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Blanca Mery Sánchez: “No te creas todo lo que la mente te dice”

Blanca Mery Sánchez Ansiedad

¿Cómo es vivir con ansiedad?, ¿se puede vivir en paz aun teniéndola? ¡Claro que sí!

Corre por papel y lápiz, porque en un InstaLive que hicimos en @asuntosdemujeres hablamos con la terapeuta cognitiva y neurocoach, Blanca Mery Sánchez (@soyblancamery), quien nos dio algunos consejos para pasar de una vida ansiosa, a una más tranquila y enfocada.

En su libro De ansiosos y agotados a tranquilos y enfocados, Blanca Mery nos regala ocho semanas de ejercicios físicos, emocionales y mentales, para hacer las paces con la ansiedad.

¿Qué fue lo que nos dijo Blanca Mery?, léelo aquí

Actualmente nos hemos acostumbrado a usar la palabra ansiedad para todo, aunque a veces no tengamos ansiedad, por eso nos gustaría definirla mejor. ¿Qué es la ansiedad?

Convertimos esa palabra en la coma de las cosas, “qué ansiedad, tengo una llamada”.

Tener ansiedad es pasarla muy mal.

La ansiedad no es una emoción, es un hábito mental. ¿Qué quiere decir esto? Imagínate que tienes una bolsa, dentro de ella guardas un hilo y cuando lo sacas está todo muy enredado; si tiras de él se hacen más nudos, pero si coges una puntica y empiezas a desenredarlo con calma, te deshaces de ese nudo. Así es la ansiedad.

Es cuando confluyen muchas cosas físicas, mentales y emocionales, y está tu mente anticipando el futuro EN NEGATIVO.

Es irónico, porque cuando queremos un cambio POSITIVO en la vida, las recomendaciones típicas que decimos son: visualízalo, afírmalo, y siéntelo. Eso nos pasa con la ansiedad: visualizamos, pero en negativo.

Visualizamos de forma que nuestro diálogo interno se vuelve muy negativo.

“No puedo, no soy capaz, es terrible”, hasta que llegamos a paralizarnos. Luego, sentimos que ya es real eso tan catastrófico que estamos imaginando. Tener ansiedad es generar un hábito mental negativo, de anticipación pesimista.

Cada vez que te vas al futuro a pensar en negativo, estás encendiendo el motor de la ansiedad. Puede ser que te pase en un momentico, o que se quede contigo y se transforme en un trastorno.

¿Cuál es la diferencia entre sentir estrés y sentir ansiedad?

Cuando tengo estrés puedo reconocer el detonante. Tu jefe te dice, “para mañana a las dos de la tarde necesito un informe”, el activador es el informe. Cuando tienes claro qué es lo que te detona, es estrés.

Cuando no sabes qué es lo que te está afectando, pero sientes miedo, tienes ansiedad. La emoción más importante ligada a la ansiedad es el miedo; siempre que tengo miedo de que algo terrible puede pasar, se enciende la ansiedad.

Que no es mala, es tu cerebro diciendo: “mira pilas, está pendiente de todo esto para que no pase nada grave”. Solo que como el cerebro es intenso, nos dice cien veces “pilas, pilas, pilas” y no queremos sentir todo el tiempo esa sensación física que a veces es tan dura.

Podemos aprender estrategias para sanarla, no para quitarla como si fuera una chaqueta.

¿Es posible vivir sin ansiedad?

Yo creo que sería como muy aburrido. El proceso de vivir es un asunto estresante, solo te estresa lo que te importa, esas personas que son cero estrés, no se interesan por las cosas.

El problema es que hay momentos en los que confluyen el estrés y la ansiedad. Es como el juego del huevo y la gallina, ¿el estrés me dio ansiedad o la ansiedad me dio estrés?

Necesitamos entender que la cabeza tiene dos cosas, el freno y el acelerador, ¿cuál estoy oprimiendo?, ¿estoy presionando el freno o voy con el acelerador al fondo hasta que me quemo el cerebro, que es el motor del carro?

¡Eso quiere decir que nos acostumbramos a vivir con ansiedad!

