Sara Jaramillo Klinkert: “No se me ocurre un oficio que tenga tanta terquedad como el de escribir”

Sara jaramillo como maté a mi padre

Hablamos con Sara Jaramillo Klinkert (@sarimillo), periodista y autora colombiana de dos novelas imperdibles: “Cómo maté a mi padre” y “Donde cantan las ballenas”. En esta entrevista, Sara nos cuenta TODOS los detalles sobre su trabajo y su proceso creativo. Además nos dio consejos súper útiles a la hora de empezar a escribir. Entra y lee, porque sabemos que te van a servir.


A Sara Jaramillo la conocí cuando, en una librería de Medellín, descubrí un libro escrito por ella titulado “Cómo maté a mi padre”.

El libro me impactó por la manera en la que la periodista y escritora colombiana narró la relación que tuvo con su papá durante su infancia y por la forma de describir la historia oscura de Medellín y Colombia en la época más horrible del narcotráfico y la guerrilla.

Lo que no imaginé, es que al mismo tiempo de escribir “Cómo maté a mi padre”, Sara también escribió “Donde cantan las ballenas”, una historia en la que la autora vuelve a hablar de un padre ausente y al mismo tiempo mágico, de un curioso lugar recóndito y selvático lleno de misterio y encanto, y de una protagonista que va creciendo y evolucionando junto al lector, mientras nos hace sentir sus dolores, descubrimientos y creencias.

Patricia y yo entrevistamos a Sara, esta periodista encantadora que se fue a estudiar narrativa en España y llegó con estas dos obras maestras (y está escribiendo un tercer libro).

Y si ya la admirabámos por sus dos libros maravillosos y su forma maestra de escribir, ahora le agregamos un ingrediente adicional: inspiración.

Sara es la demostración viva de disciplina, pasión por la escritura y maestría con humildad.

Queremos que leas toda la entrevista, porque Sara Jaramillo nos contó cosas de su vida, nos habló de hábitos al escribir y nos dio detalles de sus dos libros.

Pasa adelante, busca un vino o un café y disruta de esta entrevista.

 

Cuéntanos sobre tu decisión de irte a estudiar escritura a Madrid al cumplir 40 años.

Sé que parece que es una decisión que tomé de arranque por una crisis de los 40, pero en realidad es una decisión que toda mi vida estuve pensando, incluso, desde que estaba en el colegio.

Yo siempre pensé que no quería ser la que leyera libros sino la que los escriba, por eso estudié periodismo, porque pensé que se me iba a facilitar.

Lo curioso es que en periodismo siempre trabajé en televisión como corresponsal para noticias Caracol y otros medios locales, pero yo quería escribir y siempre sentí esa frustración.

Si bien por mi lado yo tenía mis proyectos y escribía mis relatos, necesitaba algo más.

Cuando tenía la plata no tenía el tiempo y cuando tenía el tiempo no tenía la plata; empezaba proyectos y los abandonaba.

Luego, dejé Caracol y abrí una tienda de especias (en Medellín) que se llama Ábrete sésamo, y contra todo pronóstico (porque no sabía ni sumar), funcionó súper bien y rodaba sin mí.

Ahí supe que era mi momento para hacer el máster, no tenía cargas y la empresa funcionaba de maravilla.

Le dije a mi novio y me ayudó a buscar en Latinoamérica y España. Encontré uno en España de dos años y me llené de dudas: ¿Cómo iba a dejar la tienda, mi mamá, mi novio y mis mascotas por dos años? Pero él, finalmente, me empujó a hacerlo.

¿El máster de escritura cumplió tus expectativas?

Las cumplió y me dio más.

Uno tiene que llegar muy listo, allá lo que te dan son herramientas sobre cosas que ya sabes. Yo supe que ahí el periodismo me había dado muchas herramientas, hasta el televisivo.

Sobre todo con la concisión al decir las noticias por solo 30 segundos. Yo pensaba que la televisión no me había dado nada pero ahí comprobé que no era cierto.

Otra cosa que me pasó es que yo llevaba mucho tiempo esperando por ese máster, renuncié, puse en riesgo muchas cosas y gasté mis ahorros: entonces, me tuve que matar esforzándome y entregarme en cuerpo y alma.

Lo hice con mucho cariño y emoción, y sí, fue muy duro.

¿Cómo diste ese salto de haber estado estudiando enfocándote en tus cosas, a ser publicada por una de las editoriales más grandes del mundo?

