La historia de mi relación violenta «sin un solo golpe»

Violencia sin golpes Asuntos de Mujeres

El querer hacer feliz a los demás y escudarme detrás de eso para no encontrarme a mí misma, me llevó a una relación tóxica, después de un mes de salir de otra relación tóxica. En la primera estuve casi 2 años y en la segunda 5, con un total de 7 años envuelta en relaciones que me hacían daño por completo.

 

Hablemos solo de la segunda, porque ahí me casé…

Estaba con la persona que yo creía que quería en mi vida, pensando que era lo que necesitaba. Él era un hombre detallista, educado, atento y bueno; pero también amargado, violento y egoísta.

Él se metió en mi mente hasta hacerme creer que yo era la amargada, la violenta y la egoísta; además de mentirosa, vengativa y calculadora, alguien incapaz de hacerlo feliz.

Él decía que aún así… me amaba.

Mis ganas de hacerlo feliz, aguantando malcriadeces, maltratos verbales y gritos, me hicieron cometer errores para «escapar de mi realidad».

Durante nuestro noviazgo, cuando se acabó la etapa de enamoramiento y él comenzó a dar señales de su actitud, empecé a sentirme aislada y ahogada. En ese momento, me di cuenta de que toda mi vida quizá sería así, una vida llena de él y todos sus vacíos, traumas, drama y estrés constante. Una vida en la que él «me complacía», dándome lo que él creía que yo necesitaba,  pero sin ser realmente escuchada y tomada en cuenta.

En lugar de terminar con él, comencé a conversar con alguien que conocí por internet, alguien a quien nunca vi en mi vida, pero con quién hablaba todos los días. Nunca pensé que haría eso, pero pasó.

Mi novio siempre revisaba mi celular, y yo que soy tan descuidada, dejé abierto todo. Él lo leyó y se enteró, fue una pesadilla, no era para menos… En aquel momento terminé con él porque si había hecho algo así, era porque ya para mí no estábamos funcionando.

Y recuerdo que me dijo: “Definitivamente yo soy mucho para ti».  Y me lo creí.

Después de terminar, me llamaba constantemente; también llamaba a mi mamá, a mi padrastro y a todas mis amigas para hablar mal de mí. Me esperaba afuera de la casa y me enviaba fotos para que viera lo que estaba haciendo por mí.

 

De todas maneras, volvimos a estar juntos

 

A pesar de todo, a los seis meses volví con él. Le escribí una carta diciéndole que lo perdonaba y que también me perdonaba a mí misma; luego de esa carta hablamos por teléfono, nos volvimos a ver y ahí comenzamos de nuevo.

Hoy entiendo que volví con él, porque cuando terminamos, me vi obligada a enfrentarme de la peor manera a mí misma. Así que tomé la vía fácil -que era volver con él-, convencida además, de que era cierto lo que me dijo tantas veces: que yo lo necesitaba en mi vida, que yo sin él era un desastre, que todas mis malas decisiones habían sido porque no estaba él para cuidarme, protegerme y guiarme; porque sabía mejor que nadie lo que yo quería, lo que pensaba y lo que sentía.

 

Y es que yo estaba tan deprimida…

Ademas, recuerdo que me dijo que no entendía porqué él debía ser perdonado, pero que sí entendía porqué él debía perdonarme a mí. Esta era otra señal que no yo no era capaz de ver en su momento: el hecho de gritarme cada vez que podía, ignorar lo que yo quería y usar mis defectos, errores y traumas a su favor, era algo que era normal para él.

Yo me hice responsable de mis cargos por completo, y sí, creí que él tenía razón, que yo había sido la que estaba mal en todos los aspectos y que había sido una impulsiva e inmadura. Él fingió perdonarme por todo y «seguirme amando a pesar de todo»…

Yo siempre supe que ibas a volver«, eso me decía.

Volví más sumisa que nunca, volví arrepentida y llena de culpa; y él alimentaba ese sentimiento siempre, desconfiando de mí.

Al volver, ninguno de los dos habíamos cambiado ni mejorado; yo solo quería remendar el error de haberme ido, aceptando toda la culpa, pero él nunca pensó que había hecho algo malo, así que seguía con la misma actitud.

 

Cuando volvimos, todo fue bonito y emocionante; y yo creía que al fin, todo iba a estar bien.

Yo estaba con mi mayor oponente y creía que él me aceptaba como era, (aunque yo sentía que como era, estaba mal). Esa persona que me protegía, me cuidaba y me amaba tanto, me amaba a pesar de todo… ¿Qué había hecho yo tan bueno como para merecer tanto?

Los opuestos se atraen, suelen decir; también dicen que es bueno estar con alguien que te complemente… Y como yo soy tan pasiva, estaba con alguien agresivo, así que creía que estaba bien; yo soy desordenada, necesitaba a alguien que me regañara constantemente por mis desorden; yo que siempre quiero salir y soy amiguera, necesitaba alguien que me quitara esas ganas, alguien que me dijera constantemente que era una inmadura por querer tener amistades; yo que soy una soñadora, estaba con alguien que me anclaba día tras día porque creí que era lo que necesitaba.

