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Rut Nieves: “¿Cómo voy a esperar que los demás me vean, si yo no me veo a mí misma?”

Rut Nieves Recupera tu poder

¿Qué hacemos con todas las creencias limitantes que sabotean nuestras vidas?, ¿cómo nos damos cuenta de que las tenemos?, ¿eliminar estas creencias nos permitirá conectar con nuestro poder interior?

La autora española, Rut Nieves, respondió a estas preguntas y también nos explicó en el Instalive de Asuntos de Mujeres cómo podemos recuperar nuestro poder.

Puedes ver el Instalive aquí:

 
 
 
 
 
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Una publicación compartida de Asuntos de Mujeres (@asuntosdemujeres)

Su último libro “Recupera tu poder” nos da el empujón que necesitamos para conocernos mejor, eliminar las creencias que ya no nos sirven y nos bloquean, reconectar con nuestra fuerza interior y hacer nuestros sueños realidad.

Rut Nieves, a quien entrevistamos en el Pódcast de Asuntos de Mujeres, es una escritora maravillosa con una familia de libros best seller, entre los que se cuentan la trilogía “Cree en ti”, “Haz tus sueños realidad” y “Recupera tu poder”.

La conversación con Rut fue tan amena y reveladora, que te encantará lo que vas a leer a continuación.

¡Disfruta!

“Recupera tu poder”, el nuevo libro de Rut Nieves.

Has tenido mucho movimiento con tu último libro “Recupera tu poder”, ¿qué tal ha sido esta aventura?

Sí, pues el libro salió el 31 de agosto en España y he estado presentándolo.

Es un libro que nos ayuda a recordar cuáles son nuestros derechos y nuestros poderes. Esto, ya de entrada, a la gente le sorprende porque normalmente nos hablan de nuestros deberes y obligaciones, peor no de nuestros derechos.

Precisamente este es un libro que viene a recordarnos que somos libres y que el poder está dentro de nosotros. Tenemos derechos de nacimiento y en qué consiste nuestro poder y cómo podemos usarlo.

Es el quinto de mis libros, que para mí los abraza a todos; entonces, cierra el círculo porque habla de cosas nuevas y también profundiza en algunos temas que ya había tocado en otros libros.

Pero en este voy como hasta la raíz. Nos ayuda a tomar conciencia de que aquello que nos limita no está fuera de nosotros, está adentro. Son esas ideas y creencias que hemos adquirido de forma inconsciente del sistema, de la cultura y de la familia de la que hemos nacido.

A medida que lees el libro, vas tomando conciencia de esos condicionamientos para poder liberarlos. Solamente con leerlo la mente ya hace clic y dice “claro, es que esto no, esto que me han dicho no es real” y cuando nos damos cuenta de eso, entonces automáticamente la mente lo suelta.

Además, nos da muchas herramientas para liberarnos emocionalmente y para poner ordenar nuestra vida.

Uno de los mayores problemas que tenemos, las mujeres en particular, es que tendemos a cargar con responsabilidades ajenas que no nos corresponden. Por eso nos sentimos tan frustradas e impotentes, porque sentimos que no podemos con todo. La razón es que, a veces, no podemos con nuestra vida, porque estamos cargando con la vida de otras personas, con la felicidad a otras personas.

En tu libro, uno de los temas principales es las creencias limitantes, ¿nos puedes dar ejemplos de creencias limitantes?

Por ejemplo, creencias limitantes que nos hacen cargar con la culpa. “No está bien que una mujer haga esto, está mal que una mujer haga aquello”.

Nosotras también nos autolimitamos sin darnos cuenta, sobre todo, con el tema del placer y el éxito profesional.

Está la creencia de que tenemos que tener un cuerpo perfecto para que nos amen. Tenemos que estar siempre sonrientes, siempre serviciales y ser sumisas. No podemos decir lo que pensamos, porque si lo decimos, ya no gustamos.

Hay muchas creencias que limitan nuestra forma de ser libremente, de hacer lo que nos hace felices, de pensar en nosotras.

Una de las frases que más escuchamos cuando somos niñas es “deja de pensar en ti y empieza a pensar en los demás”. Pero, ¡es que si no pensamos en nosotras, nos abandonamos!, y al pensar en los demás estamos invadiendo también el espacio de los otros.

No nos damos cuenta de que con eso nos inculcan la sobreprotección y al sobreproteger a los demás también estamos poniéndonos por encima de ellos.

Al ocuparnos de las cosas de los demás, abandonamos nuestra vida y no permitimos que los demás desarrollen su capacidad. Al final eso nos hace daño a todas.

Ponernos de primer lugar nos hace sentir sumamente culpables. ¿Cómo salimos de ahí?

Tomando consciencia de que tenemos derecho a ponernos en primer lugar, porque si ponemos a los demás primero, nos convertimos en dependientes emocionales, que es una esclavitud, porque nos hace abandonarnos a nosotras mismas.

