¿Por qué creemos que los hombres “no se pueden controlar”?

depredadores

La sexóloga y amiga de la casa, Ysabel Velásquez (@ysabelvel), reflexiona sobre cómo tendemos a justificar a los depredadores sexuales y nos dice cuáles son sus características más comunes y cómo los podemos identificar. Sigue leyendo.


La nueva ola de denuncias de casos de abuso sexual en Venezuela, demostró la cantidad de depredadores que hay entre nosotros, y como era de esperarse, generó opiniones que cuestionan a las víctimas por expresarse años después del abuso, así como también de su actuación al momento de ser violentadas.

Una vez más se culpa a las mujeres agredidas, y pareciera que no hemos aprendido nada desde que emergiera el movimiento #MeToo en 2017, por las denuncias contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein, entre otros.

Pareciera que el caso de Jeffrey Epstein es algo muy lejano a nuestra realidad, o peor, pareciera que el recuerdo de las atrocidades cometidas contra Linda Loaiza no fueran suficiente lección para recordar que los abusadores están entre nosotros.

La sociedad justifica a los depredadores, ¿por qué?

La ciencia nos dice que el varón tiene más testosterona y que gracias a esta hormona, su deseo sexual es mayor que el de las mujeres; pero ya va: el hombre cuenta con una corteza prefrontal (como todos los humanos) que le permite regular su conducta sexual. ¡Así que no excusa!

El sexo para el hombre no es una pulsión impostergable o una necesidad imperativa, pero por siglos, hemos creído que sí, y ahí hace su entrada triunfal el aspecto sociocultural heredado de la religión judeocristiana: Eva tentó a Adán, y por lo tanto la mujer es el objeto de deseo, es el estímulo que seduce porque así es su naturaleza, aún sin desearlo.

El hombre, por su parte, responde a ese estímulo automáticamente, entonces en esta narrativa pasa de ser el cazador a ser la víctima del influjo femenino.

Hemos crecido y vivido creyendo esto, es más que un condicionamiento, una programación instaurada en nuestros cerebros.

Por esto no se denuncia, ni se habla del abuso tanto como se debería, y se justifica el maltrato dentro de la pareja, que el hombre exija sexo y la mujer se lo dé por obligación, olvidándose de su placer.

Hay mujeres que viven fingiendo orgasmos y soportando abusos por mantener la fachada de un matrimonio funcional.

De nuevo la biología nos da la respuesta que debe guiarnos: la sexualidad humana no es puro instinto, es búsqueda del placer, y eso debe ser consensuado y equitativo, donde ambos den y reciban para quedar satisfechos, sin convertirlo en una lucha de poder.


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En toda dinámica de abuso sexual hay abuso de poder

Hay un sometimiento de la víctima a través de la manipulación, la coerción, el chantaje y tácticas psicológicas que deliberadamente dañan la autoestima de la persona. Este juego perverso alimenta el ego del victimario y compensa su complejo de inferioridad, lo que denota que claramente son individuos enfermos y que por ello lo hacen una y otra vez.

Es ahí donde los relatos de las víctimas de abuso sexual coinciden.

¿Qué enfermedad convierte a un hombre o a una mujer en un depredador o depredadora sexual?

Si bien cada caso es distinto, digamos que hay rasgos de personalidad que coinciden con el perfil de todos los abusadores, tales como:

El narcisismo, que los lleva a buscar únicamente su beneficio en todas sus interacciones sociales.

Propensión a las conductas adictivas, porque las estrategias que aplican para cazar una nueva víctima activan el centro de las recompensas en el cerebro, generando dopamina y fortaleciendo la conducta, como si se tratara de la adicción a cualquier sustancia.

La ubicación en una posición de poder donde pueda ejecutar esta danza perversa sin ser descubierto, y todavía mejor, si puede ser amparado por su posición y reputación. Algunos tienen también rasgos sádicos y psicopáticos.

Si bien se trata de hombres enfermos, no es una patología que obnubile el juicio o que permita, de nuevo, ampararse en un diagnóstico psicológico para dañar al otro. Ellos saben lo que hacen, saben que les gusta y lo siguen haciendo a consciencia sin importarles a quien puedan afectar.

La próxima vez que alguien intente justificar a un depredador, o revictimizar a una víctima, recuerda que tampoco es su culpa, porque ha crecido y vivido asumiendo como verdad un conjunto de creencias que nos han llevado hasta este punto.

Este es tiempo para despertar, para educar, parar y garantizar que el futuro sea distinto para las generaciones de mujeres que están por venir.

Foto de M. on Unsplash


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