¿Por qué nos cuesta tanto sentir placer?

Qué es el placer Asuntos de Mujeres

¿Por qué a las mujeres nos cuesta tanto buscar y sentir placer? ¿Por qué nos cuesta tanto disfrutar la vida? Sobre esto reflexiona la sexóloga Ysabel Velásquez.

 


En nuestra loca vida cotidiana, lo menos en lo que pensamos las mujeres es en el placer.

Desear algo para nosotras mismas nos hace sentir culpables, hemos sido criadas con una mentalidad – de origen judeocristiano – de que mientras más sacrificadas, más buenas seremos y mejor consideradas estaremos por nuestra pareja, jefe, papás, familiares y amigos.

Así que por eso, todo placer nos parece egoísta.

No sabemos muy bien a qué se refiere el concepto de placer porque solemos negar todo aquello que nos produzca gozo. Equiparamos, casi inmediatamente, la frase «sentir placer» al sexo, y no recordamos que el sexo no siempre ha sido una experiencia satisfactoria para todas las mujeres.

Sentir placer implica un deleite de los sentidos, una experiencia total en el momento presente, es algo muy cercano a la meditación, y debería ser considerado igual de sagrado.

Poco tiene que ver con la ansiedad por llegar al orgasmo o con la idealización de la explosión del clímax. También es muy distinto a esa información que circula por las redes sociales, de que todo placer es potencialmente adictivo, pues si bien este genera dopamina en el centro de recompensas del cerebro, al volverse una adicción, su efecto se pierde porque hay una saturación del estímulo. Así que se vuelve incapaz de generar placer, y en su lugar, queda una sensación de malestar, que niega la propia naturaleza liberadora del placer.

El placer ha sido materia de estudio desde la antigüedad y el pionero en su análisis fue el filósofo griego Epicuro, quien creó una escuela para la experimentación de placeres, una suerte de laboratorio que llamó El Jardín, donde se investigó de forma científica, cuáles eran los placeres más perdurables en el tiempo y los que menos generaban dolor como consecuencia.

Ahí, llegó a la conclusión de que el placer – de todas las fuentes – es efímero y lo que causa dolor es intentar perpetuarlo en el tiempo y apegarnos a la sensación agradable que produce.

¿Qué producen las sensaciones placenteras en nosotras?

Toda experiencia gratificante es placentera y nos hace segregar óxido nítrico, un poderoso químico natural relajante, que baja la presión sanguínea y contrarresta la acción del cortisol, la hormona del estrés, que es altamente inflamatoria y causa ansiedad.

Estudios realizados en Estados Unidos han revelado que cada 34 segundos muere una mujer de infarto al corazón, y que una de cada 4 mujeres padecerá al menos un episodio depresivo a lo largo de su vida. Así que ¡Atención! Si bien no podemos afirmar que el placer sea la panacea para la salud, es necesario mirar sus beneficios como una inversión a largo plazo.

¿Qué pasa cuando no vemos el placer como algo necesario?

Además de enfermarnos, no solo de forma física sino también emocional, buscamos atajos como el alcohol, el cigarrillo, las drogas o cualquier sustancia que aporte esa sensación de distensión y tranquilidad. También, es posible que nos volvamos adictas a las compras o a la comida.

Para nosotras en la actualidad, considerar el placer como un camino para la felicidad y el desarrollo personal, suena muy extraño, porque va en contra de todas nuestras creencias y los cimientos de nuestra crianza; además, toca los linderos de la moral y la religión.

Negamos el placer, al tiempo de que nos desconectamos de todo aquello que nos gusta, y de tanto hacerlo, nos desconectamos de nuestros sentidos para vivir en piloto automático.

Hemos sido programadas para complacer a todos, no para vivir con placer.

Regena Thomashauer, coach, autora y terapeuta norteamericana, conocida como Mama Gena, fundó la Escuela de Artes Femeninas en Nueva York  con la idea de empoderar a las mujeres a vivir en placer.

Ella dijo en una charla TED que: “No valoramos el placer, no lo honramos. Valoramos ser productivas y alcanzar nuestras metas; pero al final son aquellos momentos que hemos disfrutado verdaderamente, los que atesoramos en nuestro corazón”.

Además, agrega: “Las mujeres nos hemos negado el placer, por atender a todos alrededor, y el placer es parte del autocuidado. Ningún hombre se siente culpable por salir con sus amigos a beber unas cervezas, pero si una mujer se compra un helado o un café a la semana, y más aún, si lo disfruta con calma, se siente culpable”.

Los placeres están disponibles para ti y necesitas reclamarlos para tu bienestar integral.

Hay pequeñas cosas que te pueden hacer sentir placer…

Una lectura enriquecedora, una conversación, ver una película, bailar, probar una comida deliciosa y ¡Tener sexo! Hacer el amor en pareja – o en solitario – disfrutándolo momento a momento.

Estamos diseñadas para el placer, solo las mujeres tenemos el órgano anatómico cuya única función es el placer: ¡El clítoris! Con sus ocho mil terminaciones nerviosas. ¡Es tuyo, no esperes a que alguien más lo descubra!

Haz del placer una práctica diaria como un gesto de amor propio. Lejos de ser complicado, es tan sencillo como cambiar de actitud: disfruta del atardecer, come sin ver el teléfono, tómate el café despacio, ve al gimnasio no para matarte entrenando, sino para disfrutarlo y ve al encuentro íntimo con deseo y sin apuros.

Merecemos – y necesitamos – disfrutar la vida.

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