Estaba en una relación enfermiza, llena de daños, heridas, errores, manipulación, control y mucha sumisión. Ya los momentos buenos no podían seguir tapando lo que era obvio: y es que todo estaba mal desde un principio. Mi imposibilidad de estar sola, que viene desde mi niñez y mi sumisión, sumado a sus traumas de niñez y su control, se habían convertido en una bomba de tiempo que me estaba matando.

Se quejaba constantemente de todo, y yo trataba de subirle el ánimo; hasta que un día me dijo que parara de ser como un libro de autoayuda.

Luego de eso, dejé que se quejara, mientras yo me quedaba en silencio, y eso también fue un problema porque yo no decía nada. Duré dos años sin salir con amigas, porque “es de inmaduras querer tener amigas».

Me decía constantemente que era una mentirosa, por lo menos, unas 5 veces a la semana, hasta que ya era parte de mí y ahora creo que eso soy, una exagerada y una mentirosa.

Recuerdo como bromeaba diciendo: “ay, ahora te maltrato»; cada cosa que contaba tenía algo negativo o yo lo había hecho mal; cada día iba diciendo menos de mi vida para evitar regaños, quejas o alguna burla, entre otras cosas… Sus burlas hacia la “idea del feminismo” eran parte de todo.

Yo me fui encerrando cada vez más.

El principio del fin

Creo que el comienzo del final comenzó cuando llegué de ver por 15 días a mi familia, y estaba muy triste porque no sabía cuando volvería a estar con ellos. Y aunque yo solo pedía espacio, tiempo y su apoyo para vivir mi dolor, que era mío, lo convirtió en algo en su contra y ahí comencé a llorar a escondidas en el baño para no afectarlo.

Sufrí alrededor de cuatro ataques de pánico estando con él, y algunas veces hasta ganas de lanzarme por la ventana de mi casa.

Entre tanta soledad de estar lejos, entre depresión, manipulación y dolor, mucho dolor, volvió el mismo ciclo y conocí a otra persona, ¿Dios mío, qué estaba tan mal conmigo?

Pero ahora pensando, creo que esta vez fue con una intención de buscar que todo terminara, porque… ¿De qué otra forma podría escapar?

Encontré a otra persona, creyendo que allí estaba la solución. Y nuevamente me descubrieron, y eso solo hizo que comenzara el final de todo.

Fuimos a dos sesiones de terapia de parejas, donde él solo buscaba que me culparan de todo, como la primera vez; pero nos responsabilizaron a los dos por igual y eso fue suficiente para hacerlo explotar.

Luego de la explosión, huí de mi casa, diciéndome a mí misma que lo hice por miedo, pero ahora que escribo sobre esto, entiendo que el día que huí fue el día que vencí mi miedo, ya no tuve más miedo a estar sola y me fui, corté con las ramas y me propuse desintoxicar de a poco mi vida.

Escribir esto para ustedes es el comienzo de mi recorrido de estar sola, es el comienzo de algo nuevo.

La violencia y agresión en las relaciones no vienen con golpes, ni empujones, algunas veces vienen de daños a tu raíz, a tu valor como mujer, a tu personalidad, a tus deseos y tus ganas, a tu salud mental y sobre todo, a tu amor propio.

Yo mientras estuve allí sentía que nadie me creería. Aún lo justifico en todo y solo pienso que simplemente no debe cambiar, sino que nosotros no funcionamos juntos; aún siento que todo fue por mi culpa y quizá me pasaron tantas cosas más, pero soy buena para bloquear lo que me hace mal, hasta el punto de que me cuestiono si realmente me pasó.

Estar conmigo misma ha sido el comienzo de un buen recorrido, siempre anduve colgando de rama en rama, esperando que allí estuviera mi tranquilidad.

Algunas veces creo que permití esto por mi forma de dejarme llevar, también puede ser porque antes, mucho antes, no me sentía lo suficientemente bonita, así que no era la más popular, la más atractiva, pasando inadvertida o no siendo tomada en serio; luego cuando fui creciendo, comencé a ser más vista, viendo que podía estar con cualquiera.

Pero el problema nunca fue cómo me percibían los demás, mi problema era como yo veía el mundo, como yo sentía la necesidad de estar con alguien o estar con cualquiera.

Mi necesidad por hacer sentir bien y complacer a todos los que me rodeaban, sin escucharme a mí misma y mis deseos, se había convertido en lo que por un momento definió mi futuro, afectando mis relaciones amorosas y, poco a poco, mis relaciones de amistad.

Hoy estoy en este proceso, compartiendo mi historia con ustedes. Estoy confundida, aún me cuesta reconocer y recordar cosas. Aunque alguna vez me empujó o me aruñó; aunque le gustaban los juegos de fuerza conmigo, no puedo decir ni puedo reconocer, si esto fue un verdadero maltrato. De lo que sí estoy segura, es de que he comenzado un camino sin él que espero que no tenga marcha atrás.

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