Sin amor propio, no seremos capaces de amar a otros

Creo firmemente en que el verdadero amor nace de uno mismo. La honestidad, la pasión y la entrega que nos tenemos a nosotras es el punto de partida de los otros amores, de allí nacen como vertientes el amor a los padres, a los hijos, a la pareja, a los amigos, al trabajo y a la vida.

Parece fácil y es algo dicho tantas veces que es lógico tenerlo claro, y sí, se puede tener claro. Conozco quienes dicen, por ejemplo, “yo me quiero a mi misma” “¡mi amor propio es lo más importante!” “¡primero yo y luego todo lo demás!” pero son palabras repetidas como lecciones, que la gente conoce y asume sin sentirlas, sin comprenderlas y hacerlas parte de su verdad.

Sin embargo, lo que si sienten esas personas es ganas de encontrar el amor en otros, un amor bonito y real, a prueba de balas y a prueba del tiempo. El amor de pareja ideal.

Entonces, el cuento corto es este: decimos que nos amamos a nosotras mismas, buscamos el amor, un día damos por hecho que por fin lo encontramos, pasa un tiempo y sentimos que ese no es, y el ciclo vuelve a empezar una y otra vez, hasta que ocurre una revisión a fondo del proceso para saber qué parte de nosotras está fallando.

Ahí comenzamos a preguntarnos si es que no buscamos bien, si nos conformamos con el primero que encontramos o por el contrario, buscamos demasiado y somos muy exigentes. Luego nos cuestionamos si nos ilusionamos muy pronto o si desistimos muy rápido y no luchamos lo suficiente. En definitiva, le damos mil vueltas al amor del otro y hacia el otro, pero el amor propio, que ya asumimos que tenemos porque sí, nunca lo cuestionamos, nunca indagamos en él, nunca lo dejamos completamente desnudo.

Y es preciso hacerlo, porque él es el inicio de todo, la raíz. Si él es sano, fuerte y verdadero, todos los demás amores de una u otra manera también lo serán.

No es tan fácil como se dice

¿Por qué es tan difícil querernos a nosotras de verdad y en cambio es «más fácil» querer a los demás? Nos enseñaron a dar, a servir y a guiar, y aprendimos a proyectarnos antes que nada en los demás, pero pocas veces nos enseñaron a darnos, servirnos, guiarnos y proyectar nuestras metas, necesidades y carencias en la única persona que estará siempre ahí contigo: tú misma.

Lo bueno de todo este asunto es que nunca será tarde para aprender a querernos y que una vez lo empezamos a hacer, ya no hay marcha atrás. No es tarea sencilla ¡cuesta y mucho!

No hay un manual de “Qué hacer para tener amor propio”, porque así como hay diversas maneras de amar a otros, también hay distintas formas de quererse una misma, pero hay dos acciones concretas que al ponerlas en práctica, no sólo me funcionaron para empezar a sentir ese amor del que hablo, sino que funcionan para que empiecen a sentirlo todas, sin importar el nivel social, color de la piel o religión:

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  • Tener tiempo con nosotras mismas, que no es lo mismo que tiempo a solas. El tiempo a solas puede ser usado para pensar en la importante reunión de trabajo que tienes mañana, por ejemplo; en cambio en el tiempo contigo misma haces lo que te gusta pero también meditas sobre lo que no te hace bien, es tiempo para hablarte sobre tus miedos y expectativas, tus deseos y desapegos y descubrir, con honestidad, cómo te hacen sentir, a ti y solo a ti.

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  • Entender y meditar sobre lo que quieres, que suele confundirse con lo que necesitas. Puedes necesitar muchas cosas: una casa, un esposo, una carrera, mucho dinero o unos jeans nuevos; pero lo que quieres verdaderamente viene del alma, es ese anhelo que parece satisfecho momentáneamente cuando crees que lo encontraste en algo o alguien externo, pero que solo te llena plenamente y perdura en el tiempo, el día en que por fin lo encuentras en el único lugar donde va a estar siempre, dentro de ti. No es simple, lo que quieres de verdad puede mantenerse intacto a través de los años o cambiar a la par de tu crecimiento, pero solo al tenerlo claro, te reconoces, te das valor y afianzas ese amor propio ayudando a que todo lo de afuera sintonice también con él.

Amarnos a nosotras mismas es perdonarnos los desaciertos ¡porque somos bellas pero no perfectas!

Debemos tolerarnos, no juzgarnos los días grises, no avergonzarnos, darnos la oportunidad de comenzar siempre, no apagar nuestra propia luz y no sabotearnos la risa sincera.

Solo así y no de otra manera, el amor bonito de pareja, ese amor que es ideal para ti, no precisamente tendrás que buscarlo, porque éste te encontrará a ti.

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Fotos: Pixabay.