María Antonia León: “Hay que aprender a percibir a las madres como seres humanos y no como seres perfectos o divinidades”

María Antonia León, autora de El Oráculo térmico

Siete años pasó María Antonia León ( @antoniaporescrito ) dándole forma y escribiendo su primera novela El oráculo térmico, ganadora del Premio Bienal de Novela Corta “Roberto Burgos Cantor”.

Soy Maricarmen Cervelli ( @maricarmencervelli ), y tuve el placer de entrevistar a esta escritora colombiana, quien me contó todos los detalles de su novela y el arduo proceso creativo que vivió mientras la escribía.

“El oráculo térmico” cuenta la historia de Amanda, una mujer que da a luz a una bebé y la abandona en el hospital. Al huir se encuentra de frente con la tragedia de Armero, ocurrida en 1985, y se presenta como una antiheroína que rompe con la noción idealizada de familia y maternidad que hemos aprendido.

"El oráculo térmico", ganadora del Premio de Novela Corta "Roberto Burgos Cantor", es la primera novela de la escritora colombiana, María Antonia León.

Debo decir que son 147 páginas impactantes, desgarradoras y honestas, atravesadas por una historia de violencia, machismo, barbarie, pobreza, dolor y valentía; contada con maestría, de una forma metafórica y poética.

La autora confiesa que su pulsión por la escritura llegó en su primera infancia. Desde niña le ha gustado contemplar, observar y compartir, de una manera sensible, las vivencias que ha tenido.

Esta pulsión, de la que habla María Antonia, la llevó a estudiar periodismo, pero con el tiempo, a pesar de amar su carrera, se dio cuenta de que necesitaba un oficio menos “instrumentalizado” y más literario.

Cuenta que hace nueve años, encontró en su carta astral “toda la energía de aire” que habita en ella, esa energía de escritora, de creadora; “ese don de desdoblarse en diferentes personalidades y jugar con las perspectivas”; esa capacidad de ponerse en zapatos ajenos para poder prestar su voz a otras experiencias y miradas.

Todo esto, más una serie de lo que ella denomina “eventos astrológicos”, sirvieron la mesa para darle vida a este libro, ¡y a los que vendrán!, porque María Antonia León emana letras y textos con solo respirar.

Así que mi invitación es a leer “El oráculo térmico” y seguirle los pasos a esta escritora, docente y astróloga colombiana.


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De tres generaciones a Amanda

¿Por qué después de que querías contar la historia de tres mujeres, de tres generaciones distintas, te decantaste por Amanda, la protagonista de esta novela?, ¿qué te hizo dar ese giro?

Yo tenía la claridad de que quería ser escritora, pero uno puede tener unos elementos vocacionales para desarrollar un lenguaje artístico y, aún así, no tener la técnica que se requiere para contar lo que quieres contar o para construir la obra de arte que sueñas.

Entonces, yo ya había transitado por varios talleres de escritura que me habían dado algunas pistas, pero que eran insuficientes para lo que yo quería construir.

Entré a hacer una maestría (de escritura creativa), que fue como una gran decisión, porque me ayudó a penetrar más profundamente en la técnica, en los referentes, etc. Un día un profesor en la maestría me dijo, “María Antonia, es que tú estás escribiendo tres novelas”.

Efectivamente, yo quería escribir tres novelas; o sea, eran tres historias, como algo tan largo, como una saga familiar tan ambiciosa, que cuando escribes tu primera novela y te entregas a un proyecto por primera vez, pues, uno debe tener humildad y tratar de crear lo que estás en capacidad de crear.

Porque cuando abres demasiado la perspectiva, te dispersas más. Entonces ahí fue cuando yo me fui cerrando y entendiendo qué era lo que yo realmente quería contar.

Yo siento que en el fondo, la novela, aunque se centra en Amanda, sí está contando la historia de esas tres mujeres que yo quería contar.

Ese gran origen, desde lo personal y autobiográfico, surge porque yo empecé a notar esta condición que tengo de observar.

Yo soy, ante todo, una observadora; empecé a notar que entre mi abuela, mi mamá y yo había dos abismos, tres abismos; o sea, me decía, “por Dios, no entiendo qué es lo que nos ata”.

Aparte de los lazos de sangre, psicológicamente me parecía que estábamos muy lejanas, tan lejos, que yo quería entender, ¿por qué existían esos abismos entre nosotras?

