¿Gordofobia en las redes sociales?

Debo confesar que me ha costado mucho escribir esto luego de la experiencia tan amarga y nefasta que viví el año pasado.

Para ser honesta, por un tiempo perdí el interés de mantener activas mis redes sociales, y todo lo ocurrido ha afectado considerablemente mi espíritu.

hace algún tiempo, muy ilusionada compartí una foto con un look que me encantó de Victoria Beckham y que pude recrear con exactitud, mostrándole a mis seguidores que siempre y cuando nos siente, podemos vestirnos como queramos sin importar la talla y sin perder el glamour.

barreto leyva asuntos de mujeres

¿Mi sorpresa? La mismísima Victoria Beckham le dio like a la foto y la convirtió en viral.

Algunos días después, una entrenadora de spinning de mi país (Venezuela), tomó sin mi permiso esta foto para promocionar sus servicios y burlarse –por supuesto- de quienes tienen sobrepeso.

La identifiqué y expuse públicamente; además, avisé a los dos gimnasios donde ella trabaja para contarles lo que había pasado, pero para mi sorpresa, éstos me bloquearon de las redes sociales.

Mantienen hasta la fecha un cómplice silencio.

De las cosas que más me llaman la atención y a la vez no me extrañan, es que en el Ministerio Público de mi país, quien me recibió la queja fue una mujer gorda. Sorpresa, sorpresa: su primera reacción fue reírse. Aquí es cuando me pregunto ¿De qué violencia de género hablamos, cuando las mujeres también violentamos a nuestros congéneros?

Les cuento que en materia de impunidad en estos casos, en Latinoamérica hay un índice de 95%. De cada 100 delitos, 95 pasan por debajo de la mesa sin represalias. En Venezuela se habla de 98%, con el agravante de que en muy pocos países hay una ley que castigue el cyberacoso.

En Estados Unidos, lamentablemente las cifras no son muy diferentes. Cuando menos, reciben y procesan las denuncias, pero de ahí no suele pasar nada más. Hay un caso muy reciente de una chica de origen latino, se llama Brandy Vela. Ella terminó suicidándose al frente de su familia porque no aguantó más el cyberacoso por su sobrepeso. Ella habló con maestros, directores de escuela, su familia, con la policía y nada. No hay leyes que sancionen esto y por lo que veo, tampoco mucha disposición a que se castigue. La policía en Estados Unidos sí tiene toda la potestad y capacidad de averiguar quienes están tras estas acciones y procesarlos legalmente por ejercer violencia. Hay que insistir y denunciar, porque mientras se guarde silencio esto va a ser creciendo…

¿Qué pasó conmigo?

La gente en las redes sociales, me trató de loca, exagerada y extremista, entre muchas otras cosas. Nadie decía por ejemplo «esto está mal» o «pobre muchacha»; siempre decían cosas como: «es una exagerada» o «debería ponerse a rebajar».

¡Hay gordofobia!

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En un mismo medio de comunicación, reportaron una historia exacta a la mía, pero con una chica delgada; y mientras en ese post todos se solidarizaban con ella, conmigo los insultos, burlas y consejos no solicitados sobre mi salud eran la regla.

Y si creían que aquí terminaba el cuento, se equivocan. Resulta que un grupo de tuiteros pro anorexia y pro bulimia se molestaron conmigo por reportar la situación de la que fui víctima, y por 4 días consecutivos por esa red social, recibí de su parte amenazas de violación, muerte y tuits fabricados como si fueran míos. De todo está guardada evidencia.

En la industria de tallas grandes hispana brilló el silencio, excepto unos tres o cuatro entes que manifestaron solidaridad.

¿La diferencia entre ambas? Solamente el peso.

El mundo está asquerosamente viciado con los estereotipos alrededor del peso, y si por casualidad quienes vivimos bajo esos estereotipos alzamos la voz, somos entonces resentidos y otros epítetos que por respeto a ustedes no pienso repetir.

Esto es violencia y no estamos entendiendo la gravedad de este problema, que con el mediocre “no hagas caso”, se ha agravado considerablemente y se está saliendo de control.

El silencio es complicidad, punto.

De quienes más recibí apoyo fue irónicamente de hombres, empezando por mi padre que jamás me ha soltado la mano durante este episodio de horror, donde mi sueño, mi trabajo y mi bienestar, se han visto tocados e impactados negativamente.

En cambio muchas mujeres las mujeres se burlaron de mí y me cuestionaron.

Por eso me pregunto ¿Cómo pretenden que este problema acabe alguna vez? ¿Con qué moral se quejan?

No hay legislaciones, organismos, legisladores, ni entes reguladores que echen mano de este delito monstruoso en el que se ha convertido la violencia en redes sociales, donde la gente a sabiendas de que no habrá castigo, hace literalmente lo que le da la gana.

El daño emocional y psicológico es bestial, y créanme cuando les digo que esos que dicen “me intento poner en tus zapatos”, no lograrán jamás saber qué se siente, hasta que les pase. Así de profundo es el daño que estos monstruos hacen, bajo el manto de “inocentes” bromas y comentarios.

 A la fecha, esa mujer no ha sido castigada por su delito. Por esto es que me envilece tanto cuando me sueltan un “no les hagas caso”, porque a esto sí hay que hacerle caso ¡y mucho!

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Por lo pronto, recomiendo con toda responsabilidad, que utilicen sus redes sociales para exponer y denunciar estas historias y personas. Los van a cuestionar y ridiculizar, pero manténganse fuertes.

Si se quedan callados, son cómplices no solo del vejador de turno, sino de un problema que es serio y no debe seguir ocurriendo.

Los legisladores de la región y nuestros gobiernos tienen una deuda con nuestros ciudadanos, con este tema y muchos otros. Nunca es tarde para enmendar estos vacíos legales.

En esta ocasión, cierro este texto citando el famoso poema “Ellos vinieron” del alemán Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller: Ojalá que los que se rieron, insultaron, vejaron, dejaron de apoyarme, subestimaron, inclusive a la persona que ocasionó todo esto, no solo jamás le suceda, sino que cuando vengan por ellos como dice este poema, no sea demasiado tarde.

¡Hasta la próxima!

Fotos: Instagram de Jennifer Barreto-Leyva y Pixabay.