A mí me ayudó mucho Borja Villaseca, que habla del egoísmo consciente. Me gustó mucho este término porque, realmente ser egoísta al extremo es tan dañino como si pensamos solamente en los demás.

Tenemos que encontrar el equilibrio entre el egoísmo consciente y el estar atentos a los demás. Si yo no me atiendo, voy a esperar que los demás me atiendan; entonces es ahí es cuando aparece el mal humor y la rabia.

Creo que a todas nos ha pasado cuando, por ejemplo, le reclamamos al marido, “que ni siquiera te diste cuenta de que me corté el pelo”… A lo mejor la que no se está volteando a mirar es una misma.

Cada vez que me quejaba de que el hombre no me veía, yo no me estaba viendo.

Hasta que un día me compré un espejo y lo puse en mi mesita de trabajo para empezar a hacer yo la primera en reconocerme y tenerme en cuenta a mí y dejar de buscar la aprobación ajena. 

¿Cómo voy a esperar que los demás me vean, si yo no me veo? De hecho hay un capítulo en el libro que se llama “Reconócete a ti mismo” y aparece una niña mirándose al espejo. Mirarnos al espejo nos ayuda a ver también cómo nos sentimos, igual que cuando miramos a alguien, su expresión ya nos da información.

La idea es que nos podamos reconectar con nosotras mismas, con nuestro cuerpo, intuición e instinto. ¿Cuáles son las señales de desconexión que podemos encontrar como alertas?

Una señal, por ejemplo, es cuando de repente no nos damos cuenta de que el cuerpo ya nos estaba avisando. Otra es cuando no tenemos claridad de cómo nos sentimos. También sentirnos inseguras.

Yo cuento en este libro que yo antes me sentía insegura como mujer y para mí el éxito profesional es algo que siempre me ha abierto el camino a poder conectar con mi seguridad como mujer. Me digo “Si logré esto, también puedo lograr lo otro”.

¡Te invitamos a ver el pódcast que hicimos con Rut Nieves!

Las mujeres tendemos a reprimir la rabia y la frustración porque nos dijeron que estaba mal expresarlas, que estaba mal patalear, que no teníamos que enfadarnos, y entonces toda esa rabia que hemos ido acumulando y que no hemos expresado está, principalmente en nuestros brazos y en nuestro abdomen.

A mí antes me costaba mucho hacer flexiones y abdominales porque estaba completamente desconectada de las partes de mi cuerpo donde guardaba la rabia.

Cuando me permití empezar a conectar con mi rabia, cuando dije “venga, el primer paso es permitirme reconocerla, sentirla y aceptarla”, le di ese permiso a mi cuerpo.

Un día, leyendo un libro me causó mucha rabia, salió de mí una fuerza que nunca había conocido. ¿Ahora qué hago yo con esta fuerza? A la 1 de la mañana me puse a hacer flexiones, pesas y abdominales; de repente tenía fuerza porque había aceptado la rabia y después de estar dos horas haciendo ejercicio me relajé, me calmé.

Al día siguiente me desperté y empecé a sentirme segura como mujer.

Debemos aceptar el lugar que ocupan las emociones que reprimimos en nuestro cuerpo. Para conectar con nuestra fuerza y seguridad, tenemos que aceptar nuestro lado animal, nuestro lado sexual, nuestro derecho al placer, a enfadarnos, a sentir rabia y a expresarla, sin hacerle daño a nadie ni hacernos daño a nosotras.

En la medida en que yo me permití sentir, expresar y sacar eso, empecé a conectar con mi fuerza. Necesitamos el cuerpo, pero claro, tenemos que aceptar las emociones que hay en él.

¿Por qué tan importante es el autoconocimiento?

Necesitamos un espacio para conocernos, darnos un espacio para nosotras, respirar y sentir. Llega un momento en el que te preguntas: ¿qué es lo que necesito?, ¿qué quiero?

Eso también genera mucha frustración y desánimo.

Si no nos permitimos sentir lo que necesitamos sentir, nos desconectamos de nuestras emociones y de nuestro cuerpo. Sentir y respirar nos permite escuchar nuestras emociones, que nos dan información; si las rechazamos no nos vamos a dar cuenta.

Mientras escribía este libro me di cuenta de que la envidia me informaba de cuando alguien estaba haciendo algo que yo quería y yo no me estaba permitiendo. Cuando me di cuenta de que la envidia bien usada era tan útil, le di las gracias.

Ahí empezamos a conectarnos con nuestra pasión y cuando estamos conectadas con nuestra pasión, nos da mucha fuerza, vitalidad, la vida en su máximo esplendor es eso que nos empuja.

