Natalia Merizalde nos invita a sentirnos merecedoras de todo lo bueno

Natalia Merizalde es una maravillosa terapeuta holística, que combina el yoga, la meditación, las constelaciones familiares, el eneagrama y la terapia a través del arte, para ayudar a otras mujeres en sus procesos de sanación y crecimiento personal.

Es la co-creadora de un movimiento llamado «Reconstruyendo mi amor propio», una marca que ha llevado adelante a través de clubes y encuentros de mujeres en Medellín, y con la que ha logrado entregar sus talentos en pro del bienestar femenino y de hacer explotar el potencial de cientos de mujeres en esta ciudad.

Ingeniera en telecomunicaciones, hija única de papás separados. Confiesa que eligió su carrera «por marica» (entre risas), porque eso no era lo suyo ¡Aunque siempre se destacaba!

Cuenta que hace mucho tiempo, siempre andaba buscando algo, hasta que descubrió que se buscaba a sí misma. Aún así, tuvieron que pasar varios años y acontecimientos determinantes en su vida, para que Natalia decidiera dar el salto desde lo que era en ese momento, hasta lo que es hoy.

A pesar de no haber querido tener hijos, quedó embarazada y se dio cuenta cuando tenía tres meses de embarazo y había terminado con el papá de su hijo. Días después, tuvo un accidente y perdió a su bebé.

Vivió un postparto sin bebé.

Y fue ahí cuando se dio cuenta de que, definitivamente, no quería nada de lo que estaba sucediendo en su vida. «Cuando yo menos pensé, no tenía nada: no tenía plata, pareja, no quería a nadie. Fue lo peor», dice. No tenía idea de lo que iba a hacer, así que solamente hacía dos cosas: Practicaba yoga y se emborrachaba.

Y el yoga comenzó a hacerle click. Y empezó a encontrar el camino, a levantarse, a estudiar… Y fue justo ahí cuando se dio cuenta de que había sido muy soberbia y egocéntrica en muchos aspectos de su vida.

Hasta que la vida y el universo, -como ella dice- le mandaron a su segundo hijo, con un segundo embarazo maravilloso, en el que fue absolutamente feliz. Sintió que se expandió y, finalmente, mediante un proceso largo y duro, comenzó a sanar y a sacar su verdadero potencial.

 

Natalia Merizalde en Asuntos de Mujeres

 

Comenzó a estudiar, leer y documentarse. De manera paralela con el nacimiento de su hijo, se formó en arteterapia, yoga, meditación, doula, PNL y constelaciones familiares, dándose cuenta de sus verdaderas pasiones, que eran estudiar, comprender el comportamiento humano y adquirir la capacidad de ayudarse a sí misma a transitar esos asuntos de la vida e inspirar a otras personas, sobre todo mujeres, para que pudieran sanarse y conectar con su propósito en la vida.

Por eso, hoy la tenemos aquí, porque queremos aprender de ella y de esas cosas tan maravillosas que me dijo que esta entrevista.

 

Natalia Merizalde y Maricarmen Cervelli en Asuntos de Mujeres
Durante la entrevista que le realicé, me dijo muchas cosas que me iluminaron la mente.

 

¡Disfruten!

Alguna vez te escuché decir que siempre te topas con mujeres que tienen algún tipo de problema emocional ¡Las atraes! Y de repente has descubierto que uno de tus propósito de vida es ayudarlas y reunirte con ellas

¿Qué es lo que más detectas en las mujeres que recurren a ti?

Yo creo que todos tenemos un propósito sagrado. Yo creo que las mujeres somos más inteligentes (con todo el respeto que merecen los hombres) y por eso sufrimos tanto.

Entonces nos sentimos culpables, y esa culpa enmascara tristeza, miedo y rabia. Pero las mujeres nos conectamos más fácilmente con la tristeza que con la rabia y por eso estamos un poco más cerca del trabajo espiritual, por nuestra sensibilidad, porque somos más perceptivas y porque estamos más conectadas con la tierra.

