobre su libro, la pandemia, su amor por la escritura y muchas cosas más.


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¿Existe el crimen perfecto?

Yo creo que sí. Si entendemos por crimen perfecto aquellos en los que no se ha hecho justicia, entonces sí.

¿Cómo llegó la inspiración para escribir sobre esto?

Es verdad que el momento parecía que era poco propicio para hacer una novela. Mis editoras me dijeron, pero, ¿cómo se te ocurre?; y yo les dije, “lean y luego hablamos”.

Luego de leerlo, me entendieron.

En realidad a mí me poseyó esta historia cuando leí la circular que prohibía hacer autopsias durante el período de pandemia. Está claro que si la gente se está muriendo por Covid y no se pueden hacer autopsias, es el momento perfecto para que el que quiera matar a alguien lo aproveche y, claro, mi mente criminal pensó en escribir sobre esto.

El otro momento fue ver el Palacio de Hielo de Madrid lleno de ataúdes.

Para mí fue tal el shock, que quise utilizarlo al revés. Lo que pensé fue “¿cuándo volveremos a ver el palacio de hielo blanco de nuevo?”. Lo que hice fue darle esa imagen, solo queda un ataúd y estamos a punto de terminar, el resto de lo que vemos ya es blanco.


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El libro está plagado de personajes interesantísimos, ¿cómo fue el proceso de documentación para su creación?

La verdad es que (con la pandemia) había mucha documentación médica y me resultó fácil.

También, estoy casada con un médico y tengo dos hijos médicos, que no había podido ver en tres meses de pandemia y fue muy duro, pero pude captar en primera persona esa tensión y dolor.

Mi hija empezó la residencia justo con la pandemia y me llamaba por teléfono llorando para contarme toda la crisis. He podido palpar el dolor a través de ella y sus experiencias.

Me llama la atención el uso del humor, ¿cómo fue emplear el humor en una novela con estas características?

Mis editoras se cuestionaron el humor de la novela. Yo creo que el humor es una válvula de escape que tenemos cuando las cosas se ponen muy feas. He aprendido tarde a reírme de mí misma, pero es una salida fantástica para sobrellevar todo esto.

Cuando eres un juez penal, como Calvo (pensonaje del libro), tienes que enfrentarte con cosas duras todos los días, y a veces, después de encontrar un cadáver pues lo que te sale es ese humor nervioso. No es ácido, es un humor malo, chistes fáciles. Pero creo que eso les da humanidad a los personajes, al igual que le da profundidad y ambiente a la novela.

La novela está llena de detalles, ¿qué tan importante son los detalles al escribir una novela?

Mi forma de escribir es muy circular, creo que no daría gato por libre al lector si fuera recto. A mí lo que me dice algo es la condición humana y la condición humana es redonda y compleja, por eso hay que darle muchos detalles.

Tampoco hay que abusar de este recurso, pero yo creo que los detalles ayudan a que entendamos que estamos hablando de personas. Quizás las mujeres seamos especialmente detallistas, o también dicen que “antes de juzgar miremos mucho”, puede que sea eso. Y yo sí que soy muy minuciosa.

Esos detalles para mí, hacen mejores las novelas.

¿Es cierto que tienes dos novelas en lista de espera?, ¿cómo lo logras?

 Sí, porque para mí es una necesidad escribir. No escribo al ritmo del mercado, sino que escribo sobre lo que me apetece en ese momento, por eso hay cosas que por prudencia no se pueden publicar, o hay cosas que me han pedido que por favor no las publique, porque tienen que ver con un ambiente más personal y me piden que me espere un poco antes de publicarlas.

Yo no necesito publicar, necesito escribir. Y por eso publico a otro ritmo.

Hace un rato me dijiste: “no me importa cómo escribo sino para quién escribo”, ¿para quién escribes?

Escribo para alguien a quien le voy a arrancar una sonrisa, a alguien que va a prestar mi libro cuando termine de leerlo. Los libros se regalan, pero solo se prestan los que realmente te gustan.

Al terminar una novela, siempre hay que pasar una poda pensando en el lector.

A la hora de escribir no hago marketing ni escojo un público específico a quien escribirle. La verdad es que tengo lectores de 14 y de 80. Hombres y mujeres. Pero no tengo esa segmentación.

¿Qué le dirías a aquellas mujeres que dicen que ya se les pasó el tren para publicar y/o escribir?

Yo he escrito siempre. Gané mi primer premio literario a los 13 años, bajo la condición de hacer un curso de ortografía (sí, confundía la b y la v y a veces esribía con h y otras veces sin).

También me dediqué a una profesión más técnica, y siempre escuché que no se podían mezclar cosas técnicas con la escritura. Hasta que un día yo dije, “pero, ¿por qué no?”.

Tengo guardadas las cartas de todas las editoriales que me rechazaron, pero mientras más recibía, más ganas tenía de seguir escribiendo. Nadie te puede decir que no, te tiene que decir cómo.

Si no puedes ir de frente, tendrás que ir de lado. Pero nadie te puede decir que no a una cosa que quiere tu alma.

Mi consejo es que luego de escuchar a todo el mundo, hagas lo que te dé la gana.

Alguien que vive un arte y que siente un arte, no se deje convencer de que no lo haga.

Ábrete un blog, un Twitter, encuentra un público y autoedita tu libro.

No achiques tus sueños.

A veces, nuestra peor enemiga somos nosotras mismas. A esta voz autocrítica la llamamos “La cabrona”, ¿cómo es tu relación con ella?

Primero la tienes que conocer, tienen que ser buenas amigas. Si no la escuchas y no sabes que está ahí, es peor.

Yo me he puesto en mi perfil de WhatsApp: “¿Y por qué no?”, porque quién es el que se cree dueño del mundo para decirme que no puedo hacer las cosas.

¿Tienes una rutina para escribir?

Digamos que tengo un orden dentro del caos. Mi cuarto es un caos y no permito que nadie me lo ordene, pero sí que tengo una rutina en el sentido que hay muchos retazos del tiempo perdidos en el día y yo tengo un sistema para aprovecharlos.

Tengo carpetas, a veces físicas y a veces mentales, para hacer en estos espacios de tiempo. Cosas para leer, escribir, corregir o pensar. Si llego un poco tarde, yo abro mi bolso, tengo mi cuaderno para aprovechar este plazo de tiempo, sean 10 minutos, o 20.

¿Cómo lidias con el bloqueo?

Normalmente no tengo bloqueo. Pero me ayuda pintar y la gimnasia. Con la gimnasia, me pongo en el suelo de mi habitación y hago un poco de nada, algunos abdominales y ejercicios para que la cabeza esté en otro lado y luego me siento.

¿Qué viene ahora?

Pues, lo siguiente.


¿Te gusta El tiempo entre costuras? Hablamos con María Dueñas, su autora, y conversamos sobre  escritura. ¡No te lo pierdas!