¡Ay! Fue una cosa muy rara. Uno en el máster tenía que hacer una novela, esa fue mi segunda novela.

La primera yo la hice en simultáneo, agarraba texticos y no se lo comentaba a nadie. La hice para mí y nunca pensé que fuese a crecer así.

Nunca ambicioné nada para ese escrito; sin embargo, yo seguía y me esmeraba mucho.

A la editorial Angosta, le llegó de manera muy fortuita uno de mis capítulos. A mí, a la semana, me estaban contactando. Yo pensé: “bueno, es una editorial pequeña y nadie lo va a leer”.

Cuando a los 20 días se acabó la primera edición, ahí dije: “bueno, esto va en serio”

Muchas escritoras nos dicen que la mejor manera de escribir es esa, sin grandes expectativas. ¿Qué opinas?

Estoy de acuerdo con eso totalmente, porque cuando uno escribe para uno mismo, uno no se guarda nada.

Si yo me hubiera sentado y dicho “voy a escribir la historia de mi familia”, me habría guardado muchas cosas, porque sí que es verdad que cuando me pidieron el manuscrito y le di una última leída me pregunté: “¿Yo de verdad quiero que todo el mundo se entere de esto?”

Pero dejé de pensarlo mucho, no me autocensuré y lo mandé. Si hubiera sabido el alcance que iba a tener a lo mejor la historia habría sido otra.


¿Te gustan las entrevistas? Aquí hay otras que le hemos hecho a autoras increíbles:


¿Escribir tu primer libro representó para ti algo terapéutico? ¿Sientes que te ayudó a sanar?

Totalmente. Pero cuando lo escribí no fue por una causa, sino por una consecuencia.

Mientras lo escribía fue muy duro, lloraba todos los días y había momentos en los que decía: “¿Por qué le sigo metiendo a esto si me hace sufrir tanto?”.

Había veces que cuando mi novio y mi mamá me llamaban, yo estaba llorando y no les atendía porque cómo les explicaba esas lágrimas.

Cuando  salió, me quité ese peso de encima, y cuando empecé a hablar con la gente de ese tema me sentí liberada. Cuando uno exterioriza esas cosas internas, te conviertes en el dueño de esa verdad. Me sentí empoderada con ese tema y muchas personas generaron mucho interés en clubes de lecturas y entrevistas.

Hoy en día ya siento ese tema muy superado, le di un valor catárquico a pesar de que no haya sido mi interés primigenio.

Háblanos un poco de la Sara de “Cómo maté a mi padre” y de la de “Donde cantan las ballenas” ¡Son muy distintas!

“Donde cantan las ballenas” era el proyecto de mi máster y a la vez estaba muy adelantada con “Cómo maté a mi padre”, entonces los escribí en simultáneo.

Se me colaban muchas cosas en “Donde cantan las ballenas” de “Cómo mate a mi padre”, ambas tienen el tema central de la ausencia paterna, sea por muerte o abandono.

La ausencia es ausencia venga de donde venga.

Ese tema de la ausencia paterna a mí siempre me ha interesado mucho.

En el colegio hablaba con otras compañeras que no tenían papá, sobre qué era peor, que te mataran a tu papá, que te abandonara o que estuviera ahí pero borracho y apático, como si no estuviera.

Imagínate unas niñas de 13 años que en vez de intercambiar vestidos de Barbie, hablaban de esas cosas.

Cuando empecé Ballenas volví a explorar ese tema. Me di cuenta de que en ninguno de mis relatos hay papá, y si hay, esta como mencionado de paso y no como un personaje principal.

La sencilla razón es que me cuesta crear esa dinámica porque yo no lo tuve. Yo lo escribí sin consciencia y me di cuenta de esto hace nada, en una entrevista que hice.

En Ballenas no solo hablas de la ausencia paterna, sino de la materna. Cuéntanos sobre eso.

Lo de la ausencia de la mamá en Ballenas obedece a algo muy puntual y era mostrar el crecimiento del personaje de Candelaria (la protagonista).

Yo soy fan de las novelas iniciáticas. Me encanta “El guardián del centeno”, todo Herman Hesse. Todo eso es iniciático.

Una novela iniciática es aquella que evidencia el cambio interno del personaje y vemos claramente una evolución. Por eso vemos al inicio, una Candelaria que es niña, que es inocente, con un mundo construido por su papá, etc.