Las mujeres tenemos cuatro cosas que no tienen los hombres. Los hombres son niños eternos, se compran carros, motos o juegan al play; los hombres pueden pensar en nada, nosotras no; las mujeres somos cíclicas y no lo vamos a poder evitar y nos quedamos más tiempo con nuestras mamás y con los traumas que ellas traen de generación en generación.

Nosotros no solo heredamos las características físicas de nuestros padres, sino también las emocionales y espirituales, y venimos con toda esa consciencia de dolor, rabia, frustración y miedo.

Y es ahí cuando nos preguntamos por qué no nos sentimos merecedoras y suficientes, por qué nos relacionamos con los hombres desde el dolor y el miedo.

La idea aquí es tomar consciencia de que no somos totalmente responsables de ese dolor, ese dolor es ancestral también, pero  tenemos la fuerza y el poder para sanarlo.

¿Y de dónde sacamos esa fuerza y ese poder?

De nuestros ancestros y de la tierra.

De permitirnos sentir. Si estoy triste, sentirlo con toda, reconocerlo, no reprimirlo.

Cogemos esa fuerza de estar cansadas de sufrir y de sentirnos frustradas. De estar cansadas de no sentirnos ni suficientes, ni merecedoras. La fuerza sale de estar cansadas de vivir maluco.

¿Y cómo manejamos la culpa?

La culpa es un artilugio que viene del ego para hacernos creer que no podemos ni somos capaces. Ese es el mayor dolor colectivo, no es solamente de nosotros.

El trabajo de la consciencia no es no estar triste o no comer carne; no es, incluso, no emborracharte, no es no comprarte unos zapatos o tener las uñas maquilladas; el proceso de consciencia es entender tu humanidad, tu dualidad, entender que tienes que atender el cuerpo.

Tú dices que a los seres humanos nos cuesta mucho poner límites, decir que no y cerrar ciclos. ¿Por qué nos cuesta tanto hacer estas cosas y cómo podemos resolverlo?

Cuando fuimos niños, necesitamos papás que pusieran límites con amor, y pocas personas tuvieron la fortuna de tener papás que lo hicieran. Quienes somos hijos de papás separados y los papás eran muy permisivos por la culpa, no teníamos límites.

En el primer septenio de tu vida (de 0 a 7 años), aprendes a poner límites. En el segundo septenio (de los 7 a los 14 años), aprendes autonomía, que es fundamental para que te puedas preparar para el otro septenio que viene, y es cuando aprendes a decir «no».

Esta es la época en la que tus amigos te ofrecen cosas y tienes que elegir y aprender a decir no. Si no eres autónoma y no has aprendido a poner límites, no puedes decir no. ¿Ves la bola de nieve que se forma?

En el septenio de los 20 a los 28 años, debes aprender a cerrar ciclos, porque en teoría terminas la universidad y deberías irte de tu casa (terapéuticamente es necesario, para dejar de ser una niña).

Por eso, te cogen los 30 años y te dan un revolcón, porque si a los 28 años no sabes decir no, no sabes poner límites y no sabes cerrar ciclos, a los 30 la vida te va a llevar a hacerlo sí o sí.

Pero tranquila, las mujeres tenemos la capacidad de autosanarnos y eso toma mucho tiempo. Yo llevo más de 10 años meditando, haciendo yoga y organizándome, y puedo decir, que hace muy poquito vine a entender que yo me podía sanar desde adentro.

 

¿Cómo son tus terapias?

Yo siempre le digo a mis pacientes: «Vamos a jugar un juego y ese juego tiene varias reglas».

Lo que pasa en consulta, en consulta se queda. La primera es que vas a entender que aquí te sanas tú, yo y todo tu linaje familiar, lo que quiere decir que nosotros estamos contribuyendo a la sanación del mundo, porque mientras más no sanemos, más vibraciones positivas estamos emitiendo al campo magnético de la tierra.

Lo segundo es que no te vas a tomar nada personal. Nadie podrá hacer nada por ti, todo lo haces tú; solo que yo te ayudo a lo puedas ver, porque a mí me dieron ese talento y yo lo pongo al servicio de la humanidad.