Y ahí empecé a transitar por la construcción del libro.

Al final, Amanda es como mi voz. Yo no soy madre, pero es como la voz que yo le presto a mi madre que abandona a su hija, que soy yo. Entonces, es un bucle donde se están contando las historias de esas tres mujeres, pero usé la plasticidad para permitirme penetrar desde cada una y mostrar cómo cada una también habita la otra.

Yo anoté una frase de tu libro que dice: “Madre, no acepto ser madre y renuncio como tu hija”. Esto me hizo mucho sentido, porque en tu novela hay un tratamiento de la maternidad muy disruptivo. Háblame de esas maternidades que muestras en tu libro.


Yo creo que un gran tema que atravesó toda mi historia psicológica fue el abandono que recibí por parte de mi mamá.

Siempre me he considerado una niña huérfana, aunque desde cierto punto de vista no lo soy.

Yo tuve a muchas personas en mi proceso de crianza, acompañándome, sosteniéndome. Mi abuela, mi abuelo, mis tías, mis tíos; o sea, en realidad, tenía varias mamás y varios papás, pero nadie llevaba un proceso, ¿sabes?, nadie me daba la “estructura” que necesitas cuando eres niña.

Hoy yo escucho a las personas que hablan sobre crianza responsable, explicando lo importante que es para los niños tener rutinas, y digo, “¡Dios mío, yo no tenía rutinas!”.

Yo tenía una mamá un día y al día siguiente estaba con otra, porque se rotaban mi crianza; entonces eso también hace que se pierda el sentido y, que al mismo tiempo, haya una sobreprotección, pero que no es una protección en sí misma.

¿Sentiste que te criaron a retazos?

Sí, exactamente. Eso también me hizo hacerme muchas preguntas desde mi infancia sobre lo que es ser madre y LA MADRE.

Yo recuerdo que uno de los momentos más traumáticos de mi vida fue cuando me tocó aprender a leer, y la primera frase fue “mi mamá me ama”.

Yo solo pensaba que el lenguaje me estaba agrediendo. La primera frase que aparece ahí para nombrar el mundo, es una frase que me violenta porque mi mamá no me ama, mi mamá no me mima. Mi mamá se fue y me dejó con una abuela y con otras señoras.

La segunda frase fue “mi papá me ama”, y mi papá tampoco me ama, mi papá también me abandonó; también se fue.

Entonces esas son cosas que muestran cómo la lengua madre te violenta. La patria madre te violenta, y por eso, hice esta analogía que aparece (en la novela) con el Volcán Nevado del Ruiz, que muestra que la tierra madre te violenta; te pare y luego te mata.

Se supone que tú como tierra me sostienes y, de repente, ya no me sostienes, sino que me arrasas con mi vida y con mis cosas. Para mí eso era muy poderoso porque además vengo de un gran culto a la maternidad por ser de Manizales.

Cuando sobresaturamos de devoción a la maternidad, lo que hacemos es que esta se convierta en cáncer, en una enfermedad, porque ya no protege, sino que asfixia; porque ya no cuida, sino que esconde.

Creo que hay que aprender a percibir a las madres como seres humanos y no como seres perfectos o divinidades.

Divinizar a la madre o divinizar la maternidad es muy peligroso, porque es lo que lleva a que muchas mujeres no se sientan completas al no ser madres, o es lo que lleva a que muchas madres sientan que no son buenas como seres humanos, porque no están desarrollando este ideal.

Yo pienso que mi libro busca exponer una perspectiva tan descarnada que permita entender cómo ella (Amanda) no tiene la culpa, no hay unas condiciones sistémicas a su favor y hay unas situaciones y un montón de contextos que le impiden ser una buena madre. Igual, sufre por eso.


Hay un nivel de rudeza en tu libro que grita: “Voy a arrasar con todo”. ¿Esto fue intencional?, ¿era lo que querías hacer?

¡Sí!, esta novela es muy escorpiana, es muy plutónica. Plutón rige los volcanes, Plutón rige la violencia interna.
Yo creo que muchos de los fragmentos del libro fueron escritos desde la rabia, desde el dolor, desde la injusticia; porque efectivamente yo fui entendiendo que las razones por las cuales mi mamá, tomó las decisiones que tomó, eran totalmente comprensibles a la luz de su historia, a la luz de todas las violencias que tuvo que soportar y que se naturalizaron en su entorno familiar.