¡Imagínate!, y por eso es un hábito mental. Los chiquiticos que se muerden la uñas, algo está pasando en sus cabezas con sus emociones.

Por eso al comerse las uñas están diciendo: “oigan, me estoy comiendo las uñas porque tengo mucha angustia. Prefiero sentir dolor físico que dolor emocional”.

Hay muchos indicadores que tenemos que empezar a detectar en los niños, adolescentes y en nosotros mismos: ¿Cómo está el tono emocional?, ¿qué me estoy diciendo?

Y aclaro, no es el positivismo tóxico de decir: “hoy es el mejor día de mi vida”. Puedo estar feliz y tranquila, pero tengo derecho a tener un mal día; todas nuestras emociones son válidas.

Pero el problema es que reforzamos esa red neuronal de la ansiedad y cada vez se hace más fuerte. Nos da dolor de estómago, gastritis, colon irritable, migraña, etc., porque todos esas son respuestas físicas de la ansiedad.

¿Hay una ansiedad sana y otra insana?

Realmente toda la ansiedad es buena, ella no es enemiga de nosotros. Lo importante es la interpretación, ¿qué hago yo cuando aparece la ansiedad?

Hay algo que debemos desarrollar todas y es la metacognición, entender qué pasa en nuestra mente; esa es una materia que nos quedaron debiendo en nuestra vida a todos.

Con esta aprendemos a entrenar nuestras mentes para que nos ayude a vivir bien y estar tranquilas. Por eso el libro se llama De ansiosos y agotados a tranquilos y enfocados, porque tenemos que entender la reacción que tengo ante la ansiedad y transformarla en algo más.

¿Cómo podemos acopañar a una persona que tiene ansiedad?

Hay que priorizar la salud mental, hay que dejar de dar consejos basuras tipo: “ay, Maricarmen ¿por qué estás tan triste si eres tan linda?”. Tenemos que aprender a validar nuestras emociones y las de los demás.

Hace un tiempo alguien me preguntó cómo estaba, y dije “muy triste”. La gente no está preparada para esa respuesta. Tenemos que dejar de responder en automático y responder lo que realmente sentimos, decir, por ejemplo, “estoy triste y angustiado, ¡con un aburrimiento!”

Si un día alguien te dice sí, tengo una depresión tremenda, ¿qué vas a hacer?, ¿qué tanto nos estamos capacitando en primeros auxilios emocionales para entender y ayudar, para validar la emoción del otro?

Hablamos de empatía, pero ¿realmente tenemos esa capacidad de abrir la mente y recibir lo que el otro está sintiendo?, decirle “no tengo una recomendación que darte, pero aquí estoy”.

En tu libro hay un plan completo de ocho semanas para gestionar la ansiedad, pero mientras lo hacemos, ¿nos puedes adelantar algunos consejos para poder gestionar mejor esos estados ansiosos en los que a veces estamos sumergidas?

Saca 10 minuticos para revisar tus prácticas de bienestar, algo que te conecte: yoga, meditación, oración, respiración, etc.

¡Sabemos que este video te va a encantar!

Les voy a dar otro consejo poderoso: cuando te sientas muy angustiada, busca una botella o un termito de agua fría y solo sostenlo con las dos manos. Tu cuerpo va a tener la sensación térmica del frío y eso cambiará tus neurotransmisores. De esta forma presionarás el botón de pausa. Si sientes que puedes pasarlo, luego tomas traguitos de agua, pero lo primero es poner el freno de manos.

Todo el reset tiene que partir del cuerpo, aprender a entender qué significa lo que sientes, aprender a relajarte. Todo el tiempo estamos corriendo y no priorizamos el decir “voy a descansar diez minutos, voy a tomarme un tiempo”: nos da culpa y miedo.

Nosotras somos abanderadas de la terapia, nos parece necesaria para todas. Pero mucha gente piensa que tienes que tener un problema para ir. ¿Cómo podemos saber cuándo necesitamos ayuda?

Yo vengo con los regaños amorosos. Volvámonos proactivos, hay que dejar de ser tan reactivo. Tú no vas al odontólogo cuando se te caen los dientes, se supone que uno pasa por él cada seis meses. En el libro hay una prueba con preguntas sobre salud mental que te puede ayudar a saberlo.