No sé qué piensas tú, pero creo que nosotras saboteamos nuestros sueños, acciones, metas…

Sí, porque a veces creemos que no tenemos derecho, y que si lo hacemos estamos siendo egoístas, no estamos pensando en los demás. Otro de los puntos que toco en el libro, es una cosa que a mí también me pasó, y es que yo me creía responsable de los sentimientos de las personas que quiero, me daba miedo preocuparlos o disgustarlos, cuando en realidad, de lo que no me había dado cuenta es de que tengo derecho a hacer lo que me hace feliz, sabiendo que habrá personas a las que no les gusten mis decisiones. Si yo dejo de hacer algo para que la otra persona no sienta miedo, rabia o tristeza, al final, me hago daño a mí y también le estoy haciendo daño a ella; me estoy limitando a mí e inconscientemente interfiriendo en su camino.

Entre nosotras también nos hemos hecho mucho daño. El caso es que si yo me atrevo a hacer lo que quiero, eso puede despertar el enfado, la envidia o el miedo de otras mujeres. Pero al yo permitirme ser feliz y hacer lo que me hace feliz, la mujer que se lo permita (ser feliz) me va a tomar como ejemplo.

Yo también tenía mucho miedo a mostrarme feliz, luego comprendí que cada vez que yo me permito ser feliz o hacer mi sueño realidad, estoy diciendo a otras mujeres que ellas también tienen derecho a ser felices y hacer su sueño realidad.

Entonces cuando yo me libero, estoy dando a otros la oportunidad de liberarse, aunque cada persona tendrá que afrontar sus propios miedos y autosabotajes.

Creo que el llamado es también a promover la sororidad. En la medida en que trabajemos cada una en nosotras mismas, vamos a dejar de sentir envidia por la otra, vamos a dejar de sentir, inconscientemente, la necesidad de criticar y juzgar, porque ya estamos en un lugar más seguro.

Claro, y eso también tiene mucho que ver con lo de la desconexión del cuerpo que decíamos antes.

Yo me he dado cuenta de que cuando una mujer se permite aceptar su cuerpo y sus emociones, y empieza este proceso de reconectar con el cuerpo y con la seguridad, empezamos a ver a las mujeres de igual a igual.

Entonces, mientras rechacemos nuestro cuerpo y nuestras emociones, nos sentiremos inseguras, pero mientras seamos nosotras las que no nos permitamos ser felices, disfrutaremos del placer del éxito.

Cuando conectamos con el cuerpo, él nos permite tocar tierra, y cuando tocamos tierra, nos podemos dar cuenta de que estamos todas al mismo nivel; no estamos unas por encima de la otra.

El único enemigo que tenemos está dentro y son nuestras creencias. No hay enemigos, rivales, competencias; creemos que están afuera, creemos que la culpa la tienen los demás, cuando en realidad, la única limitación real que tenemos son nuestras creencias que nos dicen que no somos capaces, que no podemos.

Hay una parte que dice que “Para poder decir que sí a lo que quieres, debes decir NO a lo que no quieres”. Pero, entramos en un círculo vicioso en el que decimos siempre que NO a lo que sí queremos y SÍ a lo que no queremos, ¿cómo salimos de este círculo?

Echando a la basura todos lo que nos enseñaron. Si yo no me atrevo a decir que no, no voy a encontrar el tiempo para lo que de verdad quiero hacer.

El primer paso para mí es eso, entender que nuestro tiempo vale.

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Si de todas maneras se van a poner bravos con nosotras, se van a sentir mal o vamos a sentir que les hacemos daño a alguien con nuestras acciones, ¿qué hacemos ahí?

Sí, pues, tomar conciencia de que cada persona es capaz de hacerse cargo de su vida, emociones y sentimientos, dejando de ocupar el lugar de salvadoras.

También, tomar consciencia de que las personas a las que quieres tienen derecho a enfadarse y tienen derecho a que no les guste lo que haces y viceversa. Cada persona tiene derecho a hacer lo que quiera con su cuerpo, con su tiempo, con su trabajo, con su vida. La otra persona tiene derecho a enfadarse, así como nosotras tenemos derecho a sentirnos en paz.

Somos responsables de las decisiones que tomamos, pero no de las reacciones de los demás. Esas dependen de la forma de pensar del otro, pero también soy responsable de mis reacciones, por eso es importante tener claro los límites.

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El primer paso es adueñarnos de nuestro tiempo. Recomiendo empezar dándonos un rato cada día para estar con nosotras a solas, permitirnos respirar y sentir lo que necesitamos sentir para poder entrar en contacto con nuestras emociones, escucharnos.

A mí me encanta esta expresión “aprender a recoger nuestra atención”.

Escucharnos nos va a dar la información que necesitamos en cada momento.  Siempre que algo me duele, noto que no tengo claridad o me noto ansiosa, busco el momento para sentarme a respirar y estar un rato en silencio conmigo sintiendo; para saber qué necesito, cuál es el siguiente paso, qué necesito dar, cómo puedo gestionar lo que me está sucediendo. Así es como empezamos a recuperar nuestro poder.

“Recupera tu poder” estará disponible en Latinoamérica en noviembre. Por el momento está disponible en audiolibro en todas las plataformas y en Amazon disponible ya en todo el mundo.

Foto principal: Instagram de Rut Nieves.

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