Yo, de alguna manera, sentía que, “mi mamá, sí quería ser mi mamá, pero es que no la dejaron”.

A ella no le dieron las condiciones que necesitó para desarrollarse de una manera más amorosa, de una manera más completa, más sincera en esto que ella quería hacer.

Entonces, ahí había mucha rabia, porque sentí que “le impidieron a esta flor nacer y desarrollarse plenamente”; la mataron, la destrozaron, y, por supuesto, después vinieron a reclamarle por qué no había florecido.

¡Es absurdo, es muy absurdo!

El libro tiene eso, tiene ese sentimiento de injusticia, de rabia y de inconformidad frente a las condiciones que se plantean para esas mujeres que nacen en esos entornos familiares tan cerrados, tan conservadores y tan asfixiantes para ellas.

Es que bajo la premisa de que hay que atender a la familia, hay que cocinar, hay que cuidar, etc., se esconde un mensaje de esclavización contra las mujeres.

Esconde el mensaje de que las mujeres tienen que estar sometidas, porque no pueden desarrollarse más allá de los quehaceres domésticos, y eso es muy injusto.

Yo pienso que logré transmitir esa rabia.

Me llamó mucho la atención que en esta historia no es el papá la cabeza de la familia, sino un hermano. Ese al que le tenemos miedo, el que es violento; el que manda. Háblanos un poco de esa violencia que representas a través de ese hermano.

Justamente todo esto proviene de elementos muy autobiográficos, a pesar de que la novela es totalmente ficticia, pero los elementos que dan origen a la historia son sacados de mi propia vida y de mi historia familiar.

Y en mi historia familiar hubo un personaje profundamente violento y agresivo, que generó muchas situaciones de violencia en mi casa y cuyas acciones fueron totalmente perdonadas y naturalizadas.

Es como, no sé, sentémonos a la mesa con este hombre que nos ha agredido y maltratado de tantas formas y ¡yo eso no lo podía aceptar!; yo soy una exiliada de mi familia, soy una exiliada de mi hogar, porque no podía aceptar pertenecer a una familia que permitía eso.

No lo acepto, no lo perdono.

Yo sé que el perdón es algo importante en el mundo espiritual, pero creo que hay cosas que son imperdonables; hay cosas que realmente no se pueden perdonar.

Necesitamos hablar, como dice Jineth Bedoya (periodista y activista colombiana): “No es hora de callar”.

Creo que también hay un silencio que es mucho más violento que la misma violencia, y es crecer rodeada de tantos secretos familiares tóxicos, que hemos callado para que podamos tener una buena Navidad. Eso no es correcto, eso es muy peligroso y me parece que es enfermo, que así no se puede construir una verdadera armonía familiar.

Por otro lado, creo que yo también quería generar una crítica contra esta construcción tan conservadora del papá, la mamá y los hijos, vistos como la estructura correcta familiar.

En muchas familias esa estructura está transgredida, y las hermanas o hijas terminan tomando el papel de la madre, a veces, incluso, violentadas sexualmente por el padre.

En otros casos, ocurre, como en esta familia, que es el hermano quien toma el papel del padre y violenta a sus hermanas como si fueran sus hijas o sus sirvientas, y la mamá es como la esposa de ese hijo mayor, a quien ella respeta tanto.

Yo dije, pues, vamos a exponer esto y vamos a mostrar cómo en lo convencional no hay nada convencional, al contrario, puede haber muchos roles que, al cambiarse y transgredirse, generan problemas mucho más profundos a nivel sistémico.

Cuando esto se estudia desde el punto de vista de las constelaciones familiares, empiezas a observar cuáles son los problemas que se derivan de esos roles que se ocupan en el lugar que no corresponde.

Cuando personas de tu familia leyeron la novela, ¿qué dijeron?, ¿se vieron reflejados ahí?

Como el libro salió hace relativamente poco, yo creo que todavía hay personas en mi familia que lo están procesando; pero ya he tenido algunas conversaciones importantes.

Es que este no está contando la historia real, sino que está tomando elementos de la realidad, pero puestos en un escenario ficticio, inventado por mí.