Yo necesitaba que el lector la viera crecer y que se diera cuenta de la realidad. Si tú ves la Candelaria del final es otra persona totalmente diferente a la del inicio.

Una de las tácticas que yo usé para mostrar el crecimiento de Candelaria fue a su mamá. Al su mamá ser débil, ella tiene que tomar las riendas de su vida.

Hay una frase que me pareció la base del libro y quiero que me hables de ella. “Pensó que el mundo estaba cambiando porque aún no se había dado cuenta de que era ella la que lo estaba haciendo”

Con la frase que me comentas, en efecto, vemos ese mundo fantástico que le crea su padre donde todo es mágico, pero luego Candelaria empieza a ver esas mismas cosas de forma distinta y desde otra óptica.

Este cambio de perspectiva es algo que pasa y no solo en la niñez. No les pasa que abren un libro el cual subrayaron y cuando ven lo que marcaron se preguntan: “¿A mí por qué esto me resonaría? No entiendo”.

Pasa lo mismo, el libro sigue siendo el mismo pero yo soy la que lo estoy viendo de manera diferente.

Con eso quiero expresar que nosotros cambiamos todos los días. Y es lo que trato de evidenciar con Candelaria.

Hablando de libros que nos inspiran: ¿Parruca es Macondo? ¿Te inspiraste en Macondo?

Parruca está inspirado en la casa donde yo crecí. Yo vivía lejísimos, en las afueras de la ciudad y era algo muy raro y extraño.

Éramos muchos, tan bullosos y no cabíamos en ningún apartamento. Mi papa sí que quería darnos la posibilidad de vivir así en finca y mi mamá estuvo de acuerdo.

Ese sitio en su momento ni siquiera estaba parcelado, tenía una quebrada, no había agua potable y teníamos que recoger agua, tuvimos teléfono y televisor años después.

Yo agradezco haber crecido en un lugar así porque crecí con unas prioridades distintas y una gran sensibilidad. Incluso estuve desescolarizada por mucho tiempo porque a mi mamá se le olvido inscribirme en el colegio porque estaba embarazada de trillizos.

Hubo un momento en que me quedé sola en la finca y me la pasaba sola y sin zapatos. Fue de una manera u otra, la mejor época de mi vida. Hay una frase de Oscar Wilde que me resuena mucho y es: “Mi educación iba bien hasta que me metieron en el colegio”.

Parruca, obviamente, es mucho más exagerado.

Ya hubiese querido yo vivir en Parruca, pero está inspirado en la finca de mi infancia.

Parruca es como me decía mi papá,  y nadie más sabía eso, solo mi mamá y mis hermanos. Nunca le había contado eso a nadie.

Mi papá era muy bromista y de inventarse palabras y yo sabía que ese sitio no existía geográficamente en ningún lado. Por eso le puse Parruca.

Hace poco entrevistamos a la escritora venezolana Karina Sainz y ella, al igual que otras autoras como Camila Sosa, juegan mucho con un realismo mágico que de verdad no es realismo mágico. En tu libro también podemos ver esa pincelada de realismo mágico, ¿Lo hiciste con conciencia?

Yo creo que eso es algo muy latinoamericano. A mí me llama mucho la atención porque en España les impresiona mucho ese realismo mágico.

Pero aquí en Latinoamérica pasan esas cosas de verdad.

Por ejemplo, el señor que le dispara a las nubes, ese es mi vecino de finca, que tiene un cultivo de flores para la exportación y le da miedo cuando llueve mucho; él tiene la teoría de que si le dispara a las nubes va a disipar la tormenta, entonces, ¿cómo desaprovechar a un personaje con esas características?

O lo de las abejas. En mi casa una vez hubo una invasión de abejas. Sonaban durísimo y se adherían a los ventanales, tapando toda la luz, pero mi mamá no nos dejaba matarlas entonces las teníamos que espantar con humo. Yo llegaba al colegio con el pie hinchado porque las pisaba y me decían “Pero póngase zapatos”. Incluso un día cayó miel del techo por la invasión que teníamos.

Yo no lo siento tan mágico, sino muy de acá. Pero entiendo que la gente lo interprete como tal.


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¡Estás escribiendo un nuevo libro! Y nos preguntamos: ¿Cuál Sara será? ¿O será una nueva Sara?

Mira, el libro que estoy escribiendo ahora está inspirando en un sitio al que voy que queda frente al mar.

Llegar allá es dificilísimo porque es muy pantanoso. Yo voy porque tengo una cabañita, pero es muy aislado y la comunidad es muy pequeña.

