El puerperio: un viaje al encuentro con la propia maternidad

Aprendí en mi formación como educadora prenatal una metáfora que llevo conmigo y que comparto con las parejas que asisten a mi curso prenatal. Es la del Viaje del Guerrero o del Héroe. Con ella propongo una mirada del postparto como el “viaje de retorno”, y verlo así puede permitir vivirlo de una manera más tranquila, paciente, cuidadosa y compasiva con nosotras mismas.

ANA MORILLO FOTO

El postparto: un punto de partida

El posparto o puerperio es el tiempo que sigue inmediatamente al parto y el nacimiento del bebé con la expulsión de la placenta. Su inicio es coincidente en cualquier definición, pero sobre su finalización hay diversas ideas: desde el punto de vista ginecológico dura 45 días cuando los órganos reproductivos recuperan el estado previo al embarazo; desde el punto de vista endocrino, su fin está dado por el fin de la lactancia; y desde el punto de vista psicológico y emocional, su finalización tiene que ver con el tiempo necesario para que la mujer realice los ajustes a su nueva vida y para que tenga lugar la progresiva disminución de la dependencia física que de ella tiene su bebé.

Desde esta mirada, el puerperio, el viaje de retorno, puede tomarse entre uno y dos años. Y es un tiempo de transición lleno de cambios y ajustes que llevan a integrar ese nuevo rol de madre y a sentirse más a gusto en esa nueva piel y en esos nuevos pasos.

La tarea de este viaje

“No es lo mismo ser mamá de una barriga que ser mamá de un bebé”, escribí alguna vez a partir de lo que significa pasar de ser una mamá “en potencia” a una mamá “real”. En el embarazo son normales las fantasías e idealizaciones en relación con nuestro desempeño como mamás y con la personalidad de nuestro bebé con la casi certeza, basada en el deseo, de que se cumplirán.

Sin embargo, durante el puerperio la mayoría de las mujeres, cada una en su momento y por sus propias razones, se verá enfrentada a la contradicción entre la maternidad idealizada y la maternidad real.

Verse de pronto vulnerable, inexperta, desorientada e incluso no disfrutando tanto como se esperaba, puede hacer surgir sentimientos de culpa, frustración o tristeza.

Así que la tarea más importante de este viaje de retorno será cerrar esta brecha, liberando la vivencia real del peso de las idealizaciones, y pasando a descubrir y disfrutar de lo que genuinamente se es como mamá.

El desencuentro con la maternidad

Prepararnos para el disfrute de la maternidad no hace falta. Para la risa, el amor y la emoción desbordada e indescriptible de sentir a nuestro bebé en nuestros brazos, su respiración, su olor, su calor, no hay que hacer planes.

Prepararnos para lo que no nos gusta, para lo inesperado, para lo que las dificultades van a mover en nosotras, preverlo y controlarlo, es casi imposible.

Sabemos que los bebés vienen sin manual y que aprendemos a ser mamás siéndolo. Pero aceptar esto en el mundo de hoy, lleno de tips, técnicas y tutoriales para casi cualquier cosa, puede ser realmente difícil. La información es poder. El conocimiento es poder, nos repiten.

¡Incluso cualquier receta de cocina está disponible! Tiene una lista de ingredientes concretos y en una cantidad específica: la harina es harina, el azúcar es azúcar, los gramos son gramos. La preparación explica el paso a paso y el tiempo de cocción y la temperatura también son claros: 45 minutos a 350°.

La receta para ser mamá en cambio está llena de ingredientes más bien conceptuales, intangibles y difíciles de cuantificar: amor, paciencia, confianza, intuición, etc. La preparación de esta receta es un arte más que una técnica y es producto de una construcción personal, progresiva, llena de ensayos y errores, con un resultado casi siempre impredecible, del que se tiene noción a posteriori.

Mi gran amiga Nadya dice que la maternidad es un experimento de cada día. Y coincido profundamente con estas palabras. Un experimento. Un ejercicio arriesgado. ¡Pero vale la pena y es necesario!

En la próxima entrega, les contaré sobre esas cosas inesperadas a las que nos vemos enfrentadas cuando nos convertimos en mamás.

Mientras tanto, quiero preguntarte qué cosas te hicieron chocar con la realidad cuando fuiste mamá…

Foto: Bonnie Kittle/Unsplash.