Vas a experimentar crisis curativas. La tercera regla, es que cuando salgas de aquí vas a sentirte físicamente mal, porque las emociones -que son energía en movimiento-, van a empezar a salir. Entonces, todos los no que no dije, los límites que no puse y los ciclos que no cerré, empiezan a moverse en el cuerpo en forma de enfermedades. Movilizar todo eso es maravilloso, porque para mí, un paciente que viene a terapia y me escribe al otro día diciéndome que tiene diarrea, ganas de vomitar o dolor de cabeza, me hace saber que estamos haciendo un buen trabajo. Sé que es maluco transitarlo, pero es necesario.

Yo por mí. Lo cuarto es que que hay que ser muy honesto. Vamos a hablar en primera persona, vamos a reconocer el dolor que tenemos.

Y por último, hazte responsable de lo que sientes.

 

Entrevista a Naty Merizalde en Asuntos de Mujeres
El estudio de Natalia está en la localidad de Laureles, en Medellín.

 

Tú tienes un programa llamado «Reconstruyendo mi amor propio», que es muy bonito.

Natalia, ¿De qué me tengo que dar cuenta para reconstruir mi amor propio?

«Reconstruyendo mi amor propio» es una empresa que está al servicio de la vida y de la gente.

La vida no es ser ser feliz, la vida es vivir. Y eso significa vivir en el mundo material, entender que somos seres humanos y reconocer que tenemos cinco emociones básicas (y eso ni siquiera nos lo enseñan en el colegio): La tristeza, el miedo, la rabia, el asco y la alegría. El resto, son emociones de todas esas juntas.

Y las emociones tienen una trampa biológica: el miedo es protegerte, la tristeza es llevarte hacia adentro, la alegría es llevarte hacia afuera y el asco es cuidarte de una intoxicación no solo física, sino también mental y emocional.

Así que «Reconstruyendo mi amor propio» es volver a nuestra verdadera esencia, reconocer que las mujeres buscamos nuestro poder y que no tenemos que estar bajo la sombra de nadie para cumplir con nuestro propósito sagrado.

Yo creo que todos tenemos tres propósitos sagrados:

  1. Aprender a amar, que es renunciar a la necesidad de querer cambiar a los demás.
  2. Aceptar la realidad tal y como es; entender que lo que está pasando es perfecto para nuestra evolución y desarrollo.
  3. Poner tus talentos al servicio de la humanidad. Algunos dones los tienes de nacimiento y otros, los aprendes.

La manera que tenemos de cumplir estos tres propósitos, es a través de las relaciones interpersonales: con tus padres, con tus parejas y con tus hijos.

Buscamos que las mujeres entendamos todo el poder que llevamos dentro, que tenemos que unirnos para que luchemos juntas, amar, tener una vida saludable y conectarnos con nuestra verdadera consciencia; que tenemos que darnos cuenta de que el amor es nuestra esencia más sagrada.

 

Entrevista a Natalia Merizalde en Asuntos de Mujeres espiritualidad

¿Qué mensaje les das a las mujeres de Asuntos de Mujeres?

Aprendan a respirar, porque la respiración es lo único de nuestro cuerpo que nosotros podemos controlar de manera consciente. Respirar es como la vida misma: inhalo y todo viene a mí, retengo y me fundo con todo, exhalo y me doy cuenta de que tengo que volver a inhalar.

Esto nos conecta con el presente y hace que tengamos la mente aquí y ahora. Y aquí es donde sucede la vida.

Se nos olvidó lo que es el néctar de estar en el aquí y en el ahora; se nos olvidó respirar.

Date cuenta de que no eres solo tú la que está sufriendo por el asunto que te hace sufrir, que nadie puede hacerlo por ti y que tienes que encargarte y hacerte responsable de tu proceso de sanación, porque tienes el poder para hacerlo.

No es normal estar sufriendo, estar triste, inconforme o frustrada. Lo normal es el bienestar.

 

A Naty, la puedes encontrar en su cuenta personal de Instagram: @NatyMerizalde y en @reconstruyendo_mi_amor_propio

(Pero además, para las que están en Medellín, el mejor masaje que me hecho en la historia, ha sido con esta mujer).

Fotos: Maricarmen Cervelli N.