En diciembre que fui no tenían noción de la pandemia y me preguntaban: “¿Qué es lo que está pasando en Medellín?”

La historia se sitúa en ese sitio, entonces imagínate.

Pasan historias muy locas e insólitas que no te crees que pasen en el año 2021. Es una Colombia profunda que nadie ha relatado. Teniendo acceso a esos personajes y a esos lugares siento que salen historias muy chéveres.

¿Qué debe tener una escritora?

Pasión. No se me ocurre un oficio que tenga tanta terquedad como el de escribir. Necesita todo el tiempo del mundo. Es tan desolador a veces, me come los fines de semana y no sé si a la gente le vaya a interesar lo que escribo pero aún así sigo.

Requiere mucha pasión y uno no tiene asegurado nada. El éxito no es publicar, ni vender, ni conseguir lectores, sino que realmente les guste y conecten con lo que escribas. Hay un millón de variables y uno no puede controlar ni una sola de ellas.

¿Tienes alguna rutina para escribir?

Soy muy poca rutinaria. Odio las rutinas.

Ya quisiera yo tener todo el día para escribir. Cuando uno es escritor y publica, existe un poco de trabajo oculto que amerita muchísimo tiempo del cual no te hablan.

Lo duro es promocionarlo y todo lo que hay detrás. Con mi primer libro yo estaba súper agobiada con la agenda de entrevistas, los clubes de lectura, etc.

Mi “rutina” es hacer este tipo de actividades como entrevistas, entrevistas escritas, programas de televisión y radio. Dar clases en la escuela de escritores, lo cual es MUY demandante porque tengo que comentar textos de muchas personas. Tengo la tienda de especias, de la cual tengo que estar pendiente y además le manejo las redes sociales.

Luego cuando voy a ver, no tengo tanto tiempo para escribir.

Para mí los raticos no me sirven, yo me tengo que sentar todo el día y enfocarme. Los fines de semana se los dedico a la escritura, o en las noches me quedo hasta tarde en el estudio porque soy muy nocturna. No pienso bien por la mañana y no me funciona para nada madrugar.

¿Cómo lidias con “La Cabrona”, esa vocecita que todas tenemos en nuestra cabeza y nos dice que no somos suficientes o que no podemos escribir?

Con lo de exponerse he llegado a una conclusión. Cuando escribí “Cómo maté a mi padre” lo hice en medio de una absoluta ingenuidad.

Exponerse es muy complejo y yo siento que lo superé mucho en la escuela de escritores porque me daba mucho temor poner cosas mías, uno se empelicula mucho con eso.

Después de eso me di cuenta de que si uno no está dispuesto a dejar esa exposición de lado, uno nunca va a escribir un texto decente.

Me doy cuenta de que casi todos los textos decentes son aquellos que vienen de experiencias fuertes o de algo que lo inquietó y movió a uno. La mejor literatura sale de esos lugares.

Hay que exponerse y eliminar ese miedo del quehacer literario.

La inseguridad NUNCA se va. Uno siempre se pregunta si gustará o no gustará, o si lo podemos hacer mejor.

El oficio de la escritura es muy particular porque puedes tener cien libros publicados y no tienes la seguridad de que el libro ciento uno va a ser bueno. Hasta Vargas Llosa mencionó esa inseguridad.

El bloqueo está muy ligado con la inseguridad. Cuando la novela va por cierto camino que no me termina de cuadrar mucho me bloqueo, por eso cuando caigo ahí trato de leer los capítulos anteriores y ver qué es lo que no me cuadra.

Mientras más bloqueada esté, más trabajo tengo por hacer, releer y echarle cabeza a lo que tengo que cambiar.

A mí me sirve mucho hacer actividades al aire libre para el bloqueo y la creatividad como salir a caminar, trotar, montar en bicicleta, nadar o salir a regar las matas.

La mente entra en un estado de relajación y a mí me funciona eso.

En Madrid me movía en bicicleta al salir del máster, y siempre que llegaba, tenía todas las ideas frescas. En invierno, cuando no podía montar bicicleta me metí en unas clases de spinning y me ponía a pensar en la novela y me ponía a pedalear y pedalear.

“Cómo maté a mi padre” y “Donde cantan las ballenas” están disponibles en todas las librerías de Colombia, España y a través de sitios online como Amazon y Apple Books.

Definitivamente estos son dos libros que merecen ocupar un puesto en tu biblioteca.