Más que aprender a decir «no», debo saber cómo hacerlo…

¿Por qué es tan difícil decir NO? Muchas veces dije SI a pesar de no querer, y yo misma con esa respuesta tan básica me compliqué la vida. Por esa razón, hace algún tiempo decidí decir NO cuando lo considere necesario.

Hay cosas muy fáciles de resolver con un simple NO, por ejemplo, cuando mi amiga me dice que la acompañe a algún lugar y la verdad yo no quiero ni levantarme de la cama, o cuando mi esposo me dice que quiere un plato con comida de mar, la cual no me gusta ni un poquito; y a ambos les respondo NO. No quiero salir de mi cama y mucho menos quiero intentar probar o cocinar comida de mar. Pero a la larga esto no me genera ningún inconveniente porque ellos me entienden y no debo dar mayor explicación sobre mi respuesta.

Pero lo difícil es decirle NO al jefe, por ejemplo. Y es que a lo largo de mi carrera profesional he tenido muchos inconvenientes, aunque afortunadamente no han pasado a mayores, por no responder de manera positiva. Confieso que soy bastante acelerada y muchas veces respondo caprichosamente sin detenerme un segundo a pensar en las consecuencias y, lo más grave: sin argumentar mis razones.

Hace poco encontré un libro muy interesante llamado “El poder de un NO positivo” de William Ury, quién ha trabajado como asesor y mediador en conflictos bélicos, políticos y empresariales; me identifique realmente con este libro y rememoré los momentos en los que no pude ganarle la batalla a un jefe por el simple hecho de decir NO de una manera inadecuada.

Ury dice lo siguiente: “Cuando decimos ‘no’ debemos evitar partir de la ira. Es mejor que respiremos profundamente y nos concentremos en nuestro propósito. Debemos dejar de reaccionar y ser más proactivos. Nunca seremos capaces de influir en los demás si antes no somos capaces de controlar nuestras reacciones y emociones… El secreto para que los demás acepten nuestro ‘no’ es demostrar respeto, para reducir la irritación producida por el rechazo. Pero respetar no significa complacer sino prestarle atención al otro, escucharlo y reconocerlo como ser humano”.

Leyendo esto, también recordé a mi mejor amigo de la universidad que siempre me decía: “Yoana cálmate, uno puede decir siempre lo que sea manejando el tonito”. Y es cierto, lo complicado no es decir NO, lo complicado es saberlo argumentar y guardar la calma, respirar profundo y pensar minuciosamente lo que se va a decir. Saber explicar las razones.

Como dice William Ury: “Una cosa es explicar nuestras razones desde el corazón y otra muy diferente es decir simplemente «porque no».

Aquí comprendí que he perdido muchas batallas con mis jefes por no saber argumentar. ¿Es un riesgo decir NO? Por supuesto que sí, pero dejar muy claros nuestros intereses, deseos y sobre todo, nuestros argumentos.

Comprendí que mi problema no radica en decir No, (porque lo he aprendido a decir constantemente). Mi problema realmente es el modo y el tono. No tengo que ser hiriente con los otros para que sepan lo que deseo, simplemente debo argumentar y dar opciones.

Ahora tendré que ponerlo en práctica: ¡Respirar, argumentar!  ¡Respirar, argumentar!