Maternidad: un experimento de cada día

En el post pasado, les hablé de esas cosas inesperadas que nos suceden cuando nos convertimos en mamás. Hoy quiero hablarles de la llegada de ese momento: El puerperio y la aventura de ser madre.

  • Sabemos que los bebés vienen sin manual y que aprendemos a ser mamás siéndolo.

Mi amiga Nadya Katich dice que la maternidad es un experimento de cada día. Y coincido profundamente con estas palabras. Un experimento. Un ejercicio arriesgado. ¡Pero vale la pena! ¡Y es necesario!

Si entendemos que este camino se recorre sin fórmulas predeterminadas, sin ideales ni prejuicios, y que la mejor brújula está adentro, en nuestro corazón, podremos recorrerlo más tranquila y libremente.

Mientras recorres el camino ¿Qué hacer?

Cuida de ti

Cuidar de ti va desde dormir cuando tu bebé duerme y alimentarte bien, que ya lo habrás oído antes, hasta ir paulatinamente recuperando espacios para ti. Pero cuidar de ti tiene que ver especialmente con tratarte bien, con compasión, con paciencia, sin juzgarte, sin castigarte ni culpabilizarte, porque no sabes, porque todavía algo te cuesta, porque te equivocaste en una decisión o porque no te comportas como el ideal que tenías en mente. ¡Se vale cambiar de opinión! De hecho, es parte del ejercicio y del aprendizaje. Se vale corregir, aprender, llorar y celebrar. Buscar lo que necesites y preguntarte con frecuencia: “¿qué necesito en este momento?”. Escucha tu cuerpo y reconoce tus emociones. Llora cuando necesites hacerlo, y di que no puedes cuando sientas que es así. En resumen, trátate como quisieras que te trataran los demás: seguramente sería con amor, delicadeza y respeto

Re-conócete

“Nace una mamá, nace una nueva mujer”, me gusta decir. La maternidad, si nos dejamos tocar por ella, mueve fibras muy profundas en una mujer: las vivencias como hija, la postura frente a la propia madre, la conciliación de la mujer que eras con la nueva en la que te convertiste. Esto es un ejercicio de transformación precioso cuando se aprovecha. Es importante reconocerlo, darse lugar a conocer esta nueva mujer que emerge con las nuevas consideraciones que hace sobre su pasado, su historia, sus peleas internas, sus juicios y prejuicios sobre la maternidad y los hijos. Vale la pena darse cuenta de ello y aprovecharlo para dar un nuevo sentido. Sólo así será posible llegar a apreciar y disfrutar de las mamás que somos realmente.

Prepárate

Para el posparto anticipamos muchas cosas y procuramos prepararnos lo mejor posible en algunas de ellas como la lactancia y los cuidados del bebé. Indudablemente esto es muy importante, pero también es importante preparamos para la revolución interna que puede implicar el puerperio desde el punto de vista emocional y psicológico. Tomar consciencia de que es un tiempo diferente: física, emocional y psicológicamente y que nos encontraremos en un estado muy distinto a cualquier otro que hayamos vivido y los aprendizajes irán acompañados a veces de grandes luchas internas. Es un proceso. Suelo decir que una preparación para el parto debe servir para el posparto. En el parto sabemos que a una contracción le sigue la pausa, el descanso, la recuperación. Y luego viene la otra. De igual manera en el puerperio eventualmente nos encontraremos con un reto que implicará un ajuste y un aprendizaje. Lo celebraremos y lo disfrutaremos. Y luego vendrá otro más. Hay que contar con eso.

Acompáñate

El encuentro con la maternidad es una vivencia personal y subjetiva, pero eso no significa que deba vivirse en soledad o aisladamente. Cada vez surgen más espacios en nuestra ciudad donde las mujeres pueden reunirse y compartir experiencias sobre la maternidad. 

Cualquiera de estas alternativas es un bálsamo para una mamá en crecimiento: escuchar las historias de otras mujeres aviva nuestra creatividad y nuestra imaginación, aclara o reafirma decisiones y elecciones, y aliviana el sentimiento de culpa y la soledad que en muchos momentos acompaña el des-cubrirnos como mamás.

Pide ayuda… o acéptala

Me encanta invitar a las mamás, cada vez que tengo ocasión, a burlarse y sacarle la lengua al mito de la «Supermamá». Este nivel de exigencia en perfección y eficiencia es muy pesado de llevar, innecesario y por demás imposible de cumplir. Pero no es algo netamente cultural. Los monstruos se aparecen a quienes les tienen un espacio reservado. Es decir, vale la pena revisar lo que obstaculiza o hace peso en la posibilidad de hacer algo con la maternidad de una manera sana y tranquila: los temores, los ideales, la autoexigencia. Y es importante identificar si se es capaz de lidiar con ello o si se necesita ayuda. Así que la ayuda se puede pedir o recibir en cosas como repartir cargas o responsabilidades en pareja. Pero también en buscar apoyo profesional si sentimos que algo sobrepasa nuestra capacidad emocional y que el sufrimiento se impone en esta experiencia. Esta ayuda puede servir para plantearnos las preguntas adecuadas y permitir nombrar lo no dicho. Una mamá que se hace cargo de sus sentimientos y contradicciones, se libera de presión y quita peso que estorba en la relación entre ambos.

bebe buennacer

 

Orejas de pescado

Mi querida amiga Cata usa esta frase cuando relata cómo en una decisión importante en su vida decía “¡tengo orejas de pescado!” ante las múltiples opiniones y comentarios que recibía sobre lo que debía hacer.  Taparnos los oídos como si fuéramos pescados y sumergirnos dentro, viajar al fondo de nuestro interior para acallar todas esas voces externas y escuchar sólo nuestra propia voz, termina siendo necesario para poder encontrar y discernir qué queremos hacer, con congruencia y con amor. O al menos para empezar a intentarlo. La brújula de este viaje siempre está en el interior.

9 meses

Nadie jamás ha estado tan cerca de ti en tu vida. Ni tú tampoco en la de nadie. Han sido días, meses, semanas, segundos, del contacto más íntimo e ininterrumpido que dos seres humanos puedan experimentar. Y eso está ahí cuando nacen. Está en los dos. Nadie podrá jamás llegar a conocer a tu bebé mejor que tú. Nadia jamás podrá criarlo mejor ni ser una mamá mejor para tu bebé que tú. Confía en eso. Es una verdad absoluta. Sólo necesitas tiempo. El tiempo que nos da la vida y la naturaleza para irlo descubriendo. Recuerda esto mientras recorres tu camino del viaje de retorno. Recuérdalo si te sientes perdida o desorientada en algún momento. Y recuérdalo también cuando celebres que estás de vuelta.

¡Buen viaje!

Conoce más del programa «buennacer» aquí.

Fotos: Pixabay y Stocksnap.io