La maternidad… Lo que no me dijeron y lo que yo no quise escuchar

Esa es la pregunta que me hago siempre.

¿Por qué en el curso psicoprofiláctico no me dijeron que aunque la maternidad es la etapa más hermosa de una mujer, también podía llegar a ser súper difícil? ¿O será que yo no lo quise escuchar?

¿Por qué no me dijeron que aunque lactar era imprescindible y espectacular; también duele, arde, sangra y te puede hacer sentir frustrada?

¿Por qué no nos hablaron de que era posible que las hormonas nos hicieran una mala jugada y revolotearan nuestras emociones?

¿Por qué el doctor no nos habló de la posibilidad de sufrir depresión postparto?

¿Por qué no le dicen a nuestras familias que necesitamos ser comprendidas y no echadas a un lado de forma automática cuando nace el bebé?

¿Por qué no te avisan que no hay ni un día de descanso por mucho tiempo y que no pasa nada si quieres descansar?

¿Por qué no nos cuentan que el bebé puede tener reflujo, vomitar y llorar todo el día sin parar?

¿Por qué no nos preparamos emocionalmente para la maternidad?

¿Cómo manejamos esa transición? ¿Será que no nos dejan? ¿Será que pensamos que no nos hace falta? ¿Será que creemos que el nacimiento del bebé es suficiente para afrontar las cosas difíciles que trae consigo la maternidad?

¿Por qué no nos hablan de las expectativas versus las realidades?

Yo no le estoy echando la culpa a nadie, ni estoy diciendo que como no nos contaron nada, la maternidad se nos vuelve inmanejable; pero pareciera que estas cosas permanecen escondidas, nadie las dice, nadie quiere hablar de eso; nosotras mismas no queremos escuchar nada negativo (o real) de la maternidad cuando estamos embarazadas.

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Y me parece que este hermoso camino que elegimos recorrer, es más hermoso cuando somos libres de culpas y contradicciones, cuando sabemos tratar nuestros miedos y obsesiones, cuando sabemos que no hay un solo camino, que merecemos descansar y recargar cuando nos sentimos agobiadas, cuando sabemos con certeza que si algo no sucede como queríamos, no es el fin del mundo, sino el comienzo de una experiencia basada en tu propio instinto y naturaleza, en tu encuentro y reinvención como mamá.

No creo que deba voltearse la tortilla y entonces hablar de lo complicado que es tener hijos, no. De hecho, veo a muchas mamás más tranquilas y felices, llevándola con normalidad.

Tengo que decirles que me brotan corazones de amor por mi pequeña hija, pero eso no quita que me haya sentido mal por mucho tiempo, al haber comprado un ideal de maternidad que para mí no existió y que no permitía otros modelos. No fui flexible para nada y eso tenía que ver con mis propias ideas sobre la vida, el amor y sobre tener hijos.

Y en mi camino por la maternidad he leído y escuchado muchas cosas, casi como un secreto, como seres anónimos y avergonzados que tienen miedo de decir lo que sienten para no ser lanzadas a la hoguera. ¿Y por qué? Porque nos han hecho pensar que quejarnos o decir algo que vaya en contravía de la idea aceptada y romántica de la maternidad, es un pecado mortal; es ser malas.

Hace tiempo escribí un artículo en el portal del Club de Malas Madres titulado “Después de la depresión porstparo”. Los comentarios de ese post llovieron como granizo, primero agradeciendo tanta valentía y animando a otras a hablar de sus inquietudes y de las tantas presiones sociales a las que estaban sometidas.

Entonces me encontré cosas como éstas: “No salgo, porque veo muy fea a mi bebé y me siento mal por eso”, “Mi esposo no entiende lo que me pasa y no me apoya”, “Me costó mucho regresar al trabajo, lloro todos los días”, “Siento que me estoy volviendo loca”, “Extraño mi vida anterior”, “Me pregunto si fui madre porque quise o por presión”, “Idealicé demasiado la maternidad”, “Tengo miedo a ser juzgada”, “He perdido el deseo sexual”, “No era capaz de bañar a mi hija, tenía terror de hacerlo”, “Tengo un miedo constante de que a mi bebé le pase algo, por eso no dejo que nadie lo toque”, “La lactancia fue un fracaso”, “Estoy demasiado gorda y me veo horrible”, “¿Qué hago con esta crisis de pareja?”

¿Alguna de ustedes ha pensado algo así? ¿Alguien les habló de que podían tener estas dudas e inquietudes? ¿Les contaron que si las tenían, muchas de ellas eran más normales de lo que creen? ¿Les dijeron que había que crear medidas de prevención? ¿Les dijeron que si sentían cosas raras debían buscar ayuda profesional inmediata? ¿Hay algún libro sobre eso? Yo no vi ni escuché nada de eso, tampoco lo quise hacer. Pero esto existe, pasa y es real.

Y me habría gustado ir «limpia» de información inútil o que olvidé, de tanta idealización. Creo que si sabemos mejor cómo es esto, no nos daría tan duro y no nos sentiríamos unas anormales y desnaturalizadas cuando sentimos cosas que «no se deberían sentir».

Me gustaría vivir en un mundo en el que te digan que has hecho tu mayor esfuerzo por amamantar, pero que no se puede acabar tu mundo si no lo logras; o que la cesárea no es tan mala como la pintan. Que sí, que es mejor todo lo demás, pero que también es bueno ser flexibles con la vida y con nosotras mismas.

A todas las que han vivido una inquietud en su maternidad, a todas las que han preferido callar, a las que se sienten sumidas en una gran angustia, a todas a las que se les volteó la vida y no saben cómo arreglarla. A todas, las invito a conversar sobre cómo hacen para hacerle frente a esas cosas inesperadas, las invito a ayudar a otras mujeres y a dar la mano a las que más lo necesitan.

Fotos: www.gratisography.com