Yo también quería cuidar, dentro del proceso de creación, a las personas que son dueñas de estas historias y cuidarlas en el sentido de que cuando lean la novela, puedan inteligentemente descubrir dónde están reflejados, pero que al mismo tiempo no se sientan atacados. Como cuidar mucho el proceso estético y la arcilla con la que está construida.

El proceso creativo de “El oráculo térmico

Cuéntanos un poco sobre el proceso de creación de tu novela.

Fue un proceso muy largo y difícil.

Ahora que lo miro desde la distancia, ahora que ya el libro fue publicado, que ya pude descansar el postparto, ahora que ya me comí las 40 gallinas y todo, he entendido que una de las cosas más difíciles de escribir este libro fue la confrontación emocional con los hechos.

Hay escenas muy violentas (no vamos a hacer espóiler). Llegar a esas escenas y construirlas fue liberador, pero también siento que fue muy doloroso recapitular esos momentos.

Creo que también en el proceso creativo hubo “demonios intelectuales” que son muy propios de las mujeres que escribimos. Yo creo que las mujeres que escribimos somos más autoexigentes por nuestra misma condición de mujeres. Los hombres confían mucho más.

Los hombres tienen una autoconfianza que está alineada con su naturaleza, ellos se mueven por la vida como peces en el agua. Tengo muchas amigas escritoras que pasan por estos mismos procesos de “tengo dudas”, “será que soy buena”, “me van a leer o no me van a leer”. Es muy difícil.

Hay muchos muros que tenemos que romper juntas para que la próxima generación de escritoras entren con más confianza, con más rapidez; o sea, que puedan empezar a publicar más jóvenes y que puedan confiar en que sus obras son buenas y se van a leer.

Entonces, si tú sumas lo intelectual, un contexto patriarcal y machista, y un tema emocional, pues por eso, me tardé siete años. Antes me rindió (dice entre risas), ¡porque fue luchar con tantos muros!

En Asuntos de Mujeres tenemos un personaje ficticio llamado “La Cabrona”. Se trata de esa voz en la cabeza que nos dice, “no eres suficiente”, “ve y estudia más”, “Fulanita es mejor”.

¿A ti se te activó “La Cabrona”?, ¿qué hiciste?

Me encantaría poder decirte que lo hice por mis propios medios, pero no fue así.

Hasta hace muy pocos meses, antes de presentarme al concurso, yo recuerdo que le decía a mi esposo, “ay, yo no voy a ganar; es que ya leí la novela otra vez, es malísima”.

Pero pasó lo del concurso de Medellín, quedé finalista y empecé a recibir mensajes de mis profes de la maestría, de profes de talleres que me decían, “María Antonia, felicitaciones”, “hay que publicar ese libro, María Antonia”, “¿pero, qué es esto?”

Era el universo mandando sus guías espirituales y mandando personas que revirtieron todo ese pensamiento tan pesimista que yo tenía.

Eso también fue una lección de vida para mí, una lección respecto a mi trabajo, porque yo todo el tiempo en clases les digo a mis estudiantes, “confíen, confíen, confíen”; pero yo no confiaba en mí misma.

Quisiera poder decir que enfrenté sola a La Cabrona, pero no. Llegaron otras personas a meterse en mi cabeza y a dialogar directamente con ella; llegaron emisarios y emisarias del universo, seguramente llamados por mí en mi inconsciente, que me ayudaron contra eso.

Todo esto hace que también me pregunte cuántas mujeres estaremos en esa misma posición, cuántas mujeres estarán ahí con sus embarazos de años y años, y gestando y gestando, ¡y ya esos libros van a nacer necomiados!

Te voy a hacer una pregunta como de niña chiquita: ¿Cómo haces para escribir esas metáforas tan espectaculares? El lenguaje metafórico que usas en tu novela es tan brutal.

Obviamente, la lectura es fundamental. Yo creo que la lectura para la escritura es como el abono para las plantas, es como cuando tomas vitamina D, C o B12; es lo que realmente permite que se genere la fuerza creativa.

Pero yo tengo un método de escritura. Mi método es construir las historias a partir de imágenes poéticas.

Creo que encontrar este método fue algo supersalvador, porque justamente siento que es un método superfemenino, ¿sabes?

Pienso que con mi método de crear y estructurar la historia a partir de imágenes poéticas, yo puedo darle plasticidad a lo que estoy contando.

Entonces, por ejemplo, esa primera imagen poética que aparece en el libro es la primera palabra, o sea, la pregunta con la que empieza el libro, “¿Qué tan desgarradita quedaste?” La imagen poética que aparece ahí es el desgarro vaginal.

Las mujeres que tenían hijos antes, —esto estaba ocurriendo en 1985—, casi todas las que parían de forma vaginal se desgarraban. Obviamente, había desgarros más grandes y otros más pequeños, pero siempre había un desgarro, hay un momento en el que ya la vagina no puede más y se rompe.

Sí, se rompe. Para mí esa fue la primera imagen poética que apareció, porque yo decía, “esto significa que parir es desgarrarse”.

¿Qué tan desgarrada queda una mujer al parir?, y con esto no solo estoy hablando de la vagina y del cuerpo. ¿Qué tan desgarrada queda en su interior, en su corazón?, ¿qué tan desgarrada queda su vida profesional?, ¿qué tan desgarrada queda su mente?

Esa es la primera imagen poética, y de ahí en adelante, empecé a construir cada capítulo.

Toda mi estructura narrativa es una estructura muy distinta a la que sueles ver, porque no dice “la señora llega al hospital”; no son las acciones desnudas, ¡son las imágenes poéticas!

Otra imagen poética es la ceniza. Nacer en medio de la ceniza, o sea, imagínate nacer casi en medio de un apocalipsis.

Esto es como la vida abriéndose paso a través de la muerte y la muerte presente, esperando la vida para volver a llevarla a la muerte.

Yo nací exactamente 40 gallinas antes de que el volcán explotara, o sea, mi mamá terminó de comer las gallinas el 3 de octubre, y el volcán explotó el 13 de noviembre; ¡40 días exactos! Y en Manizales caía la ceniza. Entonces, yo toda la vida pensé, “yo nací en medio de una lluvia de ceniza”. Esa imagen poética es tan poderosa, que en sí misma contiene poesía infinita. 

Entonces, yo creo que cuando tú construyes una historia, sea un cuento o una novela, a partir de imágenes poéticas, es mucho más fácil poder encontrar una prosa poética.

Quisiera que le dieras un consejo a todas esas autoras que están intentándolo y que están en ese sube y baja de la escritura.

Yo creo que la clave viene dada en dos palabras: técnica y confianza. 

Si yo sigo mi técnica, y sé que mi técnica funciona, estoy siendo honesta.

¿Recomiendas prepararse más? ¿No que sea un proceso autodidacta, sino buscar un buen máster o un buen curso de escritura?

Sí, totalmente. No creo que haya que sobre estudiar, estudiar demasiado. Hay personas que en un taller de escritura obtienen las herramientas que necesitan para construir sus textos. No tiene que ser “hacerme profesional“ y obtener un cartón.

Por ejemplo, te digo sinceramente que yo no me pude considerar a mí misma como escritora, hasta que no tuve el cartón de magíster de escritoras creativas, pero esa fui yo, porque tengo problemas de autoconfianza.

También me parece absolutamente válido que una mujer pueda llamarse a sí misma escritora porque subió su poemario, a pesar de que nunca pasó por un curso de escritura creativa.

Me parece absolutamente válido. Creo que lo importante es ser honesta contigo misma. Si yo, honestamente digo, “soy escritora”, y lo creo en mi corazón, ¡maravilloso! Nadie tiene que venir a legitimar lo que soy.

Pero la técnica ayuda mucho a fabricar esa confianza, porque creo que la técnica permite que uno tenga una base, un motivo de base de su proyecto, que le da también respeto y seriedad; así honras el proceso creativo y lo haces desde el conocimiento. De ahí en adelante tienes que confiar.

¿Qué viene ahora?

Acabo de terminar un libro de cuentos, que se construyó paralelamente con la novela; entonces estoy esperando a ver qué va a ocurrir con ese otro libro, viendo si tiene la oportunidad de nacer de pronto el próximo año o si necesita un poquito más de tiempo. Estoy ahí, estoy como en esa bisagra.

“El oráculo térmico” está disponible es versión impresa y digital.

Gracias a Editorial Planeta (Seix Barral) por hacer posible esta entrevista.

La foto principal pertenece al Instagram de la autora.

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