¿Podemos prevenir la ansiedad o saber cuándo va a venir?

Tenemos los componentes físico, emocional y corporal.

Hay personas que llegan con la sensación física de un infarto. La gente empieza a buscar por todos lados la causa para decir que no es su mente, ni su culpa; se lo atribuimos al cuerpo, algo no está funcionando en él.

Luego en el hospital te dicen “no, señora; es emocional”, entonces respondemos: ¿y cómo?, ¿cómo se quita? Por eso quise que el libro no fuera el qué, sino el cómo. Llevar el acelerador a fondo mucho tiempo, hace que empecemos a tener una respuesta física inadecuada y desagradable.

Si sé que voy a estar en una presentación de un proyecto, me da miedo. Sé que voy a tener tensión acumulada, así que tenemos que tomar la caja de herramientas y buscar qué hacer para relajarnos.

Haz una lista de 10 cosas que te generen relajación.

¿Cómo me voy a relajar hoy?, puede que sea una copita de vino, salir a caminar; pero predisponernos para relajarnos.

Luego está la mente. Las afirmaciones son poderosas, pero tenemos que creérnoslas. Mi afirmación es: yo pude, yo puedo y yo podré. Si no hubiera podido, no estaría acá; puedo porque trabajo para hacerlo y podré porque el futuro lo creo yo.

Hay personas a las que una oración les baja la angustia. Es lo que resuena con cada uno.

No se crean todo lo que la mente dice, ¿cuántas veces nos ha dicho mentiras? Nos encantan las películas de terror, pero somos nosotras mismas creando cuentos.

Les enseño este consejo: cuando estén próximas a una situación que les dé miedito, siéntanse y pónganse en el escenario de qué sería lo peor que podría pasar.

Ahí dicen: si me despidieran, ¿qué sería lo peor?, ¿qué haría?, ¿me muero de hambre o, más bien, busco trabajo? Cuando aceptamos que algo feo podría pasar, pero que hay al menos una acción que podemos tomar, la ansiedad dice: “ah ok, vas a hacer eso. Ok, me voy”.

Parece una bobada, pero lo que necesitamos es entender cómo funciona la mente, porque entendiéndola es que vamos a poder reprogramarla, -que es el reto grande que tenemos-.

Pregúntate qué necesitas. A lo mejor y lo que necesitas es hidratación, cerrar los ojos dos minutos, regular tu sueño, salir a caminar. Por eso es que esto de entendernos no es una fórmula mágica. Se adapta a las circunstancias y a tu contexto.

¿Dónde estoy con la que tengo? ¡Aquí y ahora!

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Hay una parte de tu libro en la que hablas de la influencia de los alimentos en nuestro estado de ánimo. ¿Es cierto que los alimentos pueden influir?

Hay alimentos que te potencian estados de ánimos más placenteros, hay otros que nos dan durísimo y nos llevan a sentirnos angustiados y tristes.

Hay que entender qué alimentos me potencian. Si hablamos del chocolate negro, un cuadrito consciente. Puedes olerlo, sentirlo, comértelo sintiéndolo. El agua, mientras más abrumados estamos, más agua debemos tener para eliminar el estrés.

Lo otro son los prebióticos y los probióticos. Los pre son las frutas y verduras; los pro son los fermentados. Mejoran la microbiota, y al consumirlos, te levantas y tienes energía de verdad.

Es hacer acciones chiquitas que, cuando las integras, te cambian de verdad la vida, eso hace que a largo plazo te sientas con más energía y motivación.

Entonces así viviremos en la realidad, seremos más activas y cultivaremos el bienestar.

Encuentra en las pequeñas y sencillas acciones que, si las haces prolongadamente, cambiarán tu vida y la de las personas con las que interactúas.

Puedes encontrar “De ansiosos y agotados a tranquilos y enfocados” en todas las librerías de Colombia. Pronto llegará una versión digital. Mientras, aprende a entrenar tu cerebro con Blanca Mery Sánchez, encuentra el link en su perfil de Instagram:

 
 